Violencia de género

El día a día de la violencia vicaria: "Mi ex usa a mis hijos como bombas contra mí"

El colectivo denuncia que a menudo los jueces desprotegen a sus hijos y los exponen al maltrato parental

Catalunya apuesta por por redoblar el control sobre los padres tras un divorcio

Un grupo de mujeres habla de la violencia vicaria que sufren

Historias de violencia vicaria / Vídeo: Elisenda Colell (entrevistas), Zowy Voeten (imagen y sonido) y Laly Chavarri (edición).

Elisenda Colell

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"Es como si estuviéramos en una guerra, mi ex usa a mis hijos como bombas para destruirme a mí. Y nadie hace nada para pararlo, las instituciones me han decepcionado, no me han protegido", se lamenta Patricia Rafart. Ella es una de las madres del colectivo Yo Sí Te Creo, una red de mujeres en Catalunya que dicen ser víctimas de violencia vicaria por parte de sus exparejas. Forman parte de la plataforma estatal de Madres Protectoras, claves en los dos congresos estatales de violencia vicaria que ha organizado el Ministerio de Igualdad y que ha puesto el foco en los efectos de la violencia vicaria rutinaria, más allá de los casos extremos que terminan en asesinatos. Tras los últimos casos de menores muertos a manos de su padre para herir a la madre, estas mujeres decidido contar su historia para mostrar la violencia que ejercen sus exmaridos hacia los hijos que tienen en común. El colectivo denuncia desprotección judicial hacia sus hijos, que a menudo quedan expuestos al maltrato parental. Una tesis que también comparte la conselleria de Feminismes, que ya ha reconocido a muchas de ellas como víctimas de violencia institucional.

Mujeres relatan sus vivencias sobre violencia vicaria a El Periódico.

Isabel Martínez relata sus vivencias sobre violencia vicaria a El Periódico junto a otras mujeres que están en la misma situación. / ZOWY VOETEN

Patricia se dio cuenta de que su marido la maltrataba cuando la despidieron del trabajo en 2012. "Me di cuenta de sus 'eres una inútil', 'todo lo haces mal'... lo tenía muy normalizado. Me manipulaba para hacerme sentir culpable y no quería que mis hijos crecieran así". Llevaban 16 años de matrimonio. "Quise dejarlo por los niños... y pensé: 'Si tiene que petar, que pete'". Cuando ella le habló de la sepatración, él la agarró por el brazo izquierdo y le propinó un puñetazo en el pecho. "Me quedé en 'shock'". Patricia escapó a casa de una amiga y, cuando contó lo ocurrido a sus padres, decidió denunciar a su marido. Los hematomas que le causó fueron claves para condenarlo. Le impuseron una orden de alejamiento durante dos años.

"Después de la condena abrimos el proceso de divorcio", sigue Patricia. Y allí ocurrió lo inimaginable. Los juzgados de familia atribuyeron una custodia exclusiva al padre, condenado por maltrato, hasta que terminara la orden de alejamiento y, a partir de ahí, decretaron custodia compartida. Una resolución que ratificó la Audencia Provincial de Barcelona. Los jueces lo justifican en que el padre 'solo' había pegado a la madre, no a los niños. De hecho, en la sentencia, piden "cordura" y "coordinación" entre víctima y maltratador. "Tu estás con miedo, sabes cómo es él y cómo va a reaccionar", cuenta la madre al recordar cada vez que le tocaba entregar a los niños. Al volver, las conductas violentas y agresivas de los niños iban a más, relata ella. "Mi odio es hacia la institución, no hacia mi ex", prosigue la mujer.

Maltrato normalizado y abusos

"Yo jamás me atreví a denunciarle", explica C, otra madre. "Ahora me doy cuenta de que fue él quien me llevó a una depresión profunda: te come la cabeza diciéndote que nadie te quiere, que no eres nadie sin él, me aisló para que rompiera el contacto con mis amigos y hermanas...", sigue la mujer, que pide anonimato. "Si planteaba una separación siempre me decía lo mismo: 'Te quitaré a los niños, estás sola, no podrás cuidarles'", cuenta la mujer, quien sospecha que su marido la medicaba a escondidas. También Matilda se da cuenta ahora por lo que pasó. "Claro que vivía situaciones de violencia: no le puedes contradecir, golpeaba el mobiliario... le tenía miedo y no era consciente". "Tú lo normalizas, lo justificas y le excusas. Tapas la violencia hacia el exterior", añade Isabel Martínez, otra madre afectada que se divorció también por el maltrato que sufría. "Me sentía como un mueble".

Patricia Rafart, una víctima de violencia vicaria, habla con El Periódico.

Patricia Rafart, una víctima de violencia vicaria, habla con El Periódico. / ZOWY VOETEN

Matilda, Silvia y C. decidieron separarse de sus maridos cuando se dieron cuenta de que el maltrato afectaba a sus hijas. Y lo hacía también en forma de abusos sexuales, según apuntan ellas. A C. la niña le hizo la primera revelación a los 4 años. El equipo especializado de Sant Joan de Déu dio validez al relato de la niña. Matilda también se percató de una actitud sexualizada de su hija, que luego, tras la separación, vino acompañada de dolores en los genitales. Para Silvia Aquiles, en cambio, la violencia y el conflicto con su ex siempre ocurrió después de la ruptura. Ella escapó de casa también a raíz de las revelaciones de tocamientos que le hicieron sus hijos. "Aquí empezó una guerra contra mí, él los usa para hacerme daño", afirma.

Archivados por falta de pruebas

Estas cuatro madres denunciaron los abusos entre 2012 y 2015. Algunas de ellas consiguiron órdenes de alejamiento de los padres de forma preventiva. Finalmente, los casos terminaron archivados por falta de pruebas. Las madres denuncian el papel de la unidad de abusos sexuales de entonces, la UFAM de Sant Joan de Déu, y los equipos de asesoramiento técnico de Justícia, por no escuchar ni tener en cuenta las demandas de los niños. "Te tratan de exagerada, de madre loca", cuenta Matilda, que denunció los abusos en 2013, cuando su hija niña tenía 3 años. "Te sientes juzgada en todas partes, nadie te cree", dice. Todas asienten.

El archivo de estas causas no ayudó al posterior divorcio. "Te tachan de mala madre, de mujer manipuladora", se queja Isabel. "A mí me aplicaron el falso síndrome de alienación parental, el SAP", insiste Aquiles mostrando sus sentencias. El uso de esta figura -madre que manipula a los niños para ponerlos en contra del padre- está prohibida hoy. "Pero les da igual, aplican otras palabras para venir a decir lo mismo: que somos malas, que ponemos a los niños en contra de los padres. El tema es que un maltratador no puede ser un buen padre", mantiene Isabel, cuya hija regresaba con golpes tras las visitas paternas.

Reclaman que sus hijos e hijas no sean sometidos a la violencia de sus progenitores varones.

Reclaman que sus hijos e hijas no sean sometidos a la violencia de sus progenitores varones. / ZOWY VOETEN

La postura del Govern

La ley estatal de violencia machista ya no permite estas sentencias de divorcio. Si hay condenas o sospechas de maltrato, no se puede permitir la custodia del padre sobre los niños. "Sabemos que un maltratador no es un buen padre, pero los jueces siguen permitiéndolo", lamenta Laia Rosich, directora general contra la erradicación de las violencia machista de la Generalitat. Rosich confía en que el nuevo modelo Barnahus contra la violencia sexual infantil permita probar muchos de estos casos. También insiste en que es esencial la formación en perspectiva de género obligatoria a todos los magistrados, también los de familia. De no hacerse, dice, "se expone a los menores a más violencia y riesgo", se queja.

A partir de estos archivos, empezó la guerra judicial para arrebatar los niños a estas mujeres. "Es su forma de hacernos sufrir", resume Aquiles. Todas estas mujeres han estado varios años viendo a sus hijos en los puntos de encuentro parental, un lugar creado por la administración al que han llegado tras sucesivas denuncias de los padres. "Yo estuve un año y miedo sin ver a mi hijo y tenía dudas de si se iba a acordar de mí. Sientes que los niños están muertos en vida... y tú también", recuerda Aquiles entre llantos. Ahora los ve los fines de semana alternos. "La sensación es la de estar en una jaula", sigue Isabel. A Patricia le reprocharon que no sabía dominar a su hija. "Pero a la vez dejan que se vayan con auténticos psicópatas, el sistema lo permite", se queja.

Silvia Aquiles, una víctima de violencia vicaria en Catalunya, le dice a El Periódico: "pienso que seremos las siguentes".

Silvia Aquiles, una víctima de violencia vicaria en Catalunya, le dice a El Periódico: "pienso que seremos las siguentes". / ZOWY VOETEN

Secuelas

"Debes tragar, la sensacion de indefensión es muy grande", dice C., arruinada por la pensión que debe abonar al padre de su hijo, las costas judiciales y los pagos a los abogados. "Vivo con 300 euros al mes, no puedo luchar más en los juzgados". "Estamos todas arruinadas y desquiciadas, tienes que ser muy fuerte", explica Isa. Patricia recuerda el día que no pudo más y optó por tomarse una caja de diazepanes para olvidarse de todo. "Sentía que no podía más: fue mi gran error, aquello me situó a su nivel. El esfuerzo que debes hacer por mantener la cordura es enorme", sigue Patricia.

El hijo de Patricia está repitiendo las actitudes violentas del padre. "Da golpes a todo cuando se enfada, es muy violento, da puñetazos contra la pared o el sofá... y le cuesta mucho salir de casa", sigue la madre, que al final se quedó con el niño porque finalmente el padre renunció a la parentalidad. "Delante de él me dijo: 'Te lo regalo'", cuenta ella. Su hija, ya mayor de edad, se está dando cuenta de lo ocurrido. "Se ha cambiado el orden de los apellidos y me ha pedido perdón", cuenta ella.

Una jaula en vida

"Yo sentía que tenía que sacar a mi hija de allí: él perdía los papeles, amenazaba con suicidarse... Tenía miedo de que la tirara por el balcón un día", sigue Matilda. Ella ha esperado, paciente. Hace seis meses, su hija, ya con 11 años, escapó de casa del padre y se fue a vivir con ella. La niña escribió una carta, que ha trasladado a El Periódico. "Ha sido durísimo, pero ahora mi hija ya tiene su propia voz".

Isabel también vive como una victoria poder ver a su hija los fines de semana alternos. "Te sientes no-madre: les has regalado tus hijos a un maltratador y tú no has estado allí para ellos". Ahora, la menor le suelta frases que hielan la sangre. "¿Me vas a buscar un papá bueno?" "No tengas novios, mama". "Estoy pagando la prisión que el papa no pagará nunca'" le dice también la hija de C. durante las pocas horas que puede verla. Tras los últimos asesinatos vicarios, estas mujeres han creado una auténtica barrera emocional. "Yo no puedo pensar en ello, no puedo permitirme estar mal", dice C. "Debemos aislarnos al máximo de todo esto si queremos seguir viendo a nuestros hijos".

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