Canto a la vida

Las cosas que importan

Albert Espinosa me propuso crear un espacio para la ternura. Usar películas, canciones, novelas... cualquier territorio en el que se respire un aire distinto a la impiedad que parece haberse adueñado de nuestro tiempo

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Amanecer rosado en Barcelona.

Amanecer rosado en Barcelona. / Quique García/ EFE

Albert Espinosa me propuso la otra tarde crear un espacio para la ternura. Usar películas, series, canciones, novelas, pinturas, poemas, biografías, obras de teatro... cualquier territorio en el que se respire un aire distinto a la impiedad y la grosería que parecen haberse adueñado de nuestro tiempo. No me parece mala idea, sobre todo viniendo de alguien que podría darnos a todos un máster de cómo agarrarse a las cosas importantes de la vida; esas a las que apenas dedicamos tiempo en el debate público y de las que solo nos acordamos cuando la vida nos pega algún zurriagazo. Pero él lo hace estos días con la serie 'Los espabilados', que puede verse en Movistar +, donde plantea el tema de las enfermedades mentales en menores de edad y su reclusión en centros siquiátricos privados.

En uno de esos centros, en Argentona, se suicidó hace meses una joven de 16 años. EL PERIÓDICO informaba días atrás de la investigación que ha puesto en marcha la fiscalía y aportaba el testimonio de su madre, Juana, con la que pudimos hablar en 'La Ventana' coincidiendo con la entrevista a Albert. No encuentro palabras para explicar el dolor contenido que proyectaba esa mujer, el dolor de la pérdida, que se ha convertido -o eso me pareció- en su motor para seguir adelante.

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De cómo gestionar la desaparición de seres queridos habla también un libro de Juanjo Sáez, titulado 'Para los míos'. Este ilustrador barcelonés, que en 2006 rompió esquemas con 'El arte. Conversaciones imaginarias con mi madre', no podía sospechar que apenas dos años después la perdería a ella, y también a su padre, a su abuela y a su perra Chispeta. Le ha costado tiempo y esfuerzo, pero esas páginas donde los dibujos y las reflexiones comparten espacio con algunos borrones de tinta, son un canto a la vida. Y una declaración de intenciones: “Uno no puede vivir atrapado en el dolor”, escribe Juanjo. Y creo que tiene toda la razón. Yo le añadiría que tampoco podemos vivir prisioneros de los vetos y los bulos, pero eso ya sería otro debate. Hemos quedado en que hoy tratábamos de las cosas importantes.