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Mensajes de tiza, cantos, pancartas y oraciones

La Rambla se convierte en un gran mural donde la gente expresa sus condolencias

Los Reyes presiden en la Sagrada Família la misa por la paz en homenaje a las víctimas del atentado

Cristina Savall / Barcelona

Los transeúntes escriben sus condolencias con tizas sobre el pavimento de la Rambla.  / JORDI COTRINA

Los transeúntes escriben sus condolencias con tizas sobre el pavimento de la Rambla. 
Las cortezas de los plátanos de la Rambla se llenan de mensajes en memoria de las victimas del atentado.
Manifestación de musulmanes en la Rambla, tres días después de los atentados.
La misa por las víctimas de los atentados, en la Sagrada Família, el domingo por la mañana.

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Oraciones y cantos en la Sagrada Famíliacondolencias en los libros habilitados en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelonavelas encendidas, pancartas y mensajes escritos con tiza en el pavimento de la Rambla sobre las mismas balsosas en las que perdieron la vida 13 personas tras el atroz atentado. Los barceloneses y los visitantes de la ciudad necesitan expresar el dolor, la tristeza y la angustia que sienten, implicarse de alguna manera para que los familiares de las víctimas sepan que no están solos, para que se sientan arropados.

"No dejemos que el odio nos gane", firma María, en una de las páginas en blanco de los libros del Saló de Cent, donde, en solo dos días, 7.700 ciudadanos se han personado para mostrar su pesar e intentar mitigar el sufrimiento. El silencio habla por sí solo en esa estancia que cuenta con psicólogos y médicos de la Cruz Roja en previsión de ataques de ansiedad y de desmayos. No ha habido ningún incidente, pero pocas veces tanta gente ha intentado evitar las lágrimas en un mismo lugar. "Trabajemos para que la violencia desaparezca y nuestros hijos puedan vivir en un mundo mejor", propone Montse, en nombre de la asociación de padres de una escuela.

En la Rambla, los escritos son más espontáneos. Muchos deciden dejar mensajes una vez presencian los altares llenos de flores, las cortezas de los árboles con palabras escritas con rotulador y las notas depositadas en cada esquina en la que hubo víctimas del atrapello masivo. "Julian, descansa en paz. Eres un ángel. No te olvidaremos", redacta en un papel una joven conmovida, tras certificarse la muerte del niño australiano de siete años que su familia dio por desaparecido. Alguien ha dejado folios y celo para que quien quiera cuelgue frases de pésame y de cariño en la pared de cristal de un quiosco, o sobre farolas, buzones y fuentes. 

Las palabras de tiza son las más efímeras, enseguida se borran, pero permanecen en las cientos de fotografías que captan los móviles. Hay turistas que solo escriben el nombre de su país: Italia, Bélgica o Dinamarca, para expresar que Barcelona no está sola en esta desgracia.

Autoridades civiles

Por la mañana, los reyes Felipe y Letizia, junto a Mariano Rajoy y el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa han presidido la misa solemne por la paz y la concordia en memoria de las víctimas del atentado terrorista. A la ceremonia católica por los muertos y heridos en manos de yihadistas también han asistido representantes de comunidades musulmanas, en un intento de apagar los brotes de islamofobia y no criminalizar a los que procesan esta religión.

"Nunca se había visto una misa solemne con tantas autoridades civiles", informa un portavoz de la Arzobispado de Barcelona. Estuvieron Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, las alcaldesas de Barcelona, Ada Colau, de Cambrils (Tarragona), Camí Mendoza, y de Madrid, Manuela Carmena; el primer ministro portugués, António Costa; la presidenta del Congreso, Ana Pastor; la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat; el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, la consejera de Governació, Meritxell Borràs, el de Interior, Joaquim Forn, y el delegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo.

Todos fueron recibidos por más de un centenar de personas que detrás del cordón de seguridad gritaban: "No tenim por!". Las medidas de seguridad han sido muy estrictas, nadie ha podido entrar una vez comenzada la ceremonia, y el tráfico se ha cerrado en todas las calles colaterales a la basílica.

Sebastià Taltavull, obispo auxiliar de Barcelona, ha recordado que han sido días de lágrimas, pero sobre todo de mucha "humanidad”. Para él, esta misa solemne ha sido un gesto de unidad. "Es una llamada a vivir la plena comunión de un pueblo que no tiene miedo y quiere gozar del don de la paz".

Dolor compartido

"El dolor es de todos", ha comentado una joven musulmana rodeada de ese bosque de piedra que invita a la oración en el templo que ha acogido a más de 1.800 personas, más de la mitad del aforo. 

Joan Josep Omella, arzobispo de Barcelona, ha explicado que el sábado el papa Francisco le llamó por teléfono para decirle: "Quiero personalmente acompañarlo, de manera especial, en la misa que va a celebrar con todo el pueblo.
Estoy cerca de ustedes en este momento doloroso. Les acompaño mucho. Que Dios les bendiga. Rezo por ustedes y ustedes recen por mí".

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