Girona, 73
La Papereria Canut cumple como poco 100 años en una insólita esquina de tiendas centenarias
Eixample, más de 16.000 tiendas y ya solo quedan 71 emblemáticas
Seis hoteles entran en el santoral de las tiendas emblema de Barcelona
Una oración por el alma comercial de Barcelona

Papereria Canut, con todos los respetos, una muy vieja conocida en el barrio. / ZOWY VOETEN

Frente el número 73 de la calle de Girona hay una fuente de agua potable Barcino que (no se ha planteado esta teoría hasta la fecha, todo hay que decirlo) quizá tenga propiedades milagrosas. Está en la esquina con Consell de Cent y a su alrededor sobreviven en perfecto estado de salud varias tiendas centenarias, o sea, una especie comercial en peligro de extinción de un tiempo a esta parte. Sobre algunas de ellas se ha escrito mucho y muy bien, pero poco, en cambio, se ha celebrado la trayectoria de la Papereria Canut, que en la más modesta de las hipótesis cumple 100 años este 2026, aunque, probablemente sea más anciana, con raíces en 1916.
Del Forn Sarret, justo al lado de la papelería, dan fe de su existencia anuncios en la prensa como mínimo desde 1882, vamos, el año en que comenzaron, aún sin Antoni Gaudí, las obras de la Sagrada Família.

El horno giratorio de piedra del Forn Sarret, la cara menos vista de esta panadería histórica / ESTEVE VILARRÚBIES
El parto del Café del Centre, un par de puertas más abajo, se supone que fue en 1907, aunque la historia oral del barrio sostiene que ya era un casino social en 1873, el año de la Primera República. Y qué decir de la resiliente Granja Vendrell, que levantó por primera vez la persiana en 1921, un año en que Barcelona era el Chicago de Europa, y sorprendió a los vecinos con una nata sin igual, o de la Confiteria Reñé, en la otra fachada de la misma manzana, con una carpintería fechada en 1910 y que actualmente es la entrada de un restaurante.

La Granja Vendrell, antes de su respetuosa última reforma / ESTEVE VILARRÚBIES
El Betlem, al otro lado de la acera de la supuestamente prodigiosa fuente, está catalogada patrimonialmente la arquitectura del antiguo Colmado Betlem, hoy restaurante, una joya que presume de haber sido fundada en 1892, el año de un bastante olvidado brutal atentado en la plaza Reial de Barcelona. Y justo al lado cerró recientemente sus puertas, aunque con propósito de reabrir, el bar Funicular, de edad incierta, pero que sus camareros sostenían que debía su nombre al hecho de que en el año del catapum desde la barra ser veía el funicular del Tibidabo porque ningún edificio tapaba entonces las vistas.

El Colmado Betlem, renacido como restaurante, con la fecha de 1892 en el toldo. / ESTEVE VILARRÚBIES
Todos esos establecimientos a menudo llamados emblemáticos han sido retratados a lo largo de los años por Esteve Vilarrúbies, una suerte de oenegé con cámara que se ha dedicado profesionalmente a salvaguardar la memoria colectiva de Barcelona. Ha llevado a imprenta varios libros sobre esa temática, prologados, cómo no, por Lluís Permanyer, pero admite Vilarrúbies que, hasta ahora, en lo que es una tacha en su expediente, se le ha pasado por alto la Papereria Canut. Asegura que próximamente irá a visitar a Mercè Canut, la actual dueña del negocio, una cara inevitablemente reconocible por las familias que a lo largo de las décadas han escolarizado a sus hijos en el barrio y, también, por las decenas de empresas y negocios de la zona, que, por ejemplo, le han encargado cientos de veces los sellos de goma y la tinta con los que validar las facturas.

El calendario de 1926, cuando la papelería, con Josep Canut al frente, era conocida como Bazar de los Estudios. / ZOWY VOETEN
Una papelería singular
En la trastienda, Mercè atesora un calendario de 1926, centenario, pues, con el nombre comercial que entonces tenía el establecimiento, Bazar de los Estudios. Entonces estaba tras el mostrador Josep Canut, su abuelo, que vivía justo encima del negocio, quien en alguna ocasión había contado que la papelería la fundó 10 años antes, en 1916, cuando Barcelona era una ciudad neutral en la Gran Guerra, pero dividida en las tertulias, a veces muy encendidas, entre aliadófilos y germanófilos.
La biografía de la tienda tiene, claro, sus episodios reseñables. Entre ellos destaca uno que tal vez sea único en Barcelona. En los años 70, Mercè no tenía intención de que la papelería fuera el trasunto de una saga familiar. Había encaminado sus pasos profesionales como economista y, por una serie de circunstancias familiares que no vienen al caso, el negocio fue traspasado a una empresa. Durante unos 10 años, el establecimiento cojeó. Iba a cerrar y, lo nunca visto en Barcelona en circunstancias parecidas, los Canut regresaron. Mercè dejó su empleo y se puso al frente de la papelería. Hasta hoy.

Mercè Canut, tras uno de los dos mostradores de la tienda. / ZOWY VOETEN
Fue una feliz idea, no solo para esos padres y madres que, desesperados, descubren que sus hijos esperan al último minuto para recordar que necesitan tal o cual libro de texto o material escolar, sino porque, como las papelerías de antaño, tiene en su genética algo de librería.
Así es. En los escaparates, frente a la fuente, nunca falta una selección de novedades editoriales, con el detalle de que Mercè siempre guarda un espacio preferente para los escritores que viven en el barrio, como Enric Calpena, Jordi Cruanyes, Mercè Mascaró y, estos días, Àlex Aguilar, biólogo de la Universitat de Barcelona que acaba de publicar algo inédito, una fascinante ruta en busca de los vestigios de la caza de ballenas en la costa cantábrica peninsular. Como libro se merece un 10, pero lo que sobre todo le hace gracia a Mercè es que el autor lo ha trabajado mano a mano con su hijo Max, hoy adulto, pero que ella recuerda de cuando iba a la tienda de crío. “Era tremendo, no paraba quieto, menudo bicho…”. Es lo que tienen este tipo de tiendas, emblemáticas si se prefiere ese calificativo, que no son impersonales, que más allá de su decoración y pasado, forman parte de la vida del barrio.
(Posdata: las propiedades de la fuente, aunque la Dreta de l’Eixample es un barrio que despunta en población centenaria, no están acreditadas y, además, por el modelo de fuente que es, la Barcino, no es ni siquiera tan añeja como las tiendas de su alrededor. Es de los años 30.)
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