Primera semana de servicio
"Queremos que los vecinos confíen en nosotros": una noche con los nuevos serenos que refuerzan la seguridad en Esplugues
Un equipo de EL PERIÓDICO ha acompañado al nuevo equipo, que ha realizado 165 intervenciones en su primera semana, en su primer viernes de ronda nocturna por la ciudad
Esplugues recurre a los serenos para mejorar la sensación de inseguridad: "No queremos causar alarma, pero estamos preocupados"


Unos suaves 15 grados y la falta de viento empujaron a los vecinos de Esplugues de Llobregat a salir de casa y disfrutar de la noche del viernes 27 de febrero. En la calle Verge de la Mercè del barrio de Can Vidalet abundan los bares y restaurantes con terraza, que a eso de las 23:00 h presentan una afluencia notable. En una hora, al filo de la medianoche, esas terrazas deberán estar recogidas, como indica la normativa municipal. Este horario es de sobra conocido por hosteleros y policías locales, pero también por el nuevo equipo de serenos que recorre la ciudad cada noche desde el lunes 23 de febrero. Un equipo de EL PERIÓDICO ha acompañado a cuatro de ellos (José Luís, Raquel, Dani y Karen) en su primer viernes de ronda nocturna para conocer cómo los ciudadanos acogen el nuevo servicio: "Estamos aquí para ayudar", le dirá José Luis a cada vecino con que se cruce en su patrullaje.
La del horario de cierre de las terrazas es una de las indicaciones que recibieron durante el 'briefing' previo a la ronda. Fueron, como cada noche, dos agentes de la Policía Local los encargados de ello. Además, los guardias les señalaron los "puntos calientes" de su ronda, que se extiende desde las 23:00 y hasta las 6:00 horas. Se trata de la plaza de Blas Infante, las entradas del metro, la plaza de la Bòbila o el parque de la Solidaritat, entre otros. "Aunque hasta hoy haya sido tranquilo, ya es fin de semana y la cosa se puede animar", advierten los agentes. Los cuatro serenos recorrerán las calles en dos grupos de dos, llamados binomios.

Agentes de la Policía Local de Esplugues informan al equipo de serenos en el 'briefing' previo a la ronda nocturna, el pasado viernes / Marc Asensio Clupes
No en vano, uno de los objetivos primordiales de la iniciativa es reducir la sensación de inseguridad entre los vecinos. Los datos de criminalidad del Ministerio de Interior recientemente publicados indican que los delitos convencionales crecieron un 10% en 2025 en Esplugues, respecto al año anterior. Por ahora, las rondas de los serenos se limitan a Can Vidalet, el barrio de la ciudad donde más delitos se producen. No será hasta las próximas semanas que su radio de patrullaje se amplíe hasta el barrio de Can Clota y la zona del tranvía.
La ronda comienza en la calle Verge de la Mercè. Justo ahí fue donde el alcalde, Eduard Sanz, presentó hace una semana al flamante equipo de serenos, así como la instalación de unas 30 nuevas cámaras de videovigilancia, dos de las cuales está previsto instalar en esta vía. Al levantarse de la terraza, unos vecinos se cruzan con los serenos: "Ya os dejamos la 'rambleta' para que la cuidéis vosotros —bromea un vecino llamado Feliciano—. Yo soy del barrio y me parece muy bien que hayan puesto serenos". En general, durante los primeros días el trabajo del equipo ha sido fundamentalmente informativo: "Por ahora, nos ayuda muchísimo el boca a boca —remarca Raquel—; cuando llegue el verano habrá mucho más movimiento, por ahora nos vamos entrenando y cogemos confianza". "Nos toca darnos a conocer, que los vecinos nos vean y confíen en nosotros", apunta Karen.

José Luis, Raquel, Karen y Dani; cuatro de los serenos que desde el lunes 23 patrullan de noche las calles de Esplugues de Llobregat / Marc Asensio Clupes
Para conseguirlo, los serenos reparten tarjetas con los dos teléfonos de contacto por bares y restaurantes, a la salida del metro, y a todo aquel que se les acerque. Quien precise de su ayuda puede contactar con ellos por teléfono: "Quizá os llamamos esta noche", plantean unas vecinas que se han acercado a ellos, atraídas por el naranja chillón de sus chalecos. Los acompañamientos son una de las tareas más importantes para el nuevo equipo. Se pueden agendar por teléfono, lo que resulta muy útil para aquellos vecinos que salen muy temprano (o muy tarde, según se mire) de casa para ir al trabajo. De hecho, el consistorio asegura que ya se han recibido decenas de llamadas para interesarse por el servicio y solicitarlo.
La otra manera de realizar acompañamientos consiste en que los serenos se aposten en las bocas de metro y detecten usuarios que puedan estar interesados en que les escolten hasta su casa. Así pasó a última hora del viernes, cuando una mujer salió que salía del metro solicitó ser acompañada para ir más segura.
Balance de la primera semana
El Ayuntamiento de Esplugues explicita que en su primera semana de trabajo, los serenos han llevado a cabo 165 actuaciones. Además de los acompañamientos mencionados, se han detectado y comunicado incidencias en el alumbrado público y en el mobiliario urbano; se ha asistido a personas desorientadas; atendido a una persona sintecho y a otras con signos de embriaguez y; por último, se ha avisado a la policía respecto a un establecimiento abierto fuera del horario reglado.
Los serenos han recibido formación en diversos ámbitos. Funcionarial, para conocer al detalle las ordenanzas y el día a día del ayuntamiento; en primeros auxilios; y en técnicas para comunicarse y relacionarse con las personas. Durante sus patrullajes pueden presentarse momentos tensos, en los que la postura y el control del espacio por parte de los serenos es esencial y un simple detalle como tener siempre a la vista las manos de la persona con quien se habla, puede resultar fundamental. En todo caso, en cuanto se percibe una situación peligrosa o delictiva, los serenos avisan por emisora a la policía, mediante un canal independiente.

Los serenos de Esplugues reparten tarjetas con su teléfono de contacto a la entrada del metro de Can Vidalet / Marc Asensio Clupes
Pasada la medianoche, Dani y Karen oyeron como un hombre le gritaba a una mujer, para alejarse después. Los serenos se acercaron a la mujer, preguntaron si necesitaba ayuda y le entregaron una tarjeta. La mujer les comentó que el hombre era su pareja y que no se preocupasen, que solo había sido una discusión que había subido de tono por efecto del consumo de alcohol. A lo largo de la noche, ambas parejas de serenos procuraron volver a pasar en diferentes ocasiones por el lugar para comprobar que todo seguía en orden.
Soledad y disuasión
"¿Y si os avisamos venís a buscarnos de fiesta para ir a casa?", le pregunta a Raquel un joven, incrédulo. Tras la respuesta afirmativa, el joven exclama: "Perfecto, así me ahorro la bronca de mi padre cada vez que me viene a buscar". Raquel y Juan Luis ríen, y zanjan la conversación afirmando que, en efecto, los serenos "no les pueden echar la bronca".

Ronda nocturna de los serenos de Esplugues, a su paso por la plaza de la Bòbila, frontera con el municipio de L'Hospitalet / Marc Asensio Clupes
"¿Y cuál es vuestro trabajo?", pregunta otro joven subido a su patinete en la Bòbila, plaza que marca la frontera municipal con L'Hospitalet de Llobregat. Recientemente reformada, el lugar está más despejado de elementos que antes, lo que permite un mayor control policial. La demanda del joven frena el paso de los serenos, que se paran para contestarle. Simultáneamente, otros cinco jóvenes que charlan en un banco cercano mientras fuman marihuana se levantan cautelosamente y, con mucha parsimonia recorren los dos metros y medio que les separan del término municipal de L'Hospitalet. Completado su exilio, los jóvenes se vuelven a sentar en un banco de la ciudad vecina, prosiguen su charla y encienden de nuevo el porro que comparten. "Ellos saben igual de bien que nosotros que esta línea en medio de la plaza marca la frontera", señala Karen, que se despide amistosamente de los jóvenes. Una huida aparentemente inútil, dado que los serenos no pueden poner multas, ni en Esplugues ni en ningún otro lugar.
Salvo intervenciones como estas, buena parte del patrullaje de los serenos se lleva a cabo en la más absoluta soledad. Aún más cuando se acercan las 3 de la madrugada. Un viernes por la noche a esa hora ya no hay metro, hace rato que los bares deberían haber cerrado, y más allá de las charlas de adolescentes en los bancos de las plazas, lo único que se oye al paso de los serenos por calles como Cedres, Molí o Ciutat de L'Hospitalet son sus propios pasos: "Nos hacemos compañía el uno al otro", admite Raquel. En uno de los extremos del barrio, en el parque de la Solidaritat, apenas se ve un alma. Dos parejas de jóvenes charlan, en voz baja, entre los elementos de calistenia. Son dos siluetas en medio de la noche, alejadas de los vecinos. No molestan a nadie, y los serenos pasan de largo.

Una pareja de serenos de Esplugues se dirige de vuelta a la base, tras recorrer por la noche las calles del barrio de Can Vidalet / Marc Asensio Clupes
Con el paso de las horas, el barrio se comenzará a activar poco a poco, con la salida de casa de aquellos que empiezan su jornada laboral temprano y que se cruzarán con los que por fin se recogen una vez acabada la fiesta. Cuando los chalecos naranjas reflectantes de José Luis, Raquel, Karen y Dani ya no destaquen entre la oscuridad de la noche, hacia las 6 de la mañana, finalizará su ronda.
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