Érase una vez en... El Clot (46)

El Clot, cuando el pueblo salva al pueblo

  • El primer encierro llevó a los vecinos de este barrio trabajador a unirse para afrontar codo con codo las consecuencias de la pandemia
  • En pocas semanas abrieron puntos de asesoramiento laboral, tecnológico y de vivienda, una ‘escuelita’ popular para adolescentes y un banco de alimentos
Un pequeño grupo de voluntarios preparara bolsas de alimentos recogidos por, en y para el barrio.

Un pequeño grupo de voluntarios preparara bolsas de alimentos recogidos por, en y para el barrio. / Ferran Nadeu

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Imma Joseph habla deprisa. No hay duda de que tiene clarísimo y cree en todo lo que explica. Cosas como cómo ha brotado en los últimos nueve meses la solidaridad desde abajo: los vecinos del rellano, del bloque, del barrio. "La viva imagen del pueblo salvando al pueblo". Así le gusta definirlo porque así lo siente y así lo vive. Conocimiento de causa no le falta. Lleva al pie del cañón durante toda la pandemia y muchísimo antes. Es la responsable del Grupo de Proyección de la Comunidad Cristiana de Sant Pere Claver, donde desde 1970 reparten alimentos entre las personas necesitadas en El Clot-Camp de l’Arpa.

"En estos meses se ha triplicado el número de familias a las que atendemos. Y no solo nosotros, las cuatro parroquias y el Centre Cultural Islàmic, los cinco espacios del barrio desde los que se distribuyen alimentos estamos igual, y llega un momento en el que la despensa se vacía», expone enérgica, a sus 56 años 'la adolescente' de los voluntarios de la parroquia. "En marzo nos encontramos con más familias que nunca a las que atender y con que los voluntarios eran todos muy mayores, y eran los primeros que tenían que quedarse en casa", prosigue a la misma velocidad. Es miércoles y el jueves es el día de reparto y los pasillos están llenos de 100 grandes bolsas a medio preparar, que están llenando de leche, aceite y legumbres.

El punto de partida era ese pero, como el pueblo no solo salva al pueblo sino que es el que mejor conoce al pueblo -y quien dice pueblo, dice barrio-, nada más asomar los primeros brotes de la crisis social vinculada a la sanitaria, un grupo de vecinos vinculados a su rico tejido asociativo hicieron un primer llamamiento popular para crear una Xarxa de Suport. "Llamé a Imma porque la conocía de otras historias y sabía el trabajo que hacían desde la parroquia repartiendo alimentos", señala Dani Celma, uno de los impulsores de la red, hiperactivo militante del Clot. Ella, por supuesto, no dudó en sumarse a la red para estar al corriente de las nuevas familias con necesidades que no tuvieran controladas (las muchas que antes de la pandemia iban tirando y no tenían vinculación ni con los servicios sociales). "En nada salió un grupo de 30 voluntarios para repartir alimentos", apunta Imma desbordando orgullo de barrio. 

Transversalidad

A esa primera llamada, no solo se sumó entusiasmada Imma. Lo hizo todo el tejido asociativo del barrio, en una gran parte coordinado en la Federació d’Entitats del Clot-Camp de l’Arpa, gestora del Espai Antoni Miró Peris (EAMP) y de la Farinera del Clot, equipamientos infrautilizados durante la primera ola que la federación puso a disposición de la Xarxa para lo que hiciera falta. 

Entre todos, como se hacen aquí las cosas, decidieron qué hacía falta. Lo primero era que todo el mundo tuviera un plato en la mesa y un bote de jabón en la ducha. Con ese objetivo de mínimos han ido organizando varias recogidas de alimentos (el fin de semana pasado hicieron la última, en la que se volcó todo el barrio). Esta línea de trabajo la coordinada por Imma a través de la red de parroquias y el centro islámico, los espacios que ya hacían ese trabajo precovid y ya sabían cómo hacerlo. En Sant Pere Claver atienden a 100 familias, pero en Sant Josep de Calsanç a 200, en Sant Joan Bosco a 300 y en Sant Martí del Clot a 150, todo en un radio muy pequeño, las fronteras del barrio. 

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La segunda línea que abrieron fue la vivienda. Ver qué pasaba con los alquileres, con quien se había quedado sin ingresos y no podía seguir pagándolo; una línea que lideró el Observatorio de la Vivienda (aquí se ha remangado todo el mundo). La tercera fue facilitar puntos de conexión. El Foment Martinec ofreció su espacio para ello. La cuarta, un punto de información y asesoramiento laboral (cómo gestionar los ERTE) y, la última, un servicio de refuerzo escolar, pensado sobre todo para adolescentes de origen migrante, para que el covid no sirviera para agrandar la brecha todavía más; para evitar que dejaran los estudios. "Lo que buscamos es hacerles un acompañamiento en todos los sentidos", destaca Dani. Esta suerte de escuelita popular la hacen también en el casal del EAMP. «Una cosa que hizo bien el ayuntamiento fue poner a disposición de las redes de barrio los equipamientos municipales», agradece el activista quien, como Imma, pese a militar en espacios casi antagónicos (ella, en la Iglesia; él, en la CUP) tiene claro que el asistencialismo no resuelve el problema de raíz.

"Con una mano recogemos alimentos y productos de higiene de urgencia; pero con la otra luchamos por un sistema más justo en el que este asistencialismo no sea necesario", coinciden.