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LUTO EN LA HISTORIETA

El adiós de Víctor Mora deja huérfano al Capitán Trueno

El escritor y guionista barcelonés, creador del célebre héroe medieval, fallece a los 85 años

Rafael Tapounet

Víctor Mora con un ejemplar de El Capitán Trueno, en su casa en el 2012.

Víctor Mora con un ejemplar de El Capitán Trueno, en su casa en el 2012. / JULIÓ CARBÓ

Con la discreción que siempre le caracterizó, Víctor Mora (Barcelona, 1931) se marchó en el sigilo de mediados de agosto tras dos largas décadas de dolencias que el escritor, traductor y guionista catalán supo aguantar con una entereza admirable (como un jabato, por utilizar una expresión que le era sin duda cercana). Mora deja una obra narrativa muy estimable pero no siempre bien conocida, porque la titánica figura de su creación más popular, el Capitán Trueno, proyectó, como no podía ser de otra manera, una sombra imponente sobre todos los trabajos que acometió en su carrera.

Nacido en el año de la proclamación de la Segunda República, Víctor Mora Pujadas padeció un destino paralelo al de ese infortunado proyecto político al que siempre se sintió vinculado. Tras la guerra, la familia emprendió el camino del exilio, pero su padre murió a los 42 años en un campo de concentración francés. Ello precipitó el regreso a España ("mi madre y yo sufrimos mucho y ya de niño empecé a odiar el fascismo", confesaba hace tres años en una entrevista que le hizo Anna Abella para este diario) y forzó el precoz ingreso del joven Víctor en el mundo laboral, en el que desempeñó diversos oficios hasta que en 1948 aterrizó en la editorial Bruguera. Allí dio sus primeros pasos en el mundo de la historieta.

JUSTICIA Y LIBERTAD

En Bruguera asumió los guiones de diversas series, como 'Doctor Niebla', 'Capitán Kerr' (que él mismo dibujaba) o 'Al Dany', pero su gran hora llegó cuando, en 1956, la editorial le encargó que creara un nuevo personaje para intentar revalidar el éxito que había obtenido el folletín 'El cachorro', de Juan García Iranzo. Influido por las historias de 'El príncipe valiente', de Harold Foster, que había descubierto en el exilio francés, Mora alumbró un héroe medieval que, en la época de la tercera cruzada, recorre el mundo en busca de causas que le permitan poner su espada al servicio de la justicia y la libertad de los oprimidos: El Capitán Trueno.

Aprendió de niño a odiar el fascismo tras sufrir el exilio y perder a su padre en un campo de concentración francés

Fue el propio Mora quien propuso como dibujante al valenciano Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambrós, cuyo trazo fresco y dinámico le había causado una grata impresión. Bruguera dio el sí y la serie se convirtió en un fenómeno de dimensiones colosales (llegó a una tirada semanal de 350.000 ejemplares), pese a las objeciones que la censura franquista puso a la cohabitación extramatrimonial del capitán con la reina Sigrid (cuando en 1982 consiguieron dormir en la misma habitación, hasta el TeleDiario dio cuenta de la noticia) y al modelo de monarquía parlamentaria que el guionista esbozó para el Reino de Thule, entre otros elementos.

Sin embargo, el hecho de que el Trueno fuera un cruzado español que se encomendaba al apóstol Santiago cada vez que lanzaba sus ataques pareció complacer de tal modo a los censores que estos decidieron pasar por alto su paradójico antimilitarismo, su falta de prejuicios y su obvia inclinación por los débiles y los desposeídos.

PRISIÓN Y EXILIO

Que Mora firmara sus guiones con seudónimo también contribuyó a la indulgencia del régimen. El mismo año del nacimiento del Capitán Trueno, el escritor, militante del PSUC, y su compañera sentimental de toda una vida, Armonía Rodríguez, secretaria de redacción de Bruguera, fueron detenidos y pasaron una breve temporada en prisión bajo la acusación de "masonería y comunismo". Entre 1963 y 1968 vivieron exiliados en Francia.

A rebufo del éxito del Trueno, Mora repitió la fórmula con personajes como El Jabato, El Cosaco Verde y El Corsario de Hierro, pero también se aventuró en otros mundos, como la serie de ciencia ficción 'Dani Futuro', dibujada por Carlos Giménez. Paralelamente desarrolló una carrera como novelista, con títulos como 'Els plàtans de Barcelona' (1966), 'El cafè dels homes tristos' (1966, Premi Víctor Català), 'La pluja morta' (1966), 'París Flash-back' (1978) y 'El tramvia blau' (1984), entre otros.

En 1997, un año después de sufrir un derrame cerebral, fue distinguido con la Creu de Sant Jordi. Sus problemas de salud se agravaron cuando, poco después, tuvo que ser intervenido por un cáncer de vejiga. Lejos de rendirse, Mora se rehízo y llegó a soplar las velas del 60 aniversario de ese héroe justiciero que le ha garantizado la inmortalidad.      

Temas: Víctor Mora

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