Cristina Taverner y Marta González: «El futuro del diseño seguirá siendo profundamente humano»
Cristina Taverner, vicerrectora de la UVic-UCC y decana de Elisava durante el curso 2025-26, y Marta González, actual decana del centro, reivindican el diseño como una herramienta para transformar la industria y la sociedad, frente a la aceleración tecnológica.

Taller de diseño gráfico en un aula de Elisava, Facultad de Diseño e Ingeniería de Barcelona.
Cristina Taverner, vicerrectora de Formación Continua de la UVic-UCC y decana de Elisava durante el curso 2025-26, y Marta González, actual decana del centro, reivindican el diseño como una herramienta para transformar la industria y la sociedad. Frente a la aceleración tecnológica, defienden una formación capaz de combinar creatividad, investigación y oficio. Opinan que la universidad debe ser un punto de encuentro entre talento, investigación y empresa. Ya no basta con formar buenos profesionales: se necesitan personas capaces de entender los problemas complejos, innovar y generar impacto. La investigación, además, debe estar conectada con las necesidades reales de la sociedad y de la industria. Y en este contexto, Catalunya tiene un enorme potencial creativo. El reto es conseguir que ese talento crezca aquí, se conecte con el tejido productivo y tenga proyección internacional, un objetivo al que Elisava busca contribuir combinando creatividad, tecnología, pensamiento crítico y una mirada humanista.
—Hace tiempo que el diseño dejó de ocuparse únicamente de la forma de los objetos. ¿Qué significa hoy diseñar?
—Significa entender una realidad y tratar de transformarla. Un diseñador ya no piensa solo en productos: trabaja sobre espacios, servicios, experiencias o sistemas. Y antes de ofrecer una solución debe saber formular las preguntas adecuadas. Por eso nuestros estudiantes trabajan con retos reales planteados por empresas e instituciones. Investigan, prototipan, experimentan y validan propuestas. El objetivo es que comprendan que cualquier decisión de diseño tiene consecuencias sociales, ambientales y económicas.
—En ese contexto, la inteligencia artificial y la fabricación digital están cambiando las reglas del juego. ¿Qué lugar queda para el oficio?
—Un lugar fundamental. La innovación no nace de sustituir el oficio por la tecnología, sino de hacerlos dialogar. En nuestros talleres y laboratorios conviven procesos artesanales, materiales, impresión 3D, fabricación digital e inteligencia artificial. La tecnología amplifica las posibilidades del diseñador, pero no sustituye su criterio. Una herramienta puede generar soluciones con enorme rapidez, pero sigue siendo necesario decidir qué problema queremos resolver, para quién y con qué consecuencias. Las manos continúan siendo tan importantes como los algoritmos.
«La IA y la innovación no nace de sustituir el oficio por la tecnología, sino de hacerlos dialogar»
—La investigación en nuevos materiales es otro de los ámbitos en los que Elisava está trabajando. ¿Hacia dónde se dirige?
—Cada vez pensamos menos en desarrollar simplemente nuevos productos y más en repensar la manera de producirlos. Investigamos materiales sostenibles, ecodiseño, biofabricación, salud, transformación urbana y nuevas tecnologías aplicadas a los procesos productivos. Uno de los campos es el de los ecomateriales: explorar cómo determinados residuos pueden convertirse en nuevos materiales biodegradables y formar parte de una economía más circular. También la inteligencia artificial, la fabricación aditiva y el análisis de datos pueden ayudarnos a producir mejor y utilizando menos recursos.
—¿La sostenibilidad ha dejado definitivamente de ser una opción?
—Sí. No debería entenderse como una asignatura o como una especialidad, sino como una forma de abordar cualquier proyecto. Desde el principio hay que preguntarse qué recursos consume una propuesta, cuál será su ciclo de vida, qué impacto tendrá y qué valor aporta realmente. El diseño tiene una capacidad extraordinaria para intervenir en algunos de los grandes retos contemporáneos porque conecta producción, tecnología, comportamiento y experiencia. Pero esa capacidad implica también responsabilidad. Cada decisión de diseño contribuye a definir el futuro que estamos construyendo.
—¿Qué profesionales buscan hoy las empresas?
—Perfiles mucho más híbridos. Personas capaces de entender la tecnología, pero también el comportamiento humano; de interpretar datos, pero también necesidades y emociones; de trabajar con distintas disciplinas y desenvolverse en entornos complejos. La inteligencia artificial hará todavía más accesibles muchas herramientas. Precisamente por eso ganarán valor capacidades que no son tan fáciles de automatizar: el pensamiento crítico, la creatividad, la empatía, el criterio ético o la capacidad de formular buenas preguntas. Más que especialistas, necesitaremos profesionales curiosos, adaptables y capaces de aprender continuamente. El factor diferencial seguirá siendo profundamente humano.
—Barcelona y Catalunya han construido una importante reputación internacional alrededor del diseño. ¿Está garantizado ese liderazgo?
—Ningún liderazgo está garantizado. Hay que renovarlo constantemente. Debemos ser capaces de atraer y retener talento, reforzar la colaboración entre universidades, centros de investigación y empresas, aprovechar las nuevas tecnologías sin perder la mirada humanista y avanzar hacia modelos productivos más sostenibles. Barcelona tiene una combinación muy singular de cultura, industria, emprendimiento y creatividad. El reto no consiste únicamente en conservar ese legado, sino en construir el liderazgo que necesitaremos dentro de veinte años.
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