Un plan discutido
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La baronesa Thyssen, abierta a cambios para que su museo en Barcelona pueda "amoldarse a la ciudad" y abrir "cuanto antes" en 2028

La versión corregida del proyecto, con la volumetría añadida fuera de la línea de la fachada. / OUA / Casper Mueller Kneer Architects
El futuro del Palau Marcet (cine Comedia, para varias generaciones, Museu Carmen Thyssen Barcelona, según desea el grupo inversor Stoneweg) vuelve a estar en el tejado del Ayuntamiento de Barcelona después de que el estudio arquitectónico OUA haya reformulado el primer esbozo que presentó en su día del proyecto, en el que exprimía la edificabilidad permitida por el Plan General Metropolitano (PGM) en esa esquina de la ciudad. En aquella primera aproximación, la construcción de los 9.700 metros cuadros de techo permitidos por las normas urbanísticas se alcanzaban a partir de prolongar en altura las dos fachadas laterales de la finca, lo que comportaría un radical cambio de paisaje en uno de los puntos más transitados de la ciudad, Gran Via con paseo de Gràcia Tras la polémica que desencadenó aquella simulación por ordenador, el despacho barcelonés OUA y el londinense Casper Mueller Kneer Architects han remitido este febrero al gobierno municipal una versión menos, por decirlo de algún modo, apabullante.
En el nuevo ‘render’, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, se aprecia una reducción de los metros cuadrados ganados en altura. El bloque arquitectónico de lo que fue el Palau Marcet tras su conversión en teatro en 1941 queda en esta segunda versión en un primer término, con las cornisas limpias de añadidos. Lo que Stoneweg plantea ahora al ayuntamiento es que las plantas que desea añadir a la finca queden sobre la fachada interior y que la piel de esa nueva construcción, por su color y textura, sea más liviana. Las paredes medianeras de las dos fincas adyacentes quedarían bien cubiertas y los comercios que ahora hay a pie de calle darían paso a una planta baja accesible y permeable visualmente.
¿Son suficientes los cambios? La respuesta del gobierno municipal no es, por el momento, ni un 'sí' ni un 'no'. Que la tramitación del proyecto avance dependerá, según un portavoz municipal, del análisis de las alegaciones presentadas, del trabajo conjunto de OUA y los responsables del área de Urbanismo del ayuntamiento para la "evolución" del proyecto arquitectónico y, también, de una mayor concreción del proyecto museístico detrás de esta iniciativa privada. No hay calendario para el vistobueno municipal definitivo, que exige los votos de la oposición para lograr mayoría: “Cuando se garantice que se trata de la mejor propuesta posible para este emplazamiento, se llevará al pleno para su aprobación”, avanzan fuentes oficials del consistorio.

La versión inicial del proyecto, que encendió las alarmas vecinales y del COAC. / OUA
Los planes de Stoneweg toparon primero con una feroz oposición por parte de la Associació de Veïnes i Veïns de la Dreta de l’Eixample, enojada, primero, por el hecho de que el Ayuntamiento de Barcelona ni siquiera hubiera sopesado la opción de ejecutar la potestad del tanteo y retracto para comprar la finca y pilotar así después las condiciones de cualquier operador que quisiera gestionar ese espacio. Pero las críticas fueron también por otras varias cuestiones, entre ellas la indefinición sobre qué fondos pretende llevar la baronesa Thyssen a ese museo. El plan anunciado es que sea un espacio consagrado a pintura, sobre todo, modernista y ‘noucentista’, una etapa cubierta en la ciudad por el MNAC. También ha causado estupor en la asociación de vecinos la ausencia de la Generalitat en todo este debate.
Pero la puntilla vino después, a finales de noviembre, cuando el Col·legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya (COAC) trasladó por carta su resquemor al alcalde Jaume Collboni por el modo en que el ayuntamiento estaba encarando este proyecto. Entre otros argumentos que el COAC puso sobre la mesa estaba la (quizá) necesidad de que al tratarse de una esquina tan icónica se convocara un concurso internacional de ideas. La carta fue recibida con gran enojo en los despachos municipales. El hecho de que Barcelona detente este 2026 el título a Capital Mundial de la Arquitectura es un telón de fondo que obliga al gobierno municipal a medir con cautela cada paso que da en esa esquina de Gran Via con paseo de Gràcia.
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