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Silvia Gubern: un viaje al esplendor del origen

La trayectoria de Silvia Gubern Garriga-Nogués (Barcelona, 1941) se ha construido desde un vínculo profundo con la naturaleza, la música y la danza, una relación intuitiva que marcó su infancia y que acabaría articulando toda su obra.

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- / Pau Bruguera

Alberto Zamora

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Formada en la primera promoción de Estudios de Diseño –especialidad en grafismo– en la Escuela Elisava (1961-1964), amplió su formación artística en la Escuela Eina, donde también colaboró como docente en las clases de Albert Ràfols-Casamada. Desde muy joven, fue considerada una de las promesas de la Nueva Pintura catalana de los años sesenta, y pronto se convertiría en una figura clave del primer arte conceptual en el grupo El Maduixer (1966-1973). Con él participó en iniciativas pioneras, como el “Manifest dels pintors” y “Primera Mort” (1969), obra considerada un antecedente del videoarte en España.

Durante los años setenta consolidó un lenguaje propio basado en la pintura sobre reverso de vidrio y en un dibujo canalizado que se convertiría en seña de identidad. Expuso con regularidad en la Sala Vinçon, un espacio fundamental en su carrera, que acogió muestras suyas en 1973, 1976, 1981 y 1992. Sus viajes a Sudamérica reforzaron su afinidad con el arte simbólico y mágico, así como con las concepciones indígenas del arte como vía de sanación y conocimiento.

Su aportación al incipiente diseño de la Barcelona de la primera postmodernidad fue decisiva. Creó el logotipo de la sala Zeleste y participó en el diseño interior de sus dos sedes (1973 y 1986), colaboró en distintos trabajos gráficos –como la icónica portada del disco “Qualsevol nit pot sortir el sol” de Jaume Sisa (1975)– y desarrolló una premiada producción de estampados textiles en colaboración con Transtam y Marieta. En 1984 presentó una muestra individual en el Centre Cultural de Terrassa y, un año más tarde, en la Galeria Ciento de Barcelona.

El mundo de Silvia Gubern

El mundo de Silvia Gubern / Pau Bruguera

Tras un grave accidente de tráfico en 1987, se instaló en Llinars del Vallès e inició un periodo de estudio silencioso y creación introspectiva. En 1992 presentó la escultura pública Feníxia en Barcelona, y en 1995 el Centre d’Art Santa Mònica acogió la exposición monográfica ¿Y qué amaré más allá del enigma?. A lo largo de estos años, la poesía –especialmente la mística– se convirtió en una fuente primordial de su creación. Publicó “Imperdibles” (1990), “La puerta de los lindes” (1992) y las dos ediciones de “Silvas” (2007 y 2021), obras surgidas de procesos de dictado poético.

Ya en el siglo XXI retomó sus exposiciones individuales y su obra fue integrada en diversas relecturas históricas sobre el arte pop y conceptual en el MNAC, el MACBA y el Museu d’Història de Girona. Más recientemente, ha sido analizada desde la historiografía feminista en el IVAM (2024). En 2023 recibió el Premio FAD de Reconocimiento de Arte. Paralelamente, ha dedicado buena parte de su tiempo a compartir conocimientos en charlas y cursos orientados a la reunificación del arte, la ciencia y el espíritu. Sus obras forman parte de colecciones públicas y privadas como la Col·lecció Duoda, el Museo de la Solidaridad Salvador Allende de Santiago de Chile, el Museu d’Art de Girona o el MACBA.

Una exposición articulada en torno a los cinco elementos

El proyecto expositivo que reúne una amplia selección de su obra se estructura a través de los cinco elementos: agua, aire, tierra, fuego y éter. Cada uno funciona como principio material y como símbolo, y permite recorrer las preguntas que han guiado a Gubern desde su juventud: quién es el ser humano, cuál es su origen, cómo se relaciona con el planeta y el cosmos, y de qué manera puede acercarse al misterio de la vida. Preguntas que, en un tiempo marcado por la inmediatez digital, reclaman una mirada más lenta, consciente y abierta a lo esencial.

El recorrido se inicia con tres dibujos que reciben al visitante. Todo está en ti recuerda que el conocimiento comienza en el corazón, representado con las tres llamas que simbolizan energía, sabiduría y amor. Una primera pintura en vidrio, AVE, alude al valor sagrado del lenguaje y a la dimensión espiritual de la existencia; en su reverso, la palabra EVA nos devuelve al mito del origen.

La sección del Cosmos dentro de la exposición

La sección del Cosmos dentro de la exposición / Pau Bruguera

Agua: origen y abundancia

La primera estancia está dedicada al elemento agua. La instalación Agua de vida, creada en 2001, evoca la fuente primordial de la creación, la fertilidad y la generosidad. El poema homónimo del libro “Silvas” habla de un bautismo simbólico que reconecta a todos los seres vivos con la naturaleza espiritual del agua. En este espacio destaca “La Creación” (1992), pintura sobre vidrio que presidió su muestra en Vinçon aquel mismo año. La obra subraya el papel del corazón como núcleo del conocimiento y presenta manos protectoras que salvaguardan la sacralidad del cuerpo.

También aquí aparecen pequeños ensamblajes escultóricos y dibujos que reflejan la visión pitagórica de la música del cosmos: la vibración continua de las esferas, donde ciencia y espiritualidad convergen.

El espacio dedicado al agua

El espacio dedicado al agua / Pau Bruguera

Aire: el espacio del dictado

La segunda estancia pone el acento en la abundancia de los momentos de creación mediúmnica. Para Gubern, el dibujo y la palabra dictada surgen de un estado sin voluntad consciente, en el que la artista se convierte en canal de un lenguaje simbólico que fluye desde un núcleo esencial. Manuscritos, publicaciones poéticas y una selección personal de dibujos permiten adentrarse en ese proceso de escucha interior donde lo figurativo y lo abstracto coexisten.

Tierra: la memoria mineral

El tercer espacio profundiza en el vínculo de Gubern con el vidrio, material que considera metáfora del estado cristalino de la materia y de la conciencia. Las pinturas sobre reverso de vidrio suspenden la imagen y la protegen del consumo inmediato. Obras como “Piedra sagrada” (1974) manifiestan su afinidad con el reino mineral, que entiende como depositario de energías primitivas y de una sabiduría inscrita en la materia. Manos, pies y signos arcaicos remiten a los primeros gestos creativos de la humanidad, a rituales, escrituras reveladas y respiraciones que conectan con lo sagrado.

Fuego: luz y transformación

La cuarta estancia está presidida por la escultura “Sol” (1995), acompañada por piezas de la serie “Esculturas Primordiales”. El fuego simboliza la renovación radical y la alquimia interna que acompaña los procesos de crecimiento espiritual. Una serpiente de barro creada in situ recuerda el valor arquetípico de este animal como emblema de la kundaliní, la energía regeneradora que conecta tierra y espíritu.

El espacio dedicado al Fuego

El espacio dedicado al Fuego / Pau Bruguera

Cosmos y encarnación

La quinta estancia abre un portal hacia una comprensión más amplia de la evolución humana. La pintura Cosmos (1995) dialoga con la idea de que la Tierra posee centros energéticos propios, y con la noción de que el desarrollo individual forma parte de una transformación colectiva. La última sala acoge grandes telas bordadas con hilo azul, una reflexión sobre la encarnación como travesía terrenal y sobre el trabajo silencioso de las manos –especialmente femeninas– que cuidan, protegen y acompañan la vida. La presencia final del cáliz simboliza la transmutación del dolor en amor y la aspiración hacia una existencia iluminada.

La exposición se puede visitar en el Museo Can Framis de la Fundación Vila Casas.