Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Trabajo de Joan Rubió Bellver

Barcelona ofrece para la Agencia Estatal de Salud Pública una perla arquitectónica apenas gozada en la ciudad

La antigua residencia estudiantil Ramon Llull del recinto de la Escola Industria es uno de los tesoros desconocidos de la capital

Barcelona presenta candidatura para acoger la Agencia Estatal de Salud Pública en un edificio modernista del Eixample

Capilla oculta de la residencia Ramon Llull, dentro la Escola Industrial de la UPC

Capilla oculta de la residencia Ramon Llull, dentro la Escola Industrial de la UPC / MANU MITRU

Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La antigua residencia estudiantil Ramon Llull del recinto de la Escola Industrial, potencial futura sede de la Agencia Estatal de Salud Pública, es uno de los tesoros arquitectónicos más desconocidos de la ciudad. Raramente visitable desde que perdió esa función de alojar alumnos, pocas de las personas que pasean frente a su fachada principal saben qué esconde en su última planta, una capilla de formas, colores y texturas que jamás deja indiferente, casi gaudiniana o jujoliana. Es un trabajo de Joan Rubió Bellver (1870-1952), que en su día aceptó el encargo de reformar esa pieza de lo que originalmente fue la fábrica textil de la familia Batlló en la Esquerra de l’Eixample y, después, una escuela de agricultura.

LA ANTIGUA RESIDENCIA ESTUDIANTIL RAMON LLUL

Es una rareza. El antiguo lugar de culto, hoy desacralizado, no ocupa la planta baja, como quizá sería lo más previsible, sino que está en la última planta, justo encima de la zona que durante años fueron las habitaciones de las estudiantes. Los chicos estaban un piso más abajo. Los recuerdos de quienes allí se alojaron en su etapa formativa, a poco que se tira del hilo de las historias personales, suelen ser felices. Las habitaciones no eran muy grandes. Los pasillos, sí. Y en caso de requerir una penitencia por lo que pudiera suceder durante la etapa adolescente, siempre se podía subir a la capilla, no sin antes pasar por delante de otra de las rarezas del interior de aquella finca.

Balmes, Llull y Monturiol, el 'santoral' que saluda camino de la capilla.

Balmes, Llull y Monturiol, el 'santoral' que saluda camino de la capilla. / MANU MITRU

En un rellano de las escaleras, antes de encarar los últimos peldaños, unas vidrieras de grandes dimensiones iluminan el camino. Si no se presta atención, podría parecer que se trata de tres santos, no en vano lo que viene a continuación es la capilla. Pues no. Las imágenes de los cristales son representaciones de Jaume Balmes, Ramon Llull y Narcís Monturiol. Que el padre del ‘Ictíneo’ sea tratado casi como un santo tiene toda su lógica en un lugar como la Escola Industrial, que en tiempos de la Mancomunitat de Catalunya pasó de ser una fábrica textil a un centro de formación profesional sin igual.

Una Conselleria de Agricultura frustrada por la dictadura

Rubió Bellver no participó en esa metamorfosis inicial. Desembarcó en la Escola Industrial en 1925. Entonces acometió la transformación de la Escola de Agricultura en una residencia estudiantil. Lo que tenía entre manos era un edificio que, además, estaba llamado a ser la entrada de la futura Conselleria de Agricultura catalana, de ahí la nobleza de su escalinata principal y la anchura de los pasillos, pero con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera ese plan se truncó y Rubió Bellver recibió el encargo de simplemente reformar el edificio para que alojara alumnos.

Los pasillos de la residencia de estudiantes, hoy vacíos, y dicen que antaño testigos de no pocas correrías.

Los pasillos de la residencia de estudiantes, hoy vacíos, y dicen que antaño testigos de no pocas correrías. / MANU MITRU

Barcelona está salpicada de obras de aquel arquitecto que transitó del modernismo al 'noucentisme' y, también, a estilos inclasificables. Fue ayudante de Gaudí, por ejemplo, en la Casa Calvet, la Sagrada Família y el Park Güell, pero entre las obras que llevan exclusivamente su firma destaca, por ejemplo, la Casa Golferichs y, como muy singular, la Casa Pomar, del número 86 de la calle de Girona. Sin embargo, por lo que siempre se le recuerda es por ser el autor del falso puente gótico de la calle del Bisbe, una foto siempre buscada por los turistas, ignorantes de que no tiene ni 100 años de antigüedad. Los cumplirá en 2028.

Entonces, aunque el calendario es muy justo, tal vez la capilla de la residencia Ramon Llull ya forme parte de la Agencia Estatal de Salud Pública. Su destino, en principio, iba a ser otro. La Diputación de Barcelona había previsto reformar el edificio para que continuara siendo una residencia, pero de investigadores, con las comodidades más propias del siglo XXI, y en ese plan la capilla sería un espacio polivalente, para conferencias o como lugar de estudio. Desde luego, un marco incomparable. Si al final la agencia termina en otra de las ciudades candidata, se retomará el plan inicialmente previsto.

Suscríbete para seguir leyendo