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Mayores y sexualidad

Una residencia de Barcelona 'saca del armario' a sus mayores LGTBI+: "Ha hecho falta mucha pedagogía"

La Generalitat otorga la primera distinción de ‘Residencia Comprometida con la diversidad LGBTI+' a un centro de Barcelona que ha adoptado medidas para garantizar los derechos del colectivo; desde adaptar baños a formar al personal

"Cuando entran en residencias, muchas personas mayores LGTBI vuelven a esconder quiénes son, después de años de libertad"

La residencia Gran Gràcia de Barcelona, primer distintivo de la Generalitat de inclusión LGTBI

La residencia Gran Gràcia de Barcelona, primer distintivo de la Generalitat de inclusión LGTBI / FOTO: JORDI OTIX | VÍDEO: EFE

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Pau Lizana Manuel

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Barcelona
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Hace años que en la residencia de gente mayor de Gràcia se dieron cuenta de que algunos de sus residentes no podían vivir plenamente su identidad: las personas del colectivo LGTBTI+ volvían, en la recta final de su vida, a un armario del que habían conseguido salir en contextos especialmente difíciles. Es por eso que la directora de esta residencia pública de Barcelona, Maite Frías, tomó la iniciativa para convertir su centro en una referencia en el respeto de los derechos de las personas de este colectivo en la tercera edad. Este martes, la Generalitat le ha reconocido el trabajo con la primera distinción de ‘Residencia Comprometida con la diversidad LGBTI+.

En el acto de entrega, al que han acudido el conseller de Drets Socials i Inclusió, Raúl Moreno y la consellera d’Igualtat i Feminisme, Eva Menor, la gran protagonista ha sido Carme Coromina, la única residente del centro que forma parte del colectivo y una de las personas que más ha celebrado la labor de la residencia por obtener el reconocimiento de la Generalitat. A sus 89 años, Carme sigue definiéndose como enfermera –un título que para ella permanece mucho más allá de la jubilación– y se reivindica como naturalmente lesbiana: “Soy una mujer a la que le gustan las mujeres, ¿no es tan complicado de entender, no?”, ha lanzado en conversación con EL PERIÓDICO.

La residencia de Gràcia ha combatido con éxito el fenómeno de 'volver al armario': muchas personas LGTBI+ ocultan su sexualidad por miedo al qué dirán cuando entran en centros geriátricos

El carácter directo de Corominas no le es nuevo. Desde “muy jovencita” militó en espacios feministas como Ca La Dona. De sus años como activista, recuerda especialmente su proceso de “liberación personal”. “Dejamos de ser amas de casa, empezamos a hacer otras actividades por el barrio… Eso me ayudó mucho a sentirme persona”, resume.

Algo natural

Más tarde, tras un matrimonio de 25 años con un hombre y dos hijos, Corominas se enamoró de una mujer, y aunque asegura que “nunca tuvo que salir de ningún armario”, dejó su anterior vida atrás. “Me di cuenta que eso era lo que me hacía feliz, y me satisfacía, más que un hombre”, celebra. “Pero no me separé por eso, me separé por otras cosas”, se apresura en matizar. Desde entonces, ha vivido su sexualidad como algo muy natural y no dejó de hacerlo cuando, hace tres años, entró en la residencia.

Ayudó que la directora Frías ya tuviera entre ceja y ceja hacer de este centro público un punto de referencia para el colectivo. La idea, explica ella misma, surgió de un estudio que planteó la anterior psicóloga de la residencia, que se dio cuenta de que muchas de las personas LGTBI+ que entraban en el centro ocultaban su sexualidad por temor a lo que podrían pensar los otros residentes. Desde entonces, se pusieron manos a la obra y, de hecho, esta residencia de Gràcia ya fue la elegida por la Generalitat para presentar la ‘Guía práctica para incorporar la perspectiva LGTBI+ en las residencias y otros centros y recursos para personas mayores’.

La aplicación de esta guía es lo que, tres años más tarde, le han valido el distintivo. El documento detalla 10 puntos que van desde la adaptación de los baños y los vestuarios de trabajadores y residentes hasta la inclusión de un referente LGTBI+ en el centro. Ese es el título que hoy ocupa Alberto de Fàbregas, que da fe de los cambios que se han ido implantando en la residencia. “Una residente nos preguntó, con algo de miedo, si podría traer a su mujer de visita y nosotros la ayudamos a llevarlo todo con más naturalidad”, resume.

Mucha pedagogía

La naturalidad de la sexualidad de las personas mayores con la que Corominas vive ahora en la residencia no se dio de un día para otro. “Ha hecho falta mucha pedagogía con los trabajadores, los residentes y las familias”, explica Frías. Muchas de las personas que hacen vida en la residencia no han convivido con la realidad LGTBI+ antes de entrar en la residencia y necesitan cierto tiempo y trabajo con los profesionales del centro para adaptarse a la nueva realidad.

La paciencia poco a poco da sus frutos. Lo explica Antonio García, uno de los residentes del centro, que admite que ha bajado al acto de entrega de la distinción “por casualidad”. Sabe que lo que va a ver tiene que ver con los derechos LGTBI+ y aunque reconoce que el es “antiguo”, trata el tema con cierta naturalidad. “Hay que respetar, yo no tengo ningún problema”, asegura este hombre oriundo de Almería que se ha convertido en una especie de celebridad en la residencia desde que el president, Salvador Illa, se lo llevó a conocer el pati dels Tarongers tras una visita que hizo al centro.

2.600 trabajadores formados

En el acto de entrega de la distinción, el conseller Moreno ha asegurado que la idea es que todas las residencias públicas o de gestión delegada --aquellas que dependen de la Generalitat pero que regentan su día a día las entidades sociales-- acaben obteniendo esta distinción. "En los próximos meses veremos que la consiguen muchas más", ha asegurado el conseller. En este sentido, el titular de Drets Socials ha asegurado que ya se han formado en derechos LGTBI+ a más de 2.600 trabajadores de estos centros. "Las personas que entran a las residencias lo suelen hacer con dudas, y tienen que poder expresar su amor y su afecto como lo hacían antes", ha defendido.

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