1929-1937
Barcelona presume durante la capitalidad de la arquitectura de sus efervescentes ocho años de racionalismo
Barcelona se mira en miniatura: una gran maqueta 3D interactiva une su pasado, presente y futuro arquitectónico

La Casa Ginestà, un trabajo de Jaume Mestres Fossas de 1931, en el 44 de la avenida Gaudí. / Archivo

Barcelona dio comienzo el pasado 12 de febrero al intenso 2026 en que será Capital Mundial de la Arquitectura y, solo seis días después, ha tenido en la sede oficial del certamen, en la preciosa antigua sede de la Editorial Gustau Gili (Rosselló, 87-89), un acto de reivindicación de aquellos ocho años en que el racionalismo floreció en la ciudad, más o menos entre 1929 y 1937. Fue un periodo abruptamente interrumpido por la Guerra Civil e incluso trágicamente finiquitado, porque algunos de sus mejores representantes murieron en el frente bélico, en el exilio o les fue retirado su título profesional durante la dictadura. Fueron los años del GATCPAC y algunos de sus aledaños estéticos, muy a menudo orillados, como si nadie pudiera brillar al lado del modernismo y de Antoni Gaudí.
El Ayuntamiento de Barcelona acaba de reeditar, corregida y aumentada, una guía de 68 obras aún en pie de finales de los años 20 y la primera mitad de los 30, cuando, por resumirlo, los excesos del modernismo y el ‘noucentisme’ cedieron el paso a la simplicidad y elegancia que ya triunfaba en Europa. Puestos a buscarle un primer nombre, hubo quien dijo que era arquitectura cubista, pero con el tiempo se impuso el nombre con el que ha perdurado, racionalismo. La presentación de esta obra, con un documentadísimo texto a cargo de la periodista Tate Cabré, responsable de la selección y descripción de cada uno de los edificios, ha servido, según se mire, para tener un primer test real de hasta qué punto la capitalidad de la arquitectura despierta o no interés. La cita era en la sala lateral de la Gustau Gili, en lo que en un tiempo fue el almacén logístico de las novedades editoriales. La organización había dispuesto inicialmente una sesentena de sillas para el público, una cifra alta para lo que suelen ser las presentaciones de libros en esta ciudad. Hubo que ir a por más, el triple, como poco, y todavía así parte de los espectadores se quedaron de pie.

Tate Cabré, autora de la guía, junto a la maqueta gigante de Barcelona reciñen inaugurada en la antigua Editorial Gustau Gili. / A. de B.
La Casa Sert de la calle Muntaner, el edificio del ya clausurado Cinema Astòria, el Grup Escolar Collasso, la Casa Bloc, por supuesto, la Clínica Barraquer, el Dispensari Central Antituberculós, la Fàbrica Myrurgia… La lista sigue hasta los 68 edificios, con direcciones perfectamente reconocibles, como las hasta aquí mencionadas, y otras que nunca es tarde para descubrir. Cabré, por ejemplo, ha planteado a los asistentes una experiencia poco practicada. Es sencilla. Consiste en ir del Recinte Modernista del Hospital de Sant Pau hasta la Sagrada Família o viceversa, o sea, recorrer la avenida de Gaudí de principio a fin, pero no con la vista puesta en la monumentalidad de los extremos, sino prestando atención a tres fincas, las de lo números 71, 56 y 44, en este orden, las casas Viladot, Anna Maria Torras Riviere y Ginestá, tres perfectas muestras de cómo podía haber sido mucho más aún Barcelona si el franquismo no hubiera considerado aquella corriente del racionalismo casi una suerte de arte degenerado.
‘Ruta del racionalisme de Barcelona’ se publicó por primera vez en 2018 y en tres idiomas. Fue una tirada de 5.000 ejemplares y simple y llanamente, voló de las estanterías, en primer lugar, la versión inglesa, una señal de que más allá de las fronteras la cuestión interesaba. Regresa ahora con 5.000 ejemplares más. La Capitalidad Mundial de la Arquitectura se lo merece. Pero la primera y la segunda edición son distintas, entre otras razones por esa patología tan propia de esta ciudad, esa tendencia, nunca tan bien dicho, a la irracionalidad. En 2024, sin necesidad de ir muy lejos en el tiempo para subrayar un ejemplo, una parte de la arquitectura interior de la Joieria Roca de paseo de Gràcia, exquisito trabajo de Josep Lluís Sert, fue remodelada por el nuevo propietario del negocio.

Muntaner, 342-348, una de las dos primeras obras de Josep Lluís Sert nada más terminar los estudios. / Puigalder
Una lástima, sin duda, porque Sert era uno de los más notables representantes de aquellos ocho años que duró el GATCPAC. Terminó sus estudios de arquitectura justo en 1929, fecha de inicio de aquel periodo y, según contó Oriol Bohigas en sus dietarios, tuvo su bautismo de fuego en el gremio de una manera, como poco, divertida. Llegó a casa con el título y su madre le dijo: “Muchacho, ahora lúcete. Haz lo que quieras. Carta blanca”. Puso en sus manos un par de solares para que demostrara qué había aprendido en la universidad, uno en la calle Muntaner y otro en la calle de Rosselló. Hoy forman parte de las rutas del racionalismo.

Gustau Gili, sede la Capitalidad Mundial de la Arquitectura 2026, de noche. / A. de Sanjuan
Durante los primeros años de la dictadura, el franquismo, sin hacer gala de ello, terminó algunos proyectos del racionalismo que se había quedado a medio hacer o en el cajón, pero los casos fueron pocos. No fue hasta 1951, curiosamente el año de la VI Flota, que a su manera se retomó aquella corriente. Lo hicieron los arquitectos del autodenominado Grup R. La sede de Gustau Gili es fruto de ese renacimiento del racionalismo. Cuando terminó la presentación, ya era de noche, una hora perfecta para gozar de una manera distinta de ese edificio. Salió el público y lo vio, como una gigante lámpara de diseño.
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