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La Feria de Abril, el último reducto de los barceloneses

La convocatoria en el parque del Fòrum es el único espacio de masas de la ciudad sin turistas

Los extranjeros que acuden a la fiesta, que no son pocos, residen en la capital catalana

TONI SUST / BARCELONA

La Feria de abril, este sábado. / JORDI COTRINA

La Feria de abril, este sábado.
La Feria de abril, este sábado.
La Feria de abril, este sábado.

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‘Turistófobo’ barcelonés, esta es tu semana para encontrar un espacio masificado en el que no hay visitantes arrastrando una maleta. Un lugar en el que todos los extranjeros, que los hay, y en un número considerable, son también barceloneses. Es la Feria de Abril. La catalana.

El parque del Fòrum alberga esta semana la feria y lejos quedan los tiempos de los reportajes amables y paternalistas en los que la norma era subrayar que aquello era también Barcelona y que los que allí estaban eran también barceloneses. Quizá ahora la Feria de Abril sea más barcelonesa que el resto de la ciudad. Porque no hay otro escenario lleno de gente al que no haya llegado el turismo. Y como lo más probable es que sea solo cuestión de tiempo que eso se acabe, dese por avisado el que quiera acudir a comprobarlo.

La feria presentaba este sábado, entre las cuatro y las seis de la tarde, una asistencia considerable y creciente. En dos horas se llenaron las calles y muchas de las casetas. Sí, había un grupo de dos a tres ingleses paseando desorientados entre el humo que desprenden carnes de

"Ya iría bien que viniera el turismo, se consumiría más", se lamenta José, camarero de uno de los puestos de comida

todo tipo en las parrillas. La excepción y esas cosas.

IDEAL PARA ‘TURISTÓFOBOS’

No deja de tener sentido y retranca que para llegar a esta meca para 'turistófobos', haya que irse hasta el límite de Barcelona. De hecho, parte de la feria discurre en la capital catalana y parte en suelo de Sant Adrià de Besòs. A los amigos de las proclamas: ¡los barceloneses están siendo arrinconados!

La única explicación de que todo esto suceda tiene que ser que los hoteles y las guías no alertan al foráneo de la oferta de ocio del parque del Fòrum. Resulta francamente incomprensible, porque allí está todo lo que se presenta al turismo en otras partes de Barcelona. Sobre todo, la fusión. La gastronómica es evidente: a la que uno pase una hora larga entre casetas se irá oliendo a fritos de todos los continentes. Y no solo a pescadito.

LA TORRE EIFFEL

Hay comida venezolana, no muy lejos de un tenderete que anuncia especialidad en cocina ecuatoriana. Fránkfurts y, en los puestos más típicos de la convocatoria, de todo: jamón asado, calamares, chopitos, carne. Mucha carne. Y aunque no está la Sagrada Família -una réplica en la feria sería un buen reclamo para convocar a las huestes visitantes- sí la Torre Eiffel: colocada encima de un puesto que se anuncia especializado en crepes y gofres.

Al lado, de una parada de cubalitros surge la odiada canción ‘Hotel California’, que tararea un vendedor de globos en forma de espada, disfrazado de payaso y resoplando con aspecto de resignación. Se le ve especialmente agobiado si se le compara con el otro payaso que a unos metros también vende globos, pero con todo el empeño, mucho más estimulado.

Las casetas políticas están vacías a primera hora de la tarde, pero cierto es que también lo están varias de hermandades. Este año hay oferta independentista. Por ejemplo, ERC tiene caseta tras una década sin acudir. Pero no es fácil adivinar, a primera vista, que la flamante ‘Bodega Republicana’ es del partido: quizá sea un síntoma de la lógica y calculada ambigüedad del que se encuentra en un buscado tránsito de opción acotada a fuerza hegemónica.

ANILLOS, PENDIENTES Y LOS INGLESES

También hay puntos de venta de pendientes y anillos de plata a 5 euros, y de un servicio de envío de dinero a otros países. Mujeres y niñas con bata de cola deambulan entre chinos y marroquís. Y está el grupo de ingleses. Porque no es trampa: cuando se le pregunta a José, camarero, por qué cree que no hay turistas en la feria responde: “He visto a un grupito de ingleses”. José no es  ‘turistófobo’, es camarero, y se preocupa por el negocio: "Ya vendría bien que viniera el turismo, se consumiría más". El primer sábado, dice, ha sido mucho más flojo que el del año pasado. Cuestión de instalar un par de 'chill outs' y unas hamacas. Y avisar a los hoteles.

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