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Aniversario en Reyes

El hombre más longevo de Catalunya cumple 110 años: "Cocino, me hago la cama y voy a buscar setas"

Joan Escudé conserva una memoria prodigiosa y recuerda que "de joven jugaba al fútbol en medio de la Gran Vía, pasaba un coche cada 20 minutos"

Catalunya bate récords en longevidad: supera los 3.000 centenarios, el 83% de ellos mujeres

Joan Escudé, de 110 años, es el hombre más mayor de Catalunya

Joan Escudé, de 110 años, es el hombre más mayor de Catalunya / ACN

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Barcelona
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El 6 de enero de 1916, en plena Primera Guerra Mundial —con participantes como el Imperio austrohúngaro o el ruso, aún con el último zar al frente— nació en Capellades el actual hombre más longevo de Catalunya, Joan Escudé. Este martes cumple 110 años y llega a la fecha con una lucidez y una memoria que le permiten recordar cómo, en la Barcelona de finales de los años 20, “jugaba al fútbol en medio de la Gran Vía”, por donde “pasaba un coche cada 15 o 20 minutos”. También es capaz de rememorar con exactitud los años como soldado republicano durante la Guerra Civil. En una entrevista con la agencia ACN, desde su domicilio —donde vive con uno de sus dos hijos— explica que aún puede ir a buscar setas, hacerse la cama y prepararse la comida. “Procuro causar las menores molestias posibles”, dice.

Escudé está entre las veinte personas más longevas del Estado —por detrás de la catalana de mayor edad, Carme Noguera, de 111 años, entre otras— y entre los cinco hombres de más edad de España. Además, está a solo tres años del actual hombre más viejo del mundo y a seis del que más ha vivido de la historia, según la asociación Gerontology Research Group (GRG), que verifica fechas de nacimiento y defunción y alimenta la lista de récords Guinness en este ámbito.

Nacido en Capellades y vecino de Barcelona, celebra su aniversario con su familia en un restaurante de Riells

El hombre nacido en Capellades (Anoia) en 1916 celebrará su aniversario rodeado de su familia —tiene dos hijos y dos nietos— desplazándose desde Barcelona hasta un restaurante en Riells, en el Montseny, como hace desde hace dos décadas. Tal como explica a la ACN, “en absoluto” esperaba llegar a los 110 años, ya que no existen precedentes de familiares centenarios.

De hecho, su madre murió a los 68 años y su padre a los 33, cuando él tenía 10 meses. El suceso fue un golpe para las finanzas familiares, ya que su padre tenía un taller de fontanería en la localidad de Anoia que dejó de ser la fuente de ingresos al fallecer. Con su madre y su hermano vivieron en casa de la abuela, y admite que lo hicieron con muy pocos recursos: comían gachas y vestían ropa prestada. “Estrenar unas alpargatas era muy difícil”, recuerda, hasta que sus vidas cambiaron en 1927, cuando se mudaron a Barcelona. Gracias a un pariente, la madre de Escudé encontró trabajo en una portería en la capital y su hijo pudo ir al colegio y no pasar tantas dificultades.

Cuando llegó el agua y la luz

De su infancia y juventud, entre los recuerdos más antiguos que conserva está un episodio vivido entre 1923 y 1924 en Capellades: “el día que en casa cambiaron los cubiertos de madera por los de hierro”, incluyendo tenedores y cucharas. También recuerda “cuando pusieron agua en las casas” del pueblo y ya no hizo falta ir a buscarla a la fuente, o “cuando llegó la luz” al municipio.

De su llegada a Barcelona, rememora cuando prácticamente no circulaban vehículos por la Gran Vía y jóvenes como él podían jugar en una arteria que hoy es de las más importantes de la ciudad: pasaba un vehículo cada cuarto de hora o cada veinte minutos. Esto contrasta con el volumen actual, que ronda los 2.000 por hora, según datos del Ayuntamiento de 2024.

Fue testigo de la llegada del agua y la luz a las casas y de la construcción del MNAC; vivió la Segunda República y la Guerra Civil

También relata cómo fue testigo de las obras de construcción del Palau Nacional de Montjuïc, hoy sede del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), cuya función original fue la de edificio principal de la Exposición Internacional de 1929. “Nos metíamos en el Palau Nacional jugando porque estaba en construcción”, explica, y añade que “había unos barrancos en Montjuïc que rellenaron de escombros” durante las obras. “Todo era a base de carros y caballos”, remacha, recordando la cantidad de campos y huertos entre el centro de Barcelona y Montjuïc.

El 14 de abril de 1931, cuando tenía 15 años, se proclamó la Segunda República y “hubo mucha alegría”, asegura, porque “no hubo ni un tiro y se veía a la gente satisfecha”. En una entrevista con Catalan News en 2021, con motivo del 90.º aniversario de la efeméride, añadía que “el hecho de que hubiera cierta libertad fue un alivio” y que, al día siguiente de la llegada del nuevo régimen, asistió a una manifestación para pedir la liberación de presos políticos en la cárcel Modelo.

Se alistó al Regiment Pirinenc, el primero propio de la Generalitat desde 1714, y combatió en Belchite y la Batalla del Ebro

Entonces Escudé trabajaba en una empresa que hacía figuras de santos de yeso, y se quedó sin empleo porque la actividad se detuvo debido al “anticlericalismo” de la sociedad del momento. El joven acabó en una empresa reparando plumas estilográficas de la marca Parker, algo que se vio truncado en 1936, con el estallido de la Guerra Civil. “No era consciente de que iba en serio, al principio”, recuerda sobre la insurrección militar de julio de aquel año. Los hechos desembocaron en un conflicto en el que Escudé se implicó voluntariamente.

El Regiment Pirinenc: Bielsa, Jaca y el Ebro

Tras el estallido de la guerra, la Generalitat de Catalunya puso en marcha la primera unidad militar propia desde 1714: el Regiment Pirinenc. Escudé se alistó, porque siempre le había “gustado mucho la montaña” y el batallón estaba preparado para ir al Pirineo. El 1 de marzo de 1937 salieron de Barcelona hacia Broto (Huesca) y, después de unos meses “haciendo instrucción y alguna tontería”, explica, les dieron armas y los situaron en el frente del Pirineo aragonés, en batallas como la de Belchite. “Iba de trinchera en trinchera, pasando algunos ataques y contraataques salvando la piel”, hasta que el frente aragonés cayó en la primavera de 1938 y su división quedó cercada por los franquistas en lo que se conoce como la bolsa de Bielsa.

“Nos quedamos encerrados allí y fuimos aguantando todo lo que pudimos, porque no teníamos ni cañones: solo granadas de mano y fusilería”, recuerda; “pero el terreno nos favorecía y aguantamos desde marzo hasta junio”. Al final, los franquistas se hicieron con el territorio, pero los combatientes republicanos, como Joan Escudé, pudieron huir a Francia, lo que se interpretó como un éxito. Al otro lado de la frontera, “preguntaban, de uno en uno, si queríamos ir con Franco o con Negrín (presidente del gobierno republicano)”.

Más del 90% de los soldados, como él, decidieron mantenerse en el bando republicano. Los llevaron en tren a Portbou y, desde allí, a la batalla del Ebro, donde Escudé estuvo en el servicio de información y realizó tareas de observación, suministro de alimentos y ayudante de cocinero, por lo que no estuvo en primera línea. Tras la derrota republicana, formó parte de la retirada que lo llevó a Sant Cebrià del Rosselló, en la Catalunya Nord, entre febrero y junio de 1939, donde los franceses “hacían mucha propaganda” para que se alistasen en su ejército. Él lo rechazó, interpretando que Francia “no dejaba pasar” mucho material de guerra por la frontera, evitando así armar a los republicanos.

Dificultades laborales en la posguerra por su pasado republicano

De vuelta a Catalunya, Escudé explica las dificultades para encontrar trabajo: la empresa donde reparaba plumas Parker no quiso readmitirlo porque “eran unos fascistas italianos” y rechazaban sus antecedentes como combatiente republicano. A través de un pariente, acabó como comercial en un taller de manipulados de papel y, con los nuevos ingresos, pudo casarse y en los años 50 tuvo a sus dos hijos. “Ya pude venir aquí a casa (su domicilio actual en Barcelona, que acabó comprando) y me pude hacer socio del Barça”, afirma, y añade que incluso pudo montar su propio taller de manipulados de papel. Gracias a los años trabajados, al jubilarse tuvo pensión, y también por alguna herencia familiar logró una estabilidad financiera de la que había estado privado de joven.

Actualmente, el veterano catalán de la Guerra Civil más viejo —ya viudo— sigue desplazándose cada jueves al Montseny para comer con su familia y va a buscar setas al mismo macizo cuando es temporada, aunque admite que ya no puede agacharse para recogerlas por su movilidad reducida. En casa aún se prepara el desayuno y la comida, y para ilustrarlo explica que esta semana se ha hecho champiñones fritos y un salteado de trozos de pollo con patatas y alcachofas. Entre sus platos también están los langostinos, la pasta o la fideuá. “La única preocupación que tengo es que la nevera esté llena”.

Venezuela, la lengua catalana y los jóvenes

En casa descansa y duerme a menudo, pero se mantiene activo haciendo crucigramas a diario y está informado de la actualidad, leyendo el periódico cada día. De hecho, durante la conversación con la ACN comenta la situación de Venezuela y se pregunta si la libertad que pregonan los Estados Unidos es la captura de Nicolás Maduro. “Para mí, estos americanos son unos vulgares gánsteres, porque hablan de libertad y lo que quieren es solo poder, poder y poder”, enfatiza, recordando que han apartado a Maduro, pero “han puesto sanguinarios” en América Latina durante todo el siglo XX y no depusieron a Francisco Franco, de quien lamenta que no muriera hasta 1975 y que lo hiciera “con todos los honores”. También comenta que las intenciones de Donald Trump son “controlar el mercado del sur (del continente americano) porque gran parte de África y Asia ya está en manos de los chinos”.

Por otra parte, Escudé también opina sobre la situación de la lengua catalana. “En aquella época se hablaba más catalán”, dice refiriéndose a hace un siglo. “Por la Exposición Internacional vinieron muchos murcianos, pero todavía se hablaba mucho catalán, y también antes de la guerra”, recuerda, y añade que actualmente en su barrio de Barcelona, junto a la Sagrada Família, prácticamente ya no lo oye.

Sobre las nuevas generaciones y la tendencia juvenil hacia la extrema derecha, considera que “han sufrido poco” y que tienen una “ambición” mayor que antes. “Había muchísima gente que estaba en condiciones de tener coche y no lo tenía, y ahora hay mucha gente que no está en condiciones de tenerlo y lo tiene”, señala, apuntando además que algunos jóvenes “pasan de la política” y “escuchan a algunos derechistas que les dicen que ganarán (dinero) sin trabajar”.

En cualquier caso, en la víspera de su 110.º aniversario, se reafirma en que no creía que llegaría a esa edad y ofrece su fórmula para hacerlo: “A pesar de lo que he pasado, he estado tranquilo, no he sido ambicioso, he sido consciente de hasta dónde podía llegar y hasta dónde no podía llegar”, concluye.

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