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EL PREMIADO creador DE 'jimmy corrigan' regresa con sus personajes frustrados

El revolucionario Chris Ware ataca de nuevo

El innovador dibujante renueva el cómic con la obra 'Fabricar historias'

ANNA ABELLA / Barcelona

Arriba, todos los tebeos, de distintos formatos, con los que Chris Ware construye Fabricar historias. En la silueta, la caja, y abajo, una página.

Arriba, todos los tebeos, de distintos formatos, con los que Chris Ware construye Fabricar historias. En la silueta, la caja, y abajo, una página.
Arriba, todos los tebeos, de distintos formatos, con los que Chris Ware construye Fabricar historias. En la silueta, la caja, y abajo, una página.

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Penetrar en el nuevo y esperado trabajo de Chris Ware (Omaha, Estados Unidos, 1967) significa sentirse algo voyeur, a lo James Stewart en La ventana indiscreta de Hitchcock, pero sin crímenes. Lo que el ojo del lector contempla en Fabricar historias (Reservoir Books), hábil y magistralmente diseccionado por el autor, es la desnudez de unas almas anodinas, la vida interior y la intimidad de unos personajes desengañados y frustados, perdedores, solitarios, con sentimientos de fracaso, con problemas para dar sentido a sus vidas, que se les escurren entre los pliegues del tiempo, en la línea de su celebrada Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo (donde volcó el trauma que le causó el abandono de su padre siendo niño y al que conoció de adulto). Pero a pesar de esa desesperanza, el espectador no puede dejar de mirar, y leer, este inclasificable cómic-objeto, toda una experiencia de lectura, con el que Ware desafía las convenciones del medio.

Pero el artista, innovador y obsesivo con su trabajo (que controla al milímetro), no se contenta con dejar que uno espíe las vidas de una mujer sin nombre (y, desde niña, sin pierna, a la que observamos depilarse el muñón, usar la muleta para bloquear un escape de la cisterna del váter o sufrir un desengaño amoroso), de un matrimonio que no se soporta, de la casera de ambos, una anciana que les alquila los dos pisos superiores de su edificio de tres plantas sin ascensor de Chicago y que siente que ha malgastado su existencia cuidando a su madre enferma y hasta de una pareja de abejas. Ware, que ha invertido una década en Fabricar historias, reinventa la forma de acercarse al cómic y, de entrada, presenta una caja, como si de un juego de mesa se tratara.

En su interior, 14 tebeos (por definirlos de algún modo), cada uno de formatos y tamaños distintos, -un tablero de juego, tiras, folletos, periódicos tabloide, dos libros en tapa dura, desplegables, póster...-, todos con historias sobre los mismos personajes, que pueden leerse aleatoriamente sin afectar al conjunto.

Fabricar historias, obra ganadora, entre otros premios, de cuatro Eisner en el 2013, es un artilugio comiquero imposible de saborear en digital y que no deja de ser un alegato a favor del papel, las artes gráficas, el libro objeto y la prensa, un mundo que Ware conoce bien gracias a su abuelo, que fue periodista deportivo y redactor jefe del diario Omaha World-Herald, donde su madre también era redactora. «Esa reivindicación es un homenaje al libro, quiere demostrar que no está obsoleto y lo demuestra con la forma en lugar de con la historia. Ha hecho un trabajo de arquitectura, un tema que le interesa mucho, pensando en el formato para que el contenido esté más a gusto. La caja es una casa en la que están los personajes y el edificio es un personaje más», comenta Mónica Carmona, editora de Reservoir Books, para quien la diversidad de tamaños y formatos ha supuesto un «auténtico desafío técnico» con «muchas dificultades de producción».

RETO TÉCNICO / «Es un trabajo muy artesanal. Ha supuesto todo un reto reproducir por medio de máquinas el proceso manual de la edición americana, que se hizo en Asia, y que no se notara la diferencia. Por contrato te comprometes a que la edición sea idéntica o muy similar a la original, pero a veces hay materiales que aquí no existen. La obra contiene papeles de gramajes diferentes y eso afecta a cómo se dobla luego cada pieza dentro de la caja. Hubo un papel que tras muchas pruebas tuvimos que inventarlo y el libro del lomo dorado fue el más complicado porque estaba hecho a mano y en la máquina se despegaba. Tras probar diez veces logramos un efecto que reproducía ese acabado. El jefe de producción, Ángel Pérez, ha tenido mucho trabajo...», reconoce Carmona, que suma la rotulación a las dificultades.

La editora ha enviado todas las pruebas al «profesional, detallista y perfeccionista» Ware, teniendo el privilegio de mantener con el autor de Cátalogo de Novedades Acme un «trato directo y exquisito», ya que es un artista poco dado a dar entrevistas y aparecer en los medios, muy solitario y que apenas sale de casa, centrado y dedicado ahora obsesivamente en un nuevo y largo proyecto. «Solo nos cambió la portada de la caja porque nuestra propuesta no acababa de funcionar, así que él mismo se ofreció a rediseñarla y adaptarla a nuestro título en castellano para no perder los juegos con las imágenes».

Lector infantil de Snoopy y Carlitos, las tiras de Charles Schulz que publicaba el diario de su abuelo y que este le llevaba a casa, de adolescente Ware también flirteó con los superhéroes antes de entrar en contacto con la cultura hippie, la marihuana y el cómic underground abanderado por Robert Crumb. Pero las raíces de su obra, y Fabricar historias lo muestra, hay que buscarlas en las tiras de clásicos estadounidenses de principios del siglo XX como Little Nemo in Slumberland, de Winsor McCay, y Krazy Kat, de George Herriman.

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