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LA ENCRUCIJADA CATALANA

Puigdemont maniobra para reforzar su poder en el PDECat

El 'expresident' busca "poner orden" en el partido y reunificar el espacio neoconvergente

Dirigentes locales desoyen las instrucciones de la dirección sobre pactos municipales

Fidel Masreal

El ’expresident’ e impulsor de la Crida Carles Puigdemont y el presidente del PDECat, David Bonvehí, el pasado enero, en Waterloo (Bélgica).

El ’expresident’ e impulsor de la Crida Carles Puigdemont y el presidente del PDECat, David Bonvehí, el pasado enero, en Waterloo (Bélgica). / EFE / STEPHANIE LECOCQ

Carles Puigdemont quiere más. Espoleado por su incontestable victoria en las elecciones europeas, el 'expresident' ha iniciado una ronda discreta de contactos con los dirigentes del PDECat y JxCat dispuesto a arremangarse y tomar -aún más- el poder orgánico y unificar un espacio deslavazado entre siglas, poderes y liderazgos diversos y sometido a una gran tensión interna por el batacazo electoral de los comicios municipales y generales. La apuesta del 'expresident' choca frontalmente con el golpe de timón en sentido contrario que pretenden dar las bases para recuperar el espacio de centralidad y moderación. Un golpe que se mantiene en secreto. Lo único que une hoy por hoy a ambos sectores es la coincidencia en que la presidencia de David Bonvehí en el PDECat no ha cuajado.

El entorno del 'expresident' recomienda no aventurar todavía nombres de candidaturas electorales y orgánicas. Y sí cita necesidades urgentes como la de evitar la existencia de estructuras internas republicadas, política y mediáticamente. De "poner orden" antes del verano. Para ello sostienen que Puigdemont es quien mejor puede unificar a todos los sectores. "Es el nexo de unión, lo ha de liderar él", explican. Y citan también el papel que pueda jugar otro 'expresident': Artur Mas. No para situarse al frente, sino por su ascendencia sobre algunos sectores. Se hace referencia también a Jordi Sànchez como un actor relevante en este trabajo interno.

Una operación en marcha

Mientras tanto, algunos de los críticos con el puigdemontismo preparan una operación "desde dentro y desde fuera" para forzar cambios en el partido posconvergente. De momento se reservan dar más detalles de su asalto, en un contexto de alta conflictividad y miradas cruzadas en toda la organización, en la que ya casi nadie esconde el malestar, sin hacerlo público.

Un ejemplo de esta desunión es la respuesta que han dado cargos locales a la instrucción de la dirección, desvelada este jueves por SER Catalunya, de atenerse a lo que "valide" la cúpula antes de emprender pactos municipales postelectorales. Tal como ha avanzado EL PERIÓDICO, los dirigentes locales han decidido tomar las riendas sin atenerse a órdenes, y habrá pactos con el PSC en Premià de Mar y Calella. No en vano, la alcaldesa de Calella, Montserrat Candini, ha respondido este jueves en SER Catalunya: "El verbo validar no es el más indicado, se ha de respetar la autonomía local".

La onda expansiva del terremoto llega también al grupo parlamentario de Junts per Catalunya, ante la intención de las bases neoconvergentes de unificar todo el espacio político de siglas en torno a JxCat, bajo el mando del partido. "Yo no he venido a militar en un partido", avisan, anticipando lo que puede ser otra de las réplicas de la batalla larvada desde hace meses. 

Artadi, Batet, Nogueras

Uno de los motivos de choque tiene que ver con el papel de los fichajes externos. Nombres que han tomado la batuta, como Albert Batet en el grupo parlamentario o Elsa Artadi en la candidatura en Barcelona, a la que se reprocha el batacazo en Barcelona. Pasa algo parecido con Míriam Nogueras, número dos del partido, quien un mes antes de las municipales renunció a ser candidata en Mataró, donde el partido cosechó un pésimo resultado. Los fieles al 'expresident' replican: "¿Vamos hacia atrás? Me hace gracia. Puigdemont ha sacado un millón de votos y al PDECat, antes de las catalanas, las encuestas le daban 12 diputados...".

Los críticos con Puigdemont piden volver a confiar en candidatos y dirigentes vinculados directamente a la organización.  En este contexto, todavía queda espacio para los optimistas: "Debe ser un congreso efectivo. Llevamos demasiados acuerdos de paz que no se cree nadie, pero al final no llegará la sangre al río".