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'Krazy Kat', el gato loco toma el Reina Sofía

El museo apuesta por el cómic con la mayor retrospectiva del pionero de la viñeta estadounidense George Herriman

Anna Abella

Viñeta de una página de Krazy Kat publicada el 28 de agosto de 1938, expuesta en el Reina Sofía.  / KING FEATURES SYNDICATE

Viñeta de una página de Krazy Kat publicada el 28 de agosto de 1938, expuesta en el Reina Sofía. 
Varias piezas de la exposición sobre Herriman y Krazy Kat en el Reina Sofía. 
La exposición sobre Herriman y Krazy Kat en el Reina Sofía. 
Página completa de periódico de Krazy Kat publicada el 28 de agosto de 1938 y expuesta ahora en el Reina Sofía.  
Óleo sobre lienzo de Krazy Kat, de 1937, expuesto en el Reina Sofía.
Sala de la exposición sobre Herriman y Krazy Kat en el Reina Sofía. 

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"El perro odia al ratón y venera al gato, el ratón desprecia al gato y odia al perro, el gato no odia a nadie y ama al ratón". Así sintetizaba el poeta estadounidense E.E. Cummings, fan incondicional de 'Krazy Kat', la inversión de papeles del trío protagonista de la longeva tira cómica, uno de sus rasgos distintivos que da para más de una sesión de psicoanálisis. Los personajes nacieron en 1910 de la genialidad de George Herriman y le acompañaron hasta su muerte, en 1944, cuando este referente y pionero del cómic estadounidense dejó inacabados en su mesa de trabajo seis dibujos. Piezas que ahora son propiedad de uno de sus múltiples e ilustres fans, el historietista Chris Ware, quien las ha prestado para la mayor retrospectiva que se le ha brindado nunca a Herriman, instalada hasta el 26 de febrero en el museo Reina Sofía de Madrid
 

Óleo sobre lienzo de 'Krazy Kat', de 1937 / KING FEATURES SYNDICATE

Con 160 piezas, entre originales y páginas de periódicos de la época, el 80% procedente de manos privadas, con 'Krazy Kat es Krazy Kat es Krazy Kat', el centro que dirige Manuel Borja-Villel quiere contribuir a "diluir esa barrera entre la alta y la baja cultura, en la que se ha dejado al cómic, siempre tratado como un subproducto artístico, asociado a lo cómico, a la cultura popular o al público infantil, hasta que empezó a recuperar prestigio con gente como Art Spiegelman ('Maus') y el concepto novela gráfica", enfatiza Rafael García, comisario de la exposición junto a Brian Walker (hijo del dibujante Mort Walker).  

Sala de la exposición con la proyección de 'L’il Ainhil' / JOAQUÍN CORTÉS / ROMÁN LORÉS 

'Krazy Kat' (que recopiló Planeta De Agostini) y sus múltiples interpretaciones protagonizan el grueso de la muestra, que también recorre las primeras creaciones de Herriman desde 1900 y las que compaginó mientras la publicaba (como 'Barón Bean', editada por Reino de Cordelia). Una es la ligada a esa inversión de roles entre los animales, surgida "de la necesidad de narrar que se es otro, que se es diferente", dice el comisario en alusión a que Herriman ocultó toda su vida que era una persona "de color", como se descubrió en los 70 en su partida de nacimiento. 

Un mulato que se hizo pasar por blanco

Nació en Nueva Orleans en 1880 en una familia criolla, culta y pequeñoburguesa que emigró a Los Ángeles por la presión segregacionista. Allí, Herriman, mulato de piel clara, se hizo pasar por blanco. "Si no, nunca se habría casado con una blanca ni logrado trabajar para los grandes periódicos de la época", afirma García. "Krazy Kat era un reflejo de sí mismo y de su biografía. En muchas tiras aparece el gato tocando el banjo de calabaza, instrumento típico de los esclavos de las plantaciones".      

Otro detalle, además de que el gato es negro, es que el propio Herriman lo calificó de "ser indefinido, como un elfo, sin género", algo que, explica el comisario, sumado a que estaba enamorado de un ratón (Ignatz), "hace 100 años era algo bastante subversivo que sugirió lecturas sobre la teoría 'queer' y llamó la atención de colectivos homosexuales". A ello se añadían los análisis freudianos por el hecho de que Krazy Kat malinterprete como signos de amor las agresiones de Ignatz, que no deja de lanzarle ladrillos a la cabeza. 

Valorado por la intelectualidad

Porque la serie, pese a su aparente sencillez, era compleja. Mezclaba distintos idiomas y argot (español, francés, inglés, yiddish, 'slang'...) e incluía referencias a la literatura clásica. "Eso era una barrera para el gran público y en realidad las tiras no eran muy populares. En cambio, la intelectualidad lo valoraba mucho. Y por eso, porque imprimía prestigio a sus periódicos, el empresario William Randolph Hearst, que fue como Pulitzer mecenas de muchos creadores, la siguió publicando hasta la muerte de Herriman".

Incondicionales de las tiras fueron cineastas como Frank Capra, el editor Stan Lee, Disney, escritores como P.G. Wodehouse, E. E. Cummings, T. S. Eliot, Jack Kerouac (que le llamó "progenitor" de la generación beat) y Gertrude Stein, que se hacía llegar las tiras por correo a París, donde las leía junto a Picasso. De hecho, el pintor malagueño las admiraba y su estructura formal se reconoce en 'Sueño y mentira de Franco', de 1937. 

Porque a la influencia de Herriman no fueron ajenos numerosos artistas como Willem de Kooning, David Wojnarowicz, Öyvind Fahlström o Miró y "'Krazy Kat' contiene elementos surrealistas mucho antes del Manifiesto de André Breton de 1924", señala el comisario. Para muestra, "la incongruencia de las acciones, el arte aborigen de los indios navajos, figuras antropomórficas y la ambientación en el condado de Coconino (Arizona) con paisajes desérticos y desolados típicos del Gran Cañón, que luego vemos en Giorgio de Chirico Dalí".

Próxima conferencia de Spiegelman

Sala de la exposición /JOAQUÍN CORTÉS / ROMÁN LORÉ

"En el Reina Sofía queremos mostrar los relatos de la historia del siglo XX y XXI y el cómic no podía quedar fuera de ello porque sus creadores están a la par que muchos artistas plásticos contemporáneos y ya era hora de valorarlos -concluye García-. Exponer a Herriman supone un cambio de mentalidad respecto al cómic, que en los últimos 15 años ha empezado a entrar en los museos". Y cita a Tintín en el Pompidou, a Moebius en la Fundación Cartier de París y a Robert Crumb y Nazario en el MoMa de Nueva York y en el propio Reina Sofía, donde, además, el 20 de diciembre Art Spiegelman dará una conferencia.  

Página a la hija fallecida 

Chris Ware, que firma uno de los textos del catálogo de la muestra, de Herriman le cautivó su visión personal y poética del mundo. Un mundo de aventuras y desventuras en el que se colaba a menudo la actualidad: en una tira de 1920, el gato loco ya levantaba una pancarta por el sufragio femenino, semanas antes de que se aprobara en Estados Unidos. Y también lo personal: ocho años después de la muerte en 1931 de la mujer de Herriman en accidente una enfermedad se llevaba a su hija menor y él le dedicaba una impagable y delicada página a color en la que una estrella, metáfora de la pequeña, cae del cielo a las manos de Krazy Kat. Él la hace volar de nuevo en una funda de almohada y se pone a dormir. A su lado, el ratón y el perro ven caer la funda con una nota que dice: "He vuelto a casa y soy muy feliz. Gracias. (firmado) Centellita". 

Evolución de una serie

Aunque 'Krazy Kat' apareció como tira oficialmente  en 1913 en el 'New York Evening Journal', propiedad de Hearst, un gato negro y un ratón blanco ya aparecieron desde 1910 en una secuencia bajo la tira de 'La familia Dingbat', hasta que un día esta se fue de vacaciones un par de semanas y se ganaron el honor de protagonizar una tira independiente. Primero fueron diarias y en 1915 empezaron a aparecer a toda página los fines de semana. A partir de 1935 Herriman les dio color, con el que logró audaces trazados abstractos que recuerdan las mantas de los indios navajos. De la serie se han realizado numerosas películas animadas. pero solo una, 'L’il Ainhil', de 1936, con el estilo de Herriman. Es la que cierra la retrospectiva.  

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