LEPIDÓPTERO FORESTAL

Procesionaria sin límites

Las favorables condiciones meteorológicas favorecen una gran expansión de la plaga

Unas 100.000 hectáreas, el 15% de los pinares de Catalunya, se encuentran afectados

Pinos defoliados por efecto de la procesionaria en el municipio de Tremp, en el Pallars Jussà.

Pinos defoliados por efecto de la procesionaria en el municipio de Tremp, en el Pallars Jussà. / ACN / MARTA LLUVICH

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Antonio Madridejos
Antonio Madridejos

Periodista

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La  procesionaria, un lepidóptero que afecta especialmente a los pinos, muy conocido por las filas o procesiones que forma en el suelo y por las bolsas colgantes en las ramas de los árboles, alcanza esta temporada en Catalunya la mayor expansión de posiblemente las dos últimas décadas debido a las temperaturas muy suaves de los últimos otoños, el momento crítico en el desarrollo de las orugas. En el Berguedà, el Solsonès, el Bages y el Moianès, que se cuentan entre las comarcas más afectadas, se pueden observar extensiones de pinos defoliados, con un característico color pardo, y numerosos ejemplares jóvenes moribundos o incluso muertos. En total, se estima que hay 100.000 hectáreas con procesionaria repartidas por toda Catalunya, aproximadamente el 15% de los pinares catalanes, y 10.000 con una afectación grave.

Aunque la mayoría de los pinos rebrotarán cuando las condiciones meteorológicas vuelvan a la normalidad, la procesionaria es un grave problema por las afectaciones que causa a las personas en forma de reacciones alérgicas y urticarias, tanto por contacto directo como por el aire, así como a perros y al ganado. Unos pinos afectados en el patio de un colegio pueden obligar a suspender las clases o a parar unas obras que se realicen al aire libre.

MAL AÑO

“Me temo que vamos a tener un año con mucha procesionaria”, considera Jorge Heras, jefe de Planificación de la Direcció General de Forests (Departament d’Agricultura de la Generalitat). Heras explica que la clave para favorecer la expansión del insecto es que no haga frío en otoño, puesto que es la estación en que se encuentran en la fase de oruga más vulnerable. Si hace calor, como ha sucedido durante los dos últimos años, sobreviven en gran número y tejen los característicos nidos colgantes o bolsones donde pasan el invierno. Luego, hacia febrero y marzo, descienden de los árboles y forman las procesiones. En el Berguedà, como explican varios vecinos, esta fase se ha adelantado y ya es posible observarlas en gran número por el suelo. Finalmente, las orugas se entierran en el suelo para construir un capullo que acabará dando lugar a una polilla o mariposa.

Sin negar la gravedad del problema, el especialista en gestión forestal precisa que los pinares cercanos a las carreteras son los que se encuentran en peor estado porque son los que reciben una mayor insolación y, por tanto, gozan de temperaturas superiores. También sufren mucho la plaga los pinos jóvenes de repoblación o los que están colonizando antiguas zonas agrícolas. Las especies más afectadas son el pino salgareño y el pino albar, aunque en las comarcas más costeras se observan también en pino piñonero y pino carrasco.

¿Y si la tengo en mi jardín?

Al margen de los grandes bosques, la procesionaria también puede llegar a urbanizaciones, jardines y otras zonas pobladas donde no se puede fumigar. En estos casos, Heras explica que "un particular puede eliminar él mismo las bolsas retirándolas y quemándolas, teniendo mucho cuidado con los pelos urticantes". Si dispone de carnet de aplicador de productos fitosanitarios, también puede tratar los pinos "con productos químicos o biológicos autorizados". Si no es así, lo mejor es contactar con una empresa especializada. "Aunque con eficacia más limitada o a más largo plazo", concluye el especialista, se pueden usar otras técnicas, como la instalación de cajas-nido para pájaros y murciélagos, trampas con feromonas, barreras físicas (anillos) en los troncos y endoterapia con insecticidas.

INSECTICIDAS BIOLÓGICOS

Para hacer frente al problema, el Departament d’Agricultura se vio obligado a realizar en otoño dos campañas aéreas de fumigación, una práctica poco habitual en los últimos tiempos debido a las normativas ambientales. De hecho, la Unión Europea solo las permite en contadas ocasiones “y siempre con insecticidas biológicos”, precisa Heras. Lo habitual es emplear una bacteria natural del suelo, Bacillus thuringiensis, en una cantidad aproximada de tres litros por hectárea. “Cuando la larva se la come, en su estómago se forma una reacción que le ocasiona la muerte”, prosigue. Se fumigaron en aquel entonces 7.000 hectáreas de cinco comarcas (Pallars Jussà, Alt Urgell, Cerdanya, Solsonès y Alta Ribagorça), aunque vista la evolución parece que no ha sido suficiente. Las zonas tratadas por medios aéreos tienen que estar alejadas al menos 100 metros de los núcleos habitados, lo que a veces dificulta el control.

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El objetivo no es erradicar la procesionaria, algo imposible, sino realizar un control poblacional. “El problema no es cuando hay procesionaria, sino cuando hay mucha”, insiste el especialista de Agricultura. De hecho, la procesionaria es una plaga autóctona que incluso desempeña un papel beneficioso en el ciclo biológico puesto que, por ejemplo, sirve de alimento para aves y murciélagos. “El problema es que, en determinadas circunstancias, como ahora con dos años muy cálidos, las poblaciones aumentan y se convierten en una plaga”, insiste.

Las previsiones del cambio climático muestran una progresiva reducción del número de heladas, lo que equivale a condiciones más favorables para la plaga. Así que no queda más remedio que buscar alternativas de gestión forestal. “Los esencial es mejorar la vitalidad de los bosques para hacerlos más resistentes”, sistetiza Heras. Una opción, pone como ejemplo, es reducir el número de pies por hectárea, lo que a su vez serviría para mitigar los efectos de los incendios. “Cuando los árboles son más vulnerables no solo lo son a la procesionaria, sino a todo: a los hongos, al fuego, a los vendavales…”, concluye el especialista de Agricultura.