Opinión

Periodista
La loba Shakira quiere poder, no compasión
Es una espléndida reivindicación de la mujer madura, la mayor polarizadora del deseo contemporáneo

Shakira, en su sesión con Bizarrap.
El 'Himno contra Piqué' de Shakira supone la mayor revolución social del año en curso, y de la mayoría de sus precedentes. La brutalidad del impacto se demuestra en que el tratamiento informativo se queda muy por debajo de la bomba contenida en la canción. La artista le ha pegado una patada al tablero mojigato de las relaciones de pareja, curiosamente arrinconadas en la tragedia sostenida de la violencia de género. El programa de que "las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan" omite la necesidad de tener millones en la cuenta corriente para implementarlo, pero señala el camino despreocupado a la victoria. En su descalificación del machismo por impotente y del feminismo por quejumbroso, la orgullosa cantante reivindica el poder por encima de una protección que ni menciona, y que es al fin y al cabo otro eslabón de la dependencia masculina que reniega. Abandera la igualdad también en la crueldad.
"Una loba como yo no está para novatos, a ti te quedé grande". Piqué necesita a Shakira, la inversa es falsa pese a la prensa barcelonista.
La artista confiesa la sumisión pero la altera en su misión, desatar un poder nuclear para capitanear la revuelta que neutralice el refugio de la debilidad. El texto de su levantamiento no se queda en excelente crónica, comparen con la basura remitida por España a Eurovisión, sino que deja a Piqué a la altura del príncipe Harry. Los cursis se escudan en el ataque pretendidamente innecesario a la novia del futbolista, que pasa "de un Rolex a un Casio, de un Ferrari a un Twingo·. Se trata en realidad de otra espléndida reivindicación de la mujer madura, la mayor polarizadora del deseo contemporáneo. Además, no hay que defender a quien no concede cuartel.
Es de justicia expresar el agradecimiento infinito a Shakira por no haberse dejado asesorar, por no haber embozado su rabia, por dejar las conclusiones al espectador de la canción. Nos reconcilia con los tiempos en que el arte era salvaje, desmedido, destructor del ámbito que rodeaba al propio artista. La disputa conyugal de la colombiana es pasajera, su canción es definitiva. Al exhibir la ferocidad del amor y sus rupturas, ningún colectivo puede invocarla como bandera. En esta furia inesperada radica la redención de Occidente, que cunda el ejemplo.
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