En Casa Elizalde
De un prostíbulo al auge del 'coliving': un fotógrafo retrata cómo es la vida en el Eixample de Barcelona
Lo nunca visto del Palau Macaya, la parte donde la espalda cambia de nombre
Las víctimas de la 'plaga de coliving' en Barcelona denuncian ante Consum 44 anuncios de alquiler fraudulento

El monumento a Jacint Verdaguer, el día en que durante una fuga de agua pareció emerger la Atlántida. / LLUÍS TUDELA

Los ocho años que el fotógrafo Lluís Tudela vivió en el 227 de la calle de Mallorca fue (disculpen la palabra) el epítome de lo que puede conllevar ser inquilino de según que fincas del Eixample. Cinco apartamentos turísticos con licencia y en la puerta de al lado un prostíbulo que terminó por ser el menor de los problemas cotidianos, porque la ‘madame’ tenía buena mano con la cocina china y a menudo le obsequiaba con algunos ‘tupers’ para hacer más llevadera la relación. Durante un tiempo soportó simultáneamente obras en la calle, en el interior de manzana y hasta en su propio cuerpo, porque tuvo que pasar dos veces por el quirófano por un accidente de moto. Ya no vive ahí porque, por si todo eso fuera poco, la dueña de la finca creyó que los 1.300 euros al mes que Lluís pagaba de alquiler era poco si podía convertir el piso en un ‘coliving’, vamos, un alquiler de habitaciones a precios que quitan el hipo. “Vi anuncios en El Idealista de 1.500 euros por uno de esos cuartos”, asegura. Todo junto, un drama, sí, pero ha convertido esos años en una exposición en La Casa Elizalde.
La manzana, por situar primero la escena y entender cómo todo esto terminó por convertirse en una exposición e incluso en una ‘performance’, con la lectura de los exorcismos de Jacint Verdaguer en el piso principal de la Elizalde, es la delimitada por las calles de Mallorca, Roger de Flor y Provença y el paseo de Sant Joan. Como su vivienda era interior tuvo unas privilegiadas vistas sobre las obras que el Palau Macaya realizó hace unos 10 años para dignificar su fachada posterior, visitable desde entonces. Es lo que a veces tiene el teletrabajo. Desde la mesa de su despacho veía cada día el ir y venir de los trabajadores y creyó que era labor que merecía ser documentada.

Las obras del interior de manzana, vistas desde la ventana del piso. / LLUÍS TUDELA
Como James Stewart en ‘La ventana indiscreta’ comenzó a mirar a través del visor de su cámara y, lo que son las cosas, terminó por parecerse un poco más al personaje de aquella película cuando le tuvieron que reparar el hombro con media docena de clavos. La radiografía y la cicatriz forman parte, cómo no, de la exposición.
No hubo un crimen como el que descubre Stewart con la pierna escayolada. Bueno, o tal vez sí. Algunos de sus vecinos de escalera comenzaron a engrosar esa larga lista de los llamados desahucios invisibles. Finalizaban los contratos de alquiler y los arrendatarios eran invitados a mudarse con un burofax. Cada adiós daba paso a un sindiós de obras que, según Tudela, tal vez duraban más de lo necesario y eran más ruidosas de lo imprescindible para acelerar así nuevas salidas de inquilinos, como la suya.
Resistió lo que pudo. Ahora vive profesionalmente a caballo de Londres y Barcelona, más en la capital británica que aquí, pero antes de marcharse de la calle de Mallorca fue testigo de las obras del tranvía y de aquella espectacular fuga de agua que ocurrió a los pies del monumento a Jacint Verdaguer, como si la mismísima Atlántida del poeta resurgiera de las profundidades del mar. Había retratado ese cruce de calles, el del paseo de Sant Joan y la Diagonal, varias veces antes de que aquel súbito géiser fuera una de las noticias del día el 23 de marzo de 2021. Le parecía estéticamente muy llamativo el modo en que aquel conjunto escultórico había sido cubierto como si fuera una intervención de Christo Javacheff, aquel artista que era capaz de envolver como un paquete de regalo la Tate Modern de Londres, el MoMA de Nueva York o Arco del Triunfo de París. La imagen era, a su manera, una metáfora de Barcelona, una ciudad capaz de proteger a sus monumentos y dejar a la intemperie a sus vecinos.

Tres imágenes furtivas del prostíbulo. / LLUÍS TUDELA
Mientras aquella figura era resguardada del polvo de las obras del tranvía, Lluís lo tragaba cada día en su casa. Los guisos de la ‘madame’ eran uno de sus pocos consuelos. Aquel lupanar estaba abierto siete días a la semana y las 24 horas cada jornada. Parece que era más lucrativo incluso que un ‘coliving’. Bueno, quizá no tanto, pero en el Eixample hay casos acreditados (en Roger de Flor, hace pocos años, por ejemplo) en que los dueños de prostíbulos ofrecían a los vecinos pagarles el alquiler a cambio de que no llamaran a la Guardia Urbana. El de Mallorca 337 no llegó a tanto, aunque hizo algo, según se mire, mejor. “En una de mis últimas exposiciones, la ‘madame’ y tres de las chicas vinieron a la inauguración, todo un detalle”. Algunas de las fotos de la exposición, titulada, por cierto, ‘Esquerda a través’ y comisariada por Carolina Ciuti, muestran sin que nadie se pueda ofender algunas vistas del interior de aquel lupanar.

Marta Aguilar y Gabriel Ventura, durante la lectura de uno de los libros de exorcismos de Verdaguer. / LLUÍS TUDELA
Para Ciuti, Lluís lo que ha hecho sin estridencias es documentar un momento crucial de la historia del Eixample, en el que está a punto de ser borrada del todo aquella intención inicial de Ildefons Cerdà de que esta fuera una ciudad igualitaria y racional. Por eso, la semana pasada, en la sala en la que se muestran las fotografías, se celebró una suerte de oportuna ceremonia. De la escenografía se encargó Marta Aguilar. Del recitado, el poeta Gabriel Ventura. Se leyeron algunos fragmentos del libro de los exorcismos de Jacint Verdaguer, que menudo personaje fue, aunque lo más probable es que con eso no baste para resolver los problemas de posesión que aquejan a Barcelona.
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