Ir a contenido

LA ESTRATEGIA DEL LÍDER DE JXCAT

Los vaivenes de Puigdemont

El 'expresident' ha demostrado a lo largo de su carrera su capacidad para adaptar su criterio

La hoja de ruta y las candidaturas posconvergentes, principales ejes de las oscilaciones

Fidel Masreal

Manifestantes independentistas en Estrasburgo, el día de la constitución del Parlamento Europeo, el pasado 2 de julio, con pancartas de Puigdemont.

Manifestantes independentistas en Estrasburgo, el día de la constitución del Parlamento Europeo, el pasado 2 de julio, con pancartas de Puigdemont. / EFE / PATRICK SEEGER

No anda la política sobrada de coherencias, en ninguna de sus latitudes ideológicas. En el caso del 'expresident' Carles Puigdemont, desplazado a Waterloo (Bélgica), desde su huida secreta tras la declaración de independencia, la lista de cambios de criterio no es corta. Quienes bien le conocen afirman que se trata de un líder inquieto que a menudo disfruta más pariendo proyectos que dándoles continuidad. Que se cansa rápido, en definitiva.

Puigdemont está ultimando un libro en el que desplegará toda su gestión desde que fue nombrado 'president' y que mostrará, según sus propias palabras, "el sentido profundo" de sus "acciones y decisiones". Es bueno repasar alguna de estas acciones y decisiones en los últimos tres años de intensa convulsión política en Catalunya.

En bermudas a Vietnam

Pocas semanas después de ser investido, Puigdemont confesaba a propios y extraños que no pretendía ser candidato en las siguientes elecciones. Que por la forma de ser elegido -a dedo, por parte de Artur Mas, ante el veto de la CUP a este último-, la duración de la legisltura y la dinámica de los nuevos liderazgos, no pretendía ser cabeza de cartel. Y también por motivos familiares. Nunca se quedó a vivir en Barcelona durante su mandato. "Además, así queda claro que lo que hago políticamente no es por cálculo electoral", insistía meses más adelante. Y a Mas le puso como condición, más de una vez, que su mandato tenía como condición no repetir.

Siempre marcó distancias con su liderazgo: "Es como si estás haciendo surf en California y te cogen con un helicóptero, todavía con las bermudas puestas, y te llevan directamente a la guerra de Vietnam". La realidad es conocida: Puigdemont fue candidato para el 21-D del 2017. Adujo la situación excepcional por la aplicación del artículo 155 de la Constitución y que el trabajo soberanista estaba a medio hacer.

La hoja de ruta... mojada

Uno de los primeros cambios de guion que ejecutó el 'president' Puigdemont, y no menor, fue el de desobedecer su propio programa electoral, la llamada hoja de ruta hacia la independencia. El compromiso electoral de Junts pel Sí era claro: una declaración unilateral de independencia (DUI) como final del camino de un mandato breve de 18 meses. En su primera entrevista a TV-3, Puigdemont dijo que no, que no habría tal DUI, porque no estaba en el programa. ERC respondió recordando que sí, que eso era lo prometido por escrito a los electores que dieron la victoria al independentismo -pero no la mayoría absoluta en votos, como se pretendió en esos comicios llamados plebiscitarios- y finalmente se llegó a un pacto salomónico: habría una declaración "de intenciones". Y el rumbo de la navegación siguió adelante.

Fiel al partido... a su medida

Puigdemont participó en primera fila en el congreso de refundación de Convergència, llamado inicialmente Partit Demòcrata Català. En esos momentos, su apuesta era clara: abandonar todo aroma de pujolismo y basar la fuerza del partido en el territorio, en las bases y estar dispuestos incluso a perder las siguientes autonómicas. Cuando en el 2017 aceptó ser candidato, forjó a su medida una candidatura en la que la premisa era todo lo contrario: cuantos más independientes sin carnet del partido, mejor. Esa pugna con las bases territoriales del PDECat está en el origen de la tensión actual entre Puigdemont y sus fieles (fieles en el Parlament, en el Congreso y en varios centros de poder locales) y la cúpula del que todavía es su partido.

Apuestas personales que caducan

Puigdemont avaló en un wasap la candidatura de Neus Munté por el PDECat a la alcaldía de Barcelona... poco antes de que apostara claramente por una candidatura más mediática. Lo cierto es que las apuestas iniciales del 'expresident' no han sido todas exitosas. Escogió a Albert Ballesta como sucesor para la alcaldía de Girona, lo cual obligó a hacer correr la lista electoral, pero este duró dos meses en el cargo. Lo que parece claro, con defenestraciones como la de Marta Pascal en el partido o Carles Campuzano en el Congreso, es que no acepta bien a quien le cuestiona su estrategia. Y que procura -ahí sí hay coherencia- fichar a perfiles ajenos a su partido, aunque esto genere grandes incomodidades internas.

'Volver a trabajar' al día siguiente

Sin duda, la gran controversia de la carrera política de Puigdemont tiene que ver con los hechos de octubre del 2017. Él mismo sostenía un año antes que si era inhabilitado, volvería a trabajar el día siguiente. El caso es que no solo él, sino todo el Govern fue suspendido el 27 de octubre, y lo que hizo Puigdemont fue irse a Girona primero -paseándose por el centro de la ciudad públicamente- y a Bruselas después, esta vez ya de forma clandestina. El plan era ir a trabajar el lunes 30 a los despachos el lunes , como hizo el 'conseller' Josep Rull. En la reunión de la dirección del partido de Puigdemont, Pascal, entonces líder, dijo a los presentes que Puigdemont se retrasaba unos minutos... Desconocía por completo la huida.

Una desconexión no tan consensuada

El expresidente de la Generalitat defiende toda su gestión durante el período previo al referéndum, incluidas las leyes de desconexión. Lo cierto es que, tal y como publicó EL PERIÓDICO, Puigdemont estaba de acuerdo en frenar la ley de transitoridad jurídica (la que definía qué hacer tras el referéndum para la proclamación de la independencia). Buena parte del soberanismo, incluidos expertos juristas, admiten ya que esas dos jornadas del 6 y 7 de septiembre en el Parlament, con una gran bronca y división en la aprobación de las leyes del referéndum y de transitoriedad, no pasarán a la historia de la democracia y el buen hacer.

La mediación inexistente

Puigdemont solo ha hecho una autocrítica clara respecto a los hechos de octubre: se arrepiente de no haber proclamado la independencia antes. En concreto, el 10 de octubre, cuando convocó al pleno del Parlament ante la mirada de medios de comunicación de todo el mundo. Ese pleno comenzó tarde. La excusa fue una supuesta mediación internacional, según la versión oficial. Mediación que nunca existió, más allá de unas palabras del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, pidiéndole explícitamente a Puigdemont que no declarara la independencia. Puigdemont la proclamó y ocho segundos después la congeló, lo cual provocó un conflicto emocional en buena parte del movimiento independentista.

Convocar elecciones o no

No es ningún secreto: Puigdemont quería convocar elecciones y lo anunció la noche del 25 al 26 de octubre. Los pactistas y partidarios de los comicios le reprochan que lo anunciara con tantas horas de antelación. Dio tiempo a que ERC se rebelara y a que, en la reunión matutina del día 26 en el Palau de la Generalitat con su grupo parlamentario, diputados como Toni CastellàJoan Ramon Casals (hoy jefe de Gabinete del 'president') y Albert Batalla (entonces alcalde de La Seu d'Urgell) montaran en cólera. Y el líder de ERC, Oriol Junqueras, no le defendió. Únase a ello la manifestación en la plaza de Sant Jaume con gritos de "traidor" contra Puigdemont. En paralelo, la falta de garantías del Gobierno de Mariano Rajoy de que retiraría el 155 si se convocaban elecciones. Puigdemont llegó a enviar a Madrid el texto del decreto para asegurar que su voluntad era la de ir a nuevos comicios. Pero su criterio cambió, por la presión interna y la desconfianza con el Gobierno.

El caso es que Puigdemont acabó convocando un pleno contra reloj para proclamar la independencia de forma jurídicamente compleja. No fue una resolución explícita ni una moción. Ni tampoco hubo intervención del propio 'president', como se esperaría de una sesión de tal magnitud. Es más, tras el pleno del Parlament, ni Puigdemont ni Junqueras tenían intención alguna de hablar, pero se improvisaron unos discursos al pie de la escalinata. Discursos presididos por rostros más que serios. De hecho, Puigdemont reunió al Govern -ya sin Junqueras- por la tarde en Palau, pero ya no volvería a dirigirse en directo a los catalanes hasta su aparición en Bruselas. Había cumplido con su objetivo independentista de toda la vida, pero sin ejercer tal independencia en ningún momento. Horas después de la DUI, el Senado activaba el artículo 155 de la Constitución y Rajoy anunciaba la suspensión de la autonomía y la convocatoria de elecciones para el 21 de diciembre.

La promesa de volver

Puigdemont accedió a ser candidato. A condición de hacer la lista a su medida y apartar a la gente de su partido de los puestos de mando de la campaña. Esa campaña electoral, con intervenciones de gran impacto de Puigdemont por videoconferencia, se basó en un único mensaje: votar al 'president' servirá para que el 'president' vuelva. Y no volvió, como también es conocido. La promesa incumplida se centrifugó hacia un ataque a ERC porque el presidente del Parlament, el republicano Roger Torrent, suspendió el pleno de la investidura de Puigdemont a distancia, a instancias del Tribunal Constitucional. Eso todavía Puigdemont se lo recuerda a los republicanos como reproche.

No ser eurodiputado para acabar siéndolo

Puigdemont renunció a intentar ser investido y bendijo al 'president' Quim Torra. En sus planes no existía la opción de ser eurodiputado, respondía cuando se le preguntaba por esta posibilidad. De ese 'no', pasó a abrir la puerta a serlo como número dos de Junqueras e incorporando a la 'cupaire' Anna Gabriel. Eso no fue posible -ERC no ha querido repetir unidad electoral desde la experiencia de JxSí- y parecía que Puigdemont tiraba la toalla. Hasta que Junqueras se presentó. Y entonces se decantó por ir a las europeas.

El juego de las sillas

Sobre las opciones de ser 'president' de nuevo, durante semanas Puigdemont siguió batallando por no renunciar a su acta de diputado en el Parlament. Reprochó a ERC -todavía se lo reprocha, en su último libro- que pactara con el PSC en la mesa del Parlament acatar la resolución del juez Pablo Llarena de suspender a los diputados presos o desplazados al extranjero, como sugerían los servicios jurídicos. Después, al anunciar su candidatura europea, llegó a afirmar que tendría inmunidad como eurodiputado para volver a Catalunya y decidir si aceptaba el acta del Parlament e incluso si optaba a ser 'president'. Finalmente, anunció que no tenía "ningún interés" en volver a presidir el Govern.

Por la confluencia o por la Crida

Mientras, la convulsión interna en el que todavía es su partido ha ido creciendo, con riesgo incluso de fractura. Puigdemont ha ido mostrando su mano de hierro interna, siempre bajo un manto de respeto y tolerancia. Al ver frustrada su intención de mantener a Rajoy en el poder -no apoyando la moción de censura de Pedro Sánchez- marcó con una X a Pascal, a la que defenestró con contundencia en el cónclave de julio del 2018. Tras hacerlo, en su intervención final, elogió la figura de Pascal. También ha impuesto a sus fieles, sin carnet del partido, en la lista del Congreso y el Senado. Los resultados electorales -salvo el suyo en las europeas- han sido malos y la cuerda interna está más que tensa. Pareció, con la reunió con Mas de julio, que se optaba por tejer una solución salomónica entre familias, sectores e ideologías bajo el paraguas de Junts per Catalunya. Pero al parecer Puigdemont ha vuelto a cambiar de idea y ahora su apuesta es la Crida, que nació como un instrumento más de su creación para superar a los partidos "instrumentos caducos", según dijo en ese momento.

Ahora su tesis, en el libro 'Reunim-nos', es una confrontación "inevitable" con el Estado. Choque que, por cierto, trató de rehuir tras el referéndum en octubre del 2017 en aras de una negociacion que ahora considera una opción inviable, "mágica" y no "honesta". Su apuesta ahora es, entre otras, la acción directa no violenta y la resistencia activa. La que no ejerció tras la DUI del 2017.