Hasta el 15 de enero

Gigantes del cómic toman Barcelona en CaixaForum

  • Con más de 300 originales de imprescindibles de la viñeta como Hergé, Moebius, Quino o Eisner, la ambiciosa exposición recorre momentos clave de la historia del noveno arte

Jordi Otix

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Astérix y Obélix (y Idefix, claro), a tamaño natural, invitan al visitante a sentarse junto a ellos ante un gran mural colectivo con toooodos los personajes de la saga de irreductibles galos de René Goscinny y Albert Uderzo; una reproducción a gran escala del icónico edificio de ‘13, Rue del Percebe’, de Francisco Ibáñez, se eleva hasta el techo con todos sus inquilinos, de la portera al moroso de la azotea; Little Nemo otea desde una cama gigantesca el onírico universo que le inventó su creador, el pionero Windsor McCay, quien en los albores del siglo XIX se erigió en uno de los padres de la viñeta. Impactantes escenografías como estas, obra de Ignasi Cristià, visten la ambiciosa exposición ‘Cómic. Sueños e historia’, que ofrece CaixaForum Barcelona hasta el 15 de enero. 

Más de 350 piezas, de las que 300 de ellas son valiosos originales de grandes maestros de la historieta, la mayoría de la colección del galerista Bernard Mahé, también comisario de la muestra, que ha contado con el asesoramiento de Iván Pintor y Vicent Sanchis, permiten ver ejemplos del trabajo de maestros indiscutibles del noveno arte de Europea y América como Hergé, Moebius/Giraud, Will Eisner, Quino, Frank Miller, Alan Moore, Hugo Pratt, Robert Crumb, Chris Ware, Charles Burns, Jack Kirby... Pero también de indiscutibles del cómic español, como los que uno de sus abanderados, Paco Roca, homenajea en un diorama expresamente concebido para la ocasión por el autor de ‘Arrugas’, en el que desde su escritorio de dibujo mira a colegas que ya no están -Purita Campos, Miguel Gallardo y Escobar- y a otros que siguen dando guerra viñeta a viñeta -Max, Ana Miralles, Laura Pérez Vernetti, Ibáñez y Jan- y avisa desde el título: ‘Ni están todos los que son…’.   

 

Ilustración de 1985 de Jean Giraud / Moebius, que puede verse en la muestra de CaixaForum.

/ 9e Art Références

No faltan las nuevas generaciones, con una brillante representación de autoras, con nombres como María Medem, Aña Galvañ (que firma el cartel de la exposición), Marta Cartu, Ana Penyas o Marta Altieri, cuyo cómic digital ‘Joselito’ cierra, mirando al futuro, el círculo de un recorrido cronológico que se inicia en 1896. Es el año en que Richard Felton Outcault dibujó la página expuesta de ‘The Yellow Kid’, considerado el primer cómic moderno por utilizar por primera vez bocadillos de texto (ello, aunque de la narración secuencial existan antecedentes en las pinturas rupestres, el arte egipcio o el de la Edad Media). 

Los pioneros

Junto a una de las tiras más antiguas conservadas de ‘The Yellow Kid’ (que dio voz a la gente de la calle siendo símbolo del periodismo sensacionalista, de ahí el nombre de prensa amarilla) y de ‘Little Nemo en Slumberland’, hay ejemplos del popularísimo ‘Krazy Kat’ de George Herriman (del que eran fans desde Picasso a Joyce y Kerouac). Todas, series que se prodigaron en páginas dominicales y tiras diarias en la prensa de masas estadounidense desde principios del siglo XX, dirigida por grandes editores como Pulitzer y Hearst.    

Ilustración de 'The Yellow Kid', de Richard Felton Outcault, de 1896, publicada en 'New York Journal'.

9e Art Références

De los orígenes, la muestra salta a la conocida como edad de oro del cómic estadounidense, época marcada por el ‘crack’ de 1929 y la Segunda Guerra Mundial, con series como ‘Dick Tracy’, de Chester Gould, y el humor de personajes de Disney como Mickey Mouse o Pato Donald, con autores como Frank Gottfredson o Carl Barks, o el Popeye de Elzie Crisler Segar. Y el cómic de aventuras, como fórmula de evasión de la Gran Depresión: impagable un original de ‘Prince Valiant’, de 1937, que su autor, Hal Foster (dibujante también de ‘Tarzán’), dedica como regalo a otro grande, Alex Raymond, cuyas páginas de ‘Flash Gordon’ lucen en la pared cercana. 

Junto a ellos, planchas de ‘Betty Boop’, de Bud Counihan, o ‘Terry y los piratas’, crónicas bélicas que lograron la friolera de 200 millones de lectores, obra de Milton Caniff. Una de sus páginas de 1947 de ‘Steve Canyon’ sería analizada al milímetro por Umberto Eco en su ensayo ‘Apocalípticos e integrados’ (1964). Y cómo no: ‘The Spirit’ (1941), de Will Eisner, que acuñaría el término “novela gráfica”.      

Original de 'Tintín. Aterrizaje en la Luna', de Hergé, de 1954.

9e Art Références

Universo superheroico

Continúan el recorrido los superhéroes, con el ‘boom’ del formato de ‘comic book’ y su primogénito, Superman. En medio de la sala, una estructura iluminada de una gran ciudad, que bien podría ser Gotham, muestra la silueta masculina de espaldas. Al otro lado, esa misma figura viste capa y evoca a un enmascarado. ¿Batman? Que juzgue el visitante (la factoría DC, siempre vigilante de las reproducciones de sus personajes, no cede las imágenes así como así). Pero El caballero oscuro sí está en algunos originales de Neal Adams, flanqueado por los iconos de Marvel (que asoman juntos en un póster de John Buscema de 1998), entre ellos, el Capitán América, Los Vengadores, un Spiderman de John Romita u otro de Steve Ditko, Los Cuatro Fantásticos (Jack Kirby), ‘Watchmen’… 

La factoría Bruguera

Aquí la exposición salta a un espacio que intenta condensar el cómic en España. Ahí está el diorama de Paco Roca y el bloque de ‘13, Rue del Percebe’ sosteniendo en su reverso a la factoría Bruguera, con Vázquez, Ibáñez, ‘Pulgarcito’... En las paredes, la portada del Almanaque 1919 delTBO’, obra de Opisso, una página central de ‘La familia Ulises’, de Benejam, o ejemplos de ‘Florita’, de una de las dibujantes pioneras, Carme Barberà.  

Boceto para portada de 'Esther y su mundo', de Purita Campos (1983).

Archivo Paco Baena (Museu del Còmic de Sant Cugat)

Ejemplos de la propaganda franquista como ‘Flechas y Pelayos’, pero también ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El Capitán Trueno’, de Ambrós y Víctor Mora, castigados por la censura. En los 60, Carlos Giménez y sus magnas crónicas de posguerra y dictadura con ejemplos de ‘Todo 36-39. Malos tiempos’ o ‘Paracuellos’. Se suceden obras de Enric Sió, Esteban Maroto, Purita Campos y su ‘Esther y su mundo’, el ‘Torpedo’ de Jordi Bernet, o una portada para ‘El mercenario’, de Vicente Segrelles. Y la potencia del ‘underground’, con Max, Nazario, Montesol o Miguel Gallardo y Juanito Mediavilla con su ‘Makoki’. No faltan el Roco Vargas de Daniel Torres, ni el gato detective de Blacksad’, de Juanjo Guarnido, creado con Juan Díaz Canales.  

Original del álbum 'Las célticas', Corto Maltés, de Hugo Pratt (1980).

Galerie Champaka

Continúa el viaje por la potencia del cómic francobelga, que se vertebró en las revistas ‘Tintin’, ‘Le Journal de Spirou’ y ‘Pilote’, donde se popularizó Astérix, cuyos momentos clave de los irreductibles galos reflejan varias páginas. Entre varios originales de Hergé, uno de 1954 de Tintín de ‘Aterrizaje en la Luna’, que bien podría valer entre dos y tres millones de euros, apunta Sanchis, y un esbozo a lápiz de ‘Las joyas de la Castafiore’ junto al resultado ya entintado. Le siguen ejemplos del Spirou de André Franquin o dibujos de Jacques Tardi. Y de otro gigante: Jean Giraud, con su antihéroe del wéstern Blueberry, y su otra cara: Moebius, con una codiciada doble página de la batalla de Arzack en la zona dedicada a lo fantástico, donde también reinan Richard Corben o las hipnóticas arquitecturas de François Schuiten. 

La cantera italo-argentina

Otra sala destaca la floreciente cantera italo-argentina, con, por un lado, la huella del marino Corto Maltés de Hugo Pratt, el erotismo de Milo Manara o Guido Crepax y el compromiso de Vittorio Giardino y, por el otro, los claroscuros de Alberto Breccia o, por primera vez en España, tiras originales de la Mafalda de Quino. En una, certificando, cómo no, ya en los 60, que el mundo "es un desastre".   

Tira de Mafalda, de Quino.

Cierra el recorrido un espacio ecléctico que aglutina algunos creadores clave del último medio siglo. Junto a nombres del panorama nacional como Keko, Jaime Martín, Javier Olivares, Rubén Pellejero, Laura Pérez Vernetti, Santiago Sequeiros o Laura Pérez, trabajos de Art Spiegelman, Charles Burns, Daniel Clowes, Frank Miller (ejemplos de ‘300’ o ‘Sin City’), Charles M. Schulz y sus ‘Peanuts’, una tira de ‘Calvin&Hobbes’, de Bill Watterson, el ‘underground’ de Robert Crumb y Gilbert Shelton, o los revolucionarios Scott McCloud y Chris Ware.  

Cotizaciones al alza

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En conjunto, una abrumadora colección de originales que desde las paredes de un centro museístico apelan tanto al incondicional del cómic como al público en general y reivindican el valor de un arte visto durante años como popular, infantil, efímero y poco trascendente. Originales que, apunta el comisario y coleccionista Mahé, cada vez se cotizan más: "En los últimos años los precios se han multiplicado por cinco, sobre todo tras los estrenos en cines y plataformas, como se ha visto con ‘Sandman’. Antes los originales no los valoraban ni la mayoría de los autores, que solo veían importante ser leídos por millones de personas. Muchos fueron destruidos o quemados durante la guerra". Unos originales cuya exposición hoy debería instar a la búsqueda, lectura y disfrute de las obras a las que remiten.

En paralelo a la muestra, CaixaForum organiza el ciclo ‘La vida en viñetas’, coordinado por Mery Cuesta, charlas sobre los lazos con la música, el cine o la gastronomía.