20 feb 2020

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LAS CICATRICES DEL SOCAVÓN

El día en que Albert Vilalta sobrevivió a dos metros del socavón del Carmel

El entonces ingeniero jefe de BCN explica cómo presenció en primer plano el hundimiento de la cola de maniobras

El director de obra, el jefe de bomberos y él mismo decidieron proponer la decisiva evacuación de los vecinos

Toni Sust

El ex ingeniero del Ayuntamiento de Barcelona, Albert Vilalta, recuerda el derrumbamiento del parking y el edificio anexo hace 15 años en el barrio del Carmel provocando la evacuación de los vecinos y el enorme socavón. / JORDI COTRINA

Albert Vilalta no lo había explicado nunca. Era ingeniero jefe del Ayuntamiento de Barcelona cuando la cola de maniobras colapsó en el Carmel, el 27 de enero del 2005. Nunca podrá olvidar aquel derrumbe, aquel momento en el que todo se vino abajo: él estaba a dos metros del garaje de dos plantas que se tragó la tierra.

De todo aquello, Vilalta extrae una conclusión principal y relevante: “No hubo ninguna víctima, y eso es muy importante. Ni un herido”. Y muestra su “satisfacción” porque tuvo que ver, y mucho, con que el desenlace fuera feliz: “Yo había visitado la cola de maniobras un mes o dos antes. Estaba casi acabada. Intentaban avanzar para estabilizar el frente.  Porque cuando llegaron más o menos a Llobregós se encontraron una inestabilidad, es algo normal en los túneles. Hay formas de pararlo. Como igualmente había que hacer una cola de maniobras dijeron: la haremos y estabilizaremos el frente”.

Pese a ser ingeniero jefe municipal, Vilalta no participaba en las obras, que eran competencia de la Generalitat. El papel del consistorio era claro: supervisar la movilidad asociada a las obras y la urbanización asociada a las paradas de metro, como sucede en todas las obras. “No sabíamos nada del proyecto técnico y no nos incumbía”.

La reunión

Si no hubo víctimas y heridos fue por una reunión que resultó decisiva. “Días antes del hundimiento se abrió el socavón, desde dentro. El 23, en la mitad del túnel de maniobras, empezó a desprenderse el techo, empezó a hacerse una cúpula interior. Bajé la rampa y fui a verlo. Se accedía por la plaza de Pastrana. Se veía un montón de tierra en medio del túnel. Eso nos preocupó mucho. Había que tomar decisiones. Al día siguiente hubo una reunión muy importante en la caseta de la dirección de obra”.

En la caseta estaban el director de la obra, Javier Gete Alonso; el jefe de los bomberos, Joan Pedreny, y Vilalta, en representación de los servicios técnicos del ayuntamiento, además de constructores. Gete Alonso, Pedreny y Vilalta tomaron una decisión que no era sencilla:  decidimos proponer la evacuación de un perímetro. Era una decisión relevante. Hay que valorar que nos hicieran caso. Éramos técnicos y los políticos lo afrontaron. Había muchos nervios”. La Guardia Urbana empezó a personarse en los domicilios, relata, para informar a la gente de que debía irse. Si después no hubiera pasado nada, hubiera sido complicado para nosotros”. Primero fueron evacuadas 12 familias de una finca. Después, un millar de residentes en más de 89 edificios.

El socavón

Una vez los pisos estaban vacíos, Vilalta llegó a la plaza de Pastrana el día 27 por la mañana cuando un operario le informó de que se había abierto una grieta junto al garaje situado en el cruce de Conca de Tremp con Sigüenza: “Fui a verlo y allí estaban Gete Alonso y Benjamín Celada, consultor de geotecnia. Mientras mirábamos la grieta, Javier vio como empezaba a agrietarse la pared del garaje, pegó un grito y los tres nos pusimos a correr. Y de repente desapareció todo”. Vilalta quedó “aturdido” en un escenario de polvo y chispas y se sentó en el número 36 de Sigüenza: “Tuve que calmarme, estaba temblando”. Pero también sintió un gran alivio: “Haber tomado, con otras dos personas, la decisión de evacuar y que eso sirviera para que no hubiera víctimas es una satisfacción”.