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Movilidad

La moto compartida metropolitana se planta con ocho ciudades y solo pagará recargo municipal en Barcelona

El AMB no prevé que el sistema crezca por falta de continuidad urbana y tampoco se espera que los ayuntamientos creen nuevas tasas por ocupación del espacio público

El 'motosharing metropolitano pierde dos empresas y arranca con la mitad de las licencias previstas

Alcaldes de los municipios agraciados con la moto compartida, el pasado 29 de octubre

Alcaldes de los municipios agraciados con la moto compartida, el pasado 29 de octubre / Car

Carlos Márquez Daniel

Carlos Márquez Daniel

Barcelona
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El solo hecho de haber llegado hasta aquí, con ayuntamientos cediendo al Área Metropolitana de Barcelona (AMB) parte de sus competencias municipales, ya es un triunfo del sistema. Sucede con el medio ambiente, el consumo del agua, el tratamiento de residuos. Y ahora también con el sistema de motos compartidas, que arrancó el pasado noviembre. Se pecó de optimismo y en un principio se habló de 10 municipios y 15.000 motos. Ahora se espera cerrar 2025 con ocho localidades y 8.000 licencias activas. ¿Es una derrota? Alguien podría verlo así. Desde la Administración, neófitos en el asunto, consideran que es un éxito haber llegado hasta aquí. Y también se han dado un baño de realidad: por ahora no está previsto ir más allá de este puñado de ciudades unidas por una lógica geográfica.

Una moto de Cooltra circula por el paseo de Gràcia, este martes

Una moto de Cooltra circula por el paseo de Gràcia / Zowy Voeten

Así lo confirma Carlos Cordón, vicepresidente de Movilidad, Transporte y Sostenibilidad del AMB, que tanto destila satisfacción por el hecho de que la licitación se haya quedado con tres operadores, tras la caída de dos empresas que también ganaron el concurso, como admite que pensar en expandir el invento es algo precipitado. "De momento no tenemos más municipios interesados en la moto compartida. Los ocho que están dentro del sistema tienen una cierta continuidad urbana". Ir más allá, de hecho, o lo que es lo mismo, alejarse de Barcelona, que es el epicentro de toda esta movilidad, sería jugarse la eficiencia y la rentabilidad de los operadores.

Distinto al AMBici

Eso es algo que sí ha podido hacer el servicio de bicicleta compartida metropolitana, el AMBici, gestionado por TMB, que está presente en 15 ciudades, aunque a diferencia de la moto, no está disponible en Barcelona, donde mantiene su reinado el todopoderoso Bicing. Elisabet Latorre, consejera delegada de Movilidad Sostenible del AMB, explica que moto y bici tienen vidas distintas. "En bici los trayectos son más cortos, y es un vehículo de intermodalidad, es decir que te lleva al metro o al tren para seguir tu trayecto. La moto sigue siendo una alternativa mucho más de puerta a puerta".

Tampoco la tarifa es la misma, ni mucho menos. La bici compartida del AMB tiene un abono anual de 40 euros y la primera media hora sale por 0,15 euros. A partir de ese momento se paga 0,50 euros cada media hora, hasta las dos horas de uso. A partir de la tercera hora, cinco euros por hora o fracción de hora. Con la moto los precios son muy superiores. No hay cuota anual, sino que se suele pagar por minutos. Yego sale a 0,33 euros el minuto. Cooltra está en 0,38 euros cada minuto. Y Acciona dispone de distintas tarifas, entre 0,36 euros y 0,48 euros en función de la moto. Este operador es el único con modelos aptos para circular por las rondas de Barcelona.

Nueva estación del AMBici en Sant Feliu de Llobregat, junto a las vías del tren y en el final de la línea T3 del Tram

Estación del AMBici en Sant Feliu de Llobregat, junto a las vías del tren y en el final de la línea T3 del Tram / Carlos Márquez Daniel

Más allá de la estabilidad del servicio de moto compartida, que en verano debería llegar a 6.000 motos y a finales de 2025 se espera que sean 8.000, todo parece indicar que Barcelona será la única ciudad que mantendrá una tasa para cada licencia que se explote en su ciudad. Son unos 70 euros por motocicleta, tal y como ya se estableció en el concurso local de mediados de 2020. A esto hay que sumar los 45 euros por credencial que hay que abonar al AMB.

Preguntado sobre si los otros siete consistorios harán lo propio y crearán un impuesto específico, Cordón niega con la cabeza. Recuerda que el peso de la ocupación del espacio público recae, sobre todo, en la capital catalana, donde estarán inscritas el 73% de las licencias de moto compartida metropolitana.

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