CRÍTICA
'Sobre Dios. Pensar con Simone Weil', de Byung-Chul Han: lo espiritual como palanca del alma
En su último libro, el filósofo de moda se mimetiza con la pensadora para hablar de Dios

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han. / Isabela Gresser
El filósofo de moda Byung-Chul Han (Seúl, Corea del Sur, 1959) se compenetra, se mimetiza con Simone Weil en 'Sobre Dios. Pensar con Simone Weil' y la encumbra para hablar de algo, hasta hoy, incómodo. Dios. En esta sociedad secularizada, salvo Rosalía mediante, es valiente elegir intelectualmente la espiritualidad para explicarnos a nosotros mismos. Se trata de una lectura constructiva, de un tributo y de una reflexión filosófica que es un bálsamo para el alma.
A pesar de ser de origen coreano, Byung-Chul Han estudió en la Universidad de Friburgo, la catedral de la filosofía alemana y se doctoró, para más inri, con una disertación sobre uno de sus popes, Martin Heidegger. A la vista está que a Han no le convenció demasiado y encontró en Simone Weil la luz que buscaba. Se establece una relación literaria casi mística. En la que el resultado es una simbiosis de los dos.
Ambos se rebelan contra el filósofo bigotudo de la sospecha, enmiendan a Nietzsche, y proclaman que no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano. Quien, abandonando su dimensión espiritual, consume y corre hacia la nada. No presta atención. Se atiborra de una dieta hipercalórica en las redes sociales de naderías y se declara amante de la opulencia 'low cost'. Fardar de imitación barata para vivir la ilusión de nuevo rico. Vacío existencial.
Cambiar la mirada
Hay que cambiar la mirada, recomendó Weil. Tanto hacia uno mismo como hacia los otros, hacia lo espiritual, que es atención, la palanca del alma que se convierte en creación.
Han y Weil desvelan que la belleza pura es Dios, fuera de la inmanencia del sujeto de la estética Kantiana
Y valorar la espera, que es la pasividad activa del pensamiento, que nos lleva a la humildad, que linda con lo trascendental. Saber esperar, esforzarse en la atención, tiene su recompensa para acercarnos a la descreacion, alejándonos del apego a nosotros mismos, para darnos a los otros. Para entender el mundo, sin nuestro sesgo. Una mirada limpia y pura, sin prejuicios. Renunciar al ego para dejar de someter al prójimo y a nuestro planeta.
Contemplar la belleza del instante, sin apriorismos. Han y Weil desvelan que la belleza pura es Dios, fuera de la inmanencia del sujeto de la estética Kantiana. La belleza es un atributo divino, dice Platón. Que es accesible con contemplación y espera, según Weil. Una verdad revelada en el arte. Pero ahí el dolor que lo cataliza todo y hace aflorar nuestra esencia.
Vivimos en una sociedad falsa, algofóbica que penaliza al que sufre, huyendo de lo feo, en una aparente felicidad inalterable basada en el 'like', el me gusta, y el aplauso como respuesta precoz. Aislados en la X a despejar por el álgebra de la vida. Tanto tienes tanto vales. Sí se puede remediar, alejando el ruido, penetrando en nuestro silencio. Hugo von Hofmannsthal decía que “las palabras se han antepuesto a las cosas”. Pues eso, falta substancia. Lean, lean.

Sobre Dios. Pensar con Simone Weil
Byung-Chul Han
Traducción de Lara Cortés Fernández
Ediciones Paidós
144 páginas. 14,90 euros
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