RECUERDOS DEL CREADOR DE ANARCOMA

Nazario y la Barcelona de juergas, sexo y drogas

El mítico dibujante 'underground' evoca en sus memorias la libertaria y libertina ciudad de los 70 que disfrutó junto a Ocaña

Nazario, este viernes en Barcelona, antes de presentar sus memorias, ’La vida cotidiana del dibujante underground’.  / JORDI COTRINA

Nazario, este viernes en Barcelona, antes de presentar sus memorias, ’La vida cotidiana del dibujante underground’. 
Fotografía de Nazario, en una de las imágenes que el dibujante reúne en su libro de memorias.
Ocaña, Camilo, Nazario y Maite (de izquierda a derecha), en la primera manifestacion gay en Barcelona, en 1977, en una fotografía del libro de memorias de Nazario.
Nazario y su desaparecida pareja, Alejandro, en el balcón de su casa en Barcelona, en una imagen del libro de memorias del dibujante.
Fotografía del libro de memorias de Nazario en la que se ve el estudio del piso de la calle Comerç, en 1973, en la que aparecen Mariscal, Rosa Ricart, Miguel Farriol, Pepichek, Nazario y el primo de Montesol.  

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“Soy un superviviente. Fue andar por un campo minado y si tienes suerte sigues adelante. El sida, suicidios, sobredosis, cáncer... muchos amigos se han quedado con 40, 50 años. Y yo estoy encantado y contento de haber llegado a mis 72 y con mis novios”, afirma este viernes un vital Nazario, recordando aquella Barcelona de los 70libertaria y libertinacanalla y contracultural, la que disfrutó entre juergas y desenfrenos de sexo, drogas, alcohol y travestismo junto a su malogrado amigo Ocaña; la que, Ramblas allá, de la calle Hospital al Paral·lel, con “callejuelas y bares una sordidez espesa y turbulenta", tenía un “tufo a puterío, enemas, macarras, delincuentes, marineros, travestis, maricones genetianos y absenta”. Es la ciudad que evoca en su primer libro de memorias, ‘La vida cotidiana del dibujante underground’ (Anagrama). 

Una Barcelona cosmopolita, a la que Nazario, nacido en el pueblecito sevillano de Castilleja del Campo, llegó en tren, con su carpeta de dibujos bajo el brazo y su guitarra (“se la vendí a Sisa y no la he vuelto a tocar”), buscando vivir su homosexualidad sin trabas ni complejos y editoriales donde publicar sus cómics, explícitos sexualmente y ostentosamente gays. Siempre provocador, transgresor y subversivo, creó a Anarcoma, su célebre detective transexual, y obras como el tebeo clandestino ‘La Piraña Divina’, ‘San Reprimonio’ y ‘Alí Babá y los 40 maricones’. Fue la época del grupo del pionero fancín ‘underground’ ‘El Rrollo enmascarado’, de la comuna de la calle Comerç con colegas y amigos artistas como Mariscal, Miquel Barceló, Montesol, Pepichek, Onliyú y Ocaña, de Canet Rock, los inicios de ‘El Víbora’...

"EL TURISMO DA ASCO"

Aquel “jolgorio”, lamenta “sin nostalgia”, desapareció “con los Juegos Olímpicos, el ‘Barcelona posa’t guapa’ y el ‘mobbing’, el sida, la represión policial y las redadas en los bares con la excusa de las drogas. La gente tenía miedo. Con Ocaña muerto [su traje de carnaval con bengalas ardió con él en 1983] dejamos de ir al Café de la Ópera y abandonamos las movidas y espectáculos en las Ramblas”. Y el turismo, añade, fue “el rodillo definitivo”. “El turismo da asco, aquí y en el centro de Sevilla y de cualquier ciudad. Es como el caballo de Atila, arrasa, devasta y contamina”.

DETENIDOS POR "MARICONEAR"

Recuerda Nazario cómo la policía le detuvo en 1978 junto a Ocaña -“era un animal teatral por encima de su valor como pintor”- por “cantar y mariconear” en el Café de la Ópera. “Lo que fue insólito es que intelectuales, travestis y homosexuales protestaron tirando sillas contra la policía y luego ante el cuartelillo gritando '¡Libertad Ocaña y Nazario!' y con pintadas. Nunca había pasado, como las primeras 'manis' de maricones en las Ramblas”. Estuvieron tres días en la cárcel, que compartieron con Els Joglars; su ficha policial, vestido con una traje de Salomé, la recuperó años después cuando fue a pedirla a la comisaría de Via Laietana. “La de Ocaña dijeron que la habían destruido. Qué casualidad”.     

No se codeó con la intelectualidad de la Gauche Divine, que habitaba en la parte alta de la ciudad. “No estuve en Bocaccio y del de Madrid me echaron, ni conocí a Gil de Biedma, solo de refilón a Colita Terenci [Moix], aunque podíamos haber conectado por edad, yo tenía 30 años, y por mentalidad, yo era progre y de izquierdas y una rata de filmoteca y biblioteca”. 

"NO VOLVERÉ A DIBUJAR"

Es “radical”, asume. “Cuando dejo algo no vuelvo a ello”. Así pasó con la guitarra, la pintura ("cuando con la crisis cerraron las galerías donde exponía") y el cómic. “No me apetece volver a dibujar”, señala, aunque tras el verano publicará en Laertes el texto del guion abocetado de la tercera parte de Anarcoma de la época de ‘El Víbora’. En ella, revela, “un asesino mata travestis con pollas grandes y luego se las corta y colecciona. Hay un robot supermacho, XM2, que se amaricona y va a operarse a Casablanca”.

EL SEXO

“La única droga que no pienso abandonar es el sexo”, avisa tras desnudar también sus ya olvidadas debilidades, el alcohol y las drogas. No faltan las anécdotas: cómo Barceló se ligó a la novia de su amigo Mariscal; de cómo Alejandro, su pareja liberalísima durante 35 años, fallecido de cáncer y al que le dedica todo un capítulo y el libro, se acostó con Almodóvar; o cómo Lou Reed usó un dibujo suyo para la portada de ‘Take no prisoners’.  

Ahora, además de la fotografía, prepara una exposición en Córdoba (“en los 80 hice una que fue un escándalo, tengo curiosidad por ver qué pasa ahora”) y le gustaría hallar la complicidad del Ayuntamiento de Ada Colau para una muestra sobre la Barcelona de los 70 y otra sobre la Plaza Real. 

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LO QUE AÚN NO HA CONTADO

Le queda mucha memoria por contar. “Tengo aún un mamotreto de más de mil páginas en Word”, avisa, que el editor Jorge Herralde no descarta publicar. Para ellas quedan sus historias de sus salidas del armario, las visitas a Torremolinos buscando marineros extranjeros, del novio alemán que tenía en la mili (“me devolvía en taxi al cuartel y me morreaba como despedida a la vista de todos”) o del novio guardia civil, su infancia en los salesianos con una madre religiosa (“me inculcó el complejo de culpa por ser homosexual y andaba todo el tiempo confesándome y arrepintiéndome”, o de su ‘tito’ Bernardino, fusilado por socialista, o su tía “puta y/o alcohólica”. Pero eso será en otro libro.   

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