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LA ENCRUCIJADA CATALANA

El rompecabezas de la posconvergencia

Los distintos sectores buscan salvar su unidad mientras las bases preparan una "revolución"

Puigdemont promete aunar a todos bajo JxCat pero los críticos preparan otro proyecto

Fidel Masreal

Carles Puigdemont conversa por videoconferencia con candidatos y simpatizantes durante la inauguración de la sede de campaña de Junts per Catalunya.

Carles Puigdemont conversa por videoconferencia con candidatos y simpatizantes durante la inauguración de la sede de campaña de Junts per Catalunya. / ALBERTO ESTEVEZ (EFE)

El 'procés' ha dinamitado a los partidos catalanes, incluidos casi todos los del 'procés'. Es decir, a la antigua Convergència, hoy denominada PDECat. De ser el partido hegemónico durante más de dos decenios ha pasado a luchar por su supervivencia, convertido en un rompecabezas en el que la escisión es un riesgo real que solo se sorteará si los distintos actores en liza, en especial el 'expresident' Carles Puigdemont por un lado y las bases territoriales junto al también 'expresident' Artur Mas, por el otro, logran un armisticio que centre a la formación en el eje ideológico y logre que los distintos sectores internos se sientan cómodos en la toma de decisiones sobre pactos y listas electorales.

Puigdemont

El 'expresident' es la solución y el problema, como se definió a Felipe González en su última etapa de gobierno. Es la mejor marca del PDECat, pero sus decisiones sobre candidaturas y sobre mensajes (un independentismo de combate, muy distinto al pactismo convergente) le han granjeado enemigos internos acérrimos: todos los purgados en distintas listas y los que dicen haber sufrido la política de radicalidad secesionista ante unos militantes perplejos ante el giro, que ha incluido la creación de entes como La Crida, de futuro incierto, y la cacofonía de nombres entre PDECat y JxCat. Mantiene a una serie de fieles incondicionales en la dirección del partido, el grupo en el Parlament y parte de las bases territoriales, y manda sobre Torra -a quien designó. Tras su victoria en las europeas ha anunciado que pasa a tomar el mando del partido para reunificar posiciones. Los que conocen su conversación con el 'expresident' Mas el pasado miércoles aseguran que ha entendido que debe mimar a las bases del partido frente a los mirlos blancos y centrar el discurso. Pero en este último aspecto sigue convencido de la necesidad de mantener el pulso con el Estado. Los bienintencionados esperan que esta vez sí, Puigdemont ceda poder. Pero está por ver. "En el cómo actúe estará el qué", resumen los conocedores de las negociaciones internas. Casi todo está, pues, en sus manos.

Las bases territoriales y Mas

Buena parte de los cuadros comarcales y locales que proceden de CDC están literalmente hartos y preparan un documento público en el que dejarán claro que ya no obedecerán instrucciones que desdibujen el perfil del partido de toda la vida y les obliguen a fichajes estrella o a discurso radicales. "Nunca más nos mandará Waterloo, ni tampoco Soto del Real [en relación a la cárcel donde cumplen prisión provisional los presos del 'procés']", proclaman en privado, denunciando que el partido está al borde del precipicio. Preparan lo que denominan "la revolución de las bases", frente a una dirección, en manos de David Bonvehí, que no ha plantado cara a Puigdemont en ningún momento. "Sin las bases el partido no es nada, y se ha acabado la toma de decisiones a dedo", añaden de forma amenazadora. Son críticos con Bonvehí y ponen en duda que la nueva dirección deba estar en sus manos. Proponen una doble dirección: la del mensaje político y la interna, que podrían corresponder a Puigdemont y Mas. Piden volver a un discurso "no alocado" en la cuestión nacional y muy basado en el centrismo ideológico, como está recetando el propio Mas estos días en varias entrevistas.

La amenaza de escisión

En cambio, otros ex dirigentes del partido, como Marta PascalCarles CampuzanoJordi Xuclà, junto a alcaldes, 'exconsellers' y personas que no forman parte del PDECat sopesan crear un proyecto propio porque no creen que Puigdemont abandone la radicalidad independentista y prevén que la enésima refundación sea un maquillaje de Puigdemont consistente en recuperar a algun nombre del partido pero para mantener todo el poder en manos de sus fieles de JxCat. Muchos en el PDECat confían en que esta amenaza de escisión no se materialice y prevalga el "gen convergente" que tiende a la integración.

Los otros espacios

En el catalanismo en sentido más amplio conviven micro proyectos procedentes de CiU. El 'exconseller' Germà Gordó sigue en Convergents, pese a su nulo impacto electoral y estar procesado por el 3%. Algunos exdirigentes de Unió como Ramon Espadaler están en Units per Avançar, a la sombra del PSC. Y en el terreno no independentista, Lliures, con el también 'exconseller' Antoni Fernández Teixidó, aspira a aglutinar el catalanismo de centro-derecha. En este espacio surge la posibilidad de crear otro partido, con Eva Parera -procedente de Unió- y Astrid Barrio.