La “batería” de agua que sostiene la transición energética
Para la energía solar y la eólica en Catalunya el principal reto sigue siendo el mismo: ¿qué ocurre cuando el sol se esconde y el viento se calma?

Pantano de Susqueda. / cedida
Mientras se desarrollan baterias y otras tecnologías de almacenamiento, hoy son las centrales hidroeléctricas —y especialmente las de bombeo— las que actúan como gran “batería renovable”.
Una infraestructura discreta, muchas veces heredada de décadas anteriores, que vuelve al centro del tablero energético por una razón sencilla: sin capacidad para guardar electricidad, la transición no avanza. En esta ecuación, Endesa, a través de su filial de energías renovables EGPE, gestiona centrales hidráulicas y reversibles que permiten modular el sistema eléctrico: almacenan energía en horas valle y la devuelven a la red cuando se necesita.
La hidráulica vuelve a ser estratégica
La paradoja es conocida: la electricidad, tal y como la consumimos, no se almacena fácilmente. Puede transformarse en otras formas —baterías químicas, hidrógeno, calor—, pero hacerlo de forma masiva, barata y segura sigue siendo complejo. Ahí la hidráulica conserva una relevancia estratégica: no solo genera, también puede guardar energía en forma de agua en altura, lista para volver a ser electricidad cuando el sistema lo exige. Se trata de una de las soluciones de almacenamiento más maduras: tecnología robusta y capacidad de respuesta rápida. Todo apoyado en aprovechar la gravedad. Por eso, es bueno explicar que una central de bombeo se basa en dos embalses a distinta cota, conectados por conducciones y equipados con turbinas y bombas. Su funcionamiento se sincroniza con la red: en horas valle, cuando la demanda baja y suele sobrar generación renovable, la central consume electricidad para bombear agua del embalse inferior al superior. Es la fase de “carga” de la batería; y en horas punta —con más consumo, menos viento o ausencia de sol— el agua desciende desde el embalse superior, atraviesa las turbinas y genera electricidad que se inyecta al sistema.
Endesa, por ejemplo, señala retornos al medio cercanos al 99% del agua utilizada, lo que refuerza la idea de que el bombeo es sobre todo un sistema de gestión y recirculación del recurso hídrico. Todo ello condicionado, claro, por el contexto de sequía y la disponibilidad de agua. La palabra “estabilidad” suena técnica, pero en la práctica significa algo muy cotidiano: que no haya sustos (sí, como el del pasado abril). El sistema eléctrico necesita un equilibrio constante entre lo que se produce y lo que se consume. Si falla, surgen problemas de frecuencia y tensión, o se obliga a recurrir a generación de respaldo más cara y, a menudo, más emisora. En este terreno, las centrales de bombeo ofrecen ventajas difíciles de replicar, como su gran capacidad de almacenamiento, moviendo volúmenes elevados de energía, su flexibilidad y rapidez, que les permiten pasar en poco tiempo de estar paradas a producir; y que pueden “guardar” parte de la energía solar del mediodía para utilizarla al anochecer, o aprovechar rachas de viento nocturnas sin desperdiciar esa producción.
Mucho más que energía
En torno a las centrales hidráulicas se articulan también otros usos y funciones:
- Regulación de caudales y seguridad hidráulica, contribuyendo a laminar avenidas, mantener caudales ecológicos y ordenar el uso del agua.
- Usos recreativos y deportivos, con embalses integrados en la vida local como espacios para actividades al aire libre, pesca o deportes náuticos donde están permitidos.
- Atractivo turístico, gracias a paisajes de montaña, rutas ligadas al agua, miradores, centros de interpretación y patrimonio industrial.
- Dimensión cultural e histórica, como memoria viva de la electrificación del país y puente entre transición energética, empleo y territorio.
El papel de Endesa y las centrales reversibles
Endesa gestiona 61 instalaciones de generación eléctrica (hidráulicas, nucleares, de ciclo combinado y eólicas) en Cataluña. Operan centrales reversibles y complejos hidroeléctricos de referencia como Sallent–Estany Gento o Tavascan–Montamara, entre otros.
El rol de un operador no se limita a “tener” una central, sino a administrarla de forma integral. Hoy esa labor implica varias capas:
- Operación energética: decidir cuándo bombear y cuándo turbinar en función de la demanda, la producción renovable disponible y las necesidades de la red.
- Gestión del agua: coordinar niveles, caudales, seguridad hidráulica y requisitos ambientales en un escenario de mayor variabilidad climática.
- Modernización tecnológica: muchas obras hidráulicas se construyeron hace décadas, algunas hace más de un siglo, pero se mantienen en la vanguardia.
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