27 sep 2020

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Desde el Raval

Varios niños juegan a fútbol en una pista del Raval, en Barcelona.

FERRAN NADEU

Los colores de los niños en la calle

Enric Canet

Los maestros, con carteles, organizando los grupos de entrada delante de un enorme embrollo. Distancias dentro, apretados afuera, como es la vida en el barrio

Calle de los Àngels, la de más densidad en centros educativos del Raval: Día D, ¡14 de septiembre! ¿Hora H? Es complicado: a las 8.00 horas, unos pequeños entran a acogida del Vedruna y a la Bressol Canigó. La uni, abierta. El CCCB, abierto. Antes de las ocho y media, adolescentes del Tarradell en la puerta. "Chicos, que los de primero entran a las 9.00 y cada media hora los otros", les comenta una profesora. Pero ellos allí, mascarilla y charlan. Es el espacio público, el que conocen, suyo, delante y dentro la escuela.

Enseguida, niños arriba... hacia el Castilla o Labouré o Vedruna. Niños abajo hacia Milà y Tarradell. Y los maestros, con carteles, organizando los grupos de entrada delante de un enorme embrollo en el poco espacio que queda en la entrada de la escuela y el instituto. Distancias dentro, apretados afuera, como es la vida en el barrio.

La infancia nos ha devuelto la vida en las calles del Raval. Estaban escondidos y ahora han estallado, llenando de colores, de los llantos de una niña que empieza, de gritos "¡eh, Claudia!", de consejos "debes protegerte bien". Verlos nos recupera la esperanza de que no la cerrarán hasta junio. Lo necesitan. ¡Y nosotros! Se lo han pasado muy mal. No tenían sus espacios, las calles que permiten la vida que no tienen en casas pequeñas. Las escuelas tienen muchas limitaciones, a pesar de la calidad del edificio de 1931 que seguía las líneas de Rosa Sensat. Los equipamientos del barrio siempre se han ofrecido. Pero no solo necesitan espacios y buenos maestros. Es que la ciudad las quiera. Que el Raval y la gente dejen de ser un barrio en emergencia.

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Hace 30 años las nuevas familias de Marruecos salvaron las escuelas, vacías de los pocos niños del barrio que iban. Era la burbuja de la construcción, de mano de obra barata. Nueva gente como antes lo fueron murcianos, valencianos, andaluces. O, a principios del siglo XIX, de las comarcas catalanas. Gente que enriqueció la ciudad y vivían en el barrio. Después, todos sufrieron las crisis de las diversas burbujas. Ahora, del turismo. Reviviremos, juntos, con dificultades.

Para hacerlo, necesitamos recordar el 14-S y que para salir de la pandemia mental donde estamos instalados, no lo haremos sin tener los colores de los niños en la calle.