Ir a contenido

ANÁLISIS

Julian Alaphilippe celebra la victoria en Le Grand-Bornand.

PHILIPPE LOPEZ

'Allez, allez, Alaphilippe!'

Iosu de la Torre

Julian Alaphilippe ha tenido su día de gloria al día siguiente de que la selección de Didier Deschamps pasara como una exhalación por los Campos Eliseos de París para improvisar un rap en los jardínes de Emmanuel Macron, que no son suyos si no de la República francesa. Imagino a Paul Pogba atando rimas sobre el ciclista que conquistó la primera etapa de los Alpes: "Allez, allez, Alaphilippe". Que Griezmann ('Grizou') rima con Zizou y Mbappé con Pelé.

La 'grandeur' suma nuevos condimentos para la gran marmita francesa. Los reyes del mundo (en fútbol) han disfrutado de la victoria de Alaphilippe, un ciclista de la quinta de Antoine Griezmann que no necesita un documental de los de Piqué. La retransmisión de la TF1 superó a la melancólica cinta con la que el delantero anuncio que no ficharía por el Barça.

Francia es el marketing. Se vende mejor que nadie y lo hace con sabiduría. Un buen ejemplo es el Tour. Cada etapa es una clase de historia de Francia. Ayer, las cámaras se recrearon en el Plateau des Glières, donde en 1944 la aviación nazi mató a 120 'maquis', muchos de ellos anarquistas de Aragón.

A lo largo de seis kilómetros de carretera sin asfaltar llamaban la atención figurantes vestidos y armados como aquellos días de la segunda guerra mundial. Y al fondo, un enorme pájaro de hormigón, herido en las alas, el monumento dedicado a aquellos héroes a los que honró con unos versos André Malraux. 

Memoria histórica sobre ruedas. Como (no) en España. Los señores del Tour habían anunciado una etapa épica en el Plateau des Glières. En realidad, fue más estética que determinante para la carrera. El día de gloria, eso sí, nadie podrá arrebatárselo al perillán Julian Alaphilippe.