Mark Schiettekat y Manuel Olmo: "Esta fusión no busca ser más grandes, sino más fuertes"
Tras más de diez años de colaboración y un año después de su integración accionarial, las bodegas Sierra Norte y Raíces Ibéricas dan un paso decisivo y se convierten en una única empresa

Equipo de Bodegas Raíces Ibéricas, tras la unión con Sierra Norte / Bodegas Raíces Ibéricas
Hablar de Raíces Ibéricas es hablar de una bodega ligada a la tierra. Fundada en 2018 por el empresario belga Mark Schiettekat, la bodega nació para relanzar los vinos nacidos de los duros pero agradecidos suelos de pizarra de Calatayud y situar esta denominación de origen al nivel de las grandes regiones vinícolas de España.
Tras más de una década de colaboración, su camino junto a Bodega Sierra Norte se ha sellado con una fusión que no solo une fuerzas, sino que redefine una marca, un catálogo y una forma de entender el vino. El nuevo proyecto aúna la experiencia de dos trayectorias que ponen en valor el viñedo autóctono español y reivindican zonas vitivinícolas que han permanecido fuera del foco del mercado. La marca elegida, Bodegas Raíces Ibéricas, resume esa misión, convirtiéndose en la firma de una colección de vinos de parcela y monovarietales de viñedos históricos repartidos por todo el país.
“Esta unión no busca ser más grandes, sino más fuertes para lograr nuestro propósito: mostrar al mundo la diversidad y el valor del vino español desde las raíces”, explicaban Manuel Olmo, de Sierra Norte, y Mark Schiettekat. Con ellos conversamos sobre la fusión, su impacto y lo que está por venir.
P. ¿Por qué decidieron dar el paso definitivo hacia la integración?
Mark Schiettekat: Había mucho de Sierra Norte en Raíces Ibéricas, y viceversa. Compartíamos valores profundos: el compromiso con las variedades autóctonas, una apuesta decidida por la sostenibilidad y el impulso a las zonas rurales donde trabajamos. Y, al mismo tiempo, nos diferenciábamos en estilo, en forma de trabajar… y eso también nos enriquecía. Tras más de diez años colaborando, unir fuerzas era el paso natural y juntos podíamos ofrecer una mirada más potente sobre el vino español.
P. ¿Qué han aprendido de esa larga colaboración?
Manuel Olmo: Hemos aprendido que los proyectos con raíces profundas necesitan tiempo para madurar, para entenderse, para confiar. Y sobre todo, respeto mutuo por el camino del otro, por la forma de hacer las cosas y por lo que cada equipo aporta. Esa ha sido la clave.
«Queremos que cada vino sea una ventana a una región, a una variedad y a las personas que la cultivan»
P. ¿Cómo se ha trabajado el rediseño del porfolio de vinos?
M.S.: Lo hemos reorganizado para que cada vino cuente claramente su origen. Ponemos el foco en marcas clave como Las Pizarras, que expresa la Garnacha de los suelos de pizarra de Calatayud; Pasión, donde brilla la Bobal de Utiel-Requena; Equilibrio, centrada en la Monastrell de Jumilla; y Raíces, una colección de variedades autóctonas de distintas zonas, históricas y a menudo olvidadas. Queremos que cada vino sea una ventana a una región, a una variedad y a quienes la cultivan.
P. ¿Cómo se traduce el compromiso con las variedades autóctonas en el catálogo?
M.S.: Está en nuestro ADN. Las variedades autóctonas son el hilo conductor de todo nuestro catálogo, ya sea en monovarietales o en ensamblajes donde aportan personalidad, estructura y alma. Además, trabajamos activamente en recuperar variedades olvidadas, en reinterpretarlas desde el respeto, y en acercarlas al consumidor con honestidad. Porque detrás de cada uva hay una historia por contar, y nosotros queremos ser sus narradores.
P. Raíces Ibéricas exporta el 75% de su producción. ¿Cómo se cuenta un vino tan local fuera de su tierra?
M.O.: Con verdad. Con historias que nacen del paisaje, de las personas y del trabajo bien hecho. Pero también con una forma de contar diferente: cercana, accesible y natural. Cuando un vino nace del origen y se comunica con autenticidad, no hace falta traducirlo: se entiende, se valora y se comparte, esté donde esté.
P. ¿Qué papel juega la sostenibilidad en su estrategia?
M.O.: Nuestro compromiso con la sostenibilidad no es decorativo: es estructural. La certificación Wineries for Climate Protection reconoce una gestión integral que incluye eficiencia energética, ahorro hídrico, gestión de residuos y fomento de la biodiversidad. Y vamos más allá con la viticultura regenerativa, que pone el suelo en el centro. Trabajamos con cubiertas vegetales, sin tratamientos de síntesis, respetando los equilibrios naturales. Más del 60% de nuestra producción ya es ecológica y vegana, y seguimos ampliando la conversión, especialmente en Calatayud. Cuidar el suelo es cuidar el vino. Es una cadena de respeto que empieza en la raíz y termina en la copa.
P. ¿Cómo resumiría en una frase el espíritu de la nueva etapa?
M.S.: Lo nuestro es mirar donde nadie mira: al origen. A esas raíces que muchos pasan por alto y que para nosotros lo son todo. Desde ahí, llevamos al mundo vinos con verdad.
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