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EL PULSO SOBERANISTA

El Govern zanja su primera fricción interna sin aclarar la hoja de ruta

El Ejecutivo catalán rebaja la declaración de independencia a mera "declaración de intenciones"

Munté sostiene que no hay diferencias con ERC e insiste en que no se actuará de forma "unilateral"

XABIER BARRENA / FIDEL MASREAL / RAFA JULVE / BARCELONA

La portavoz del Govern, Neus Munté.

La portavoz del Govern, Neus Munté. / JULIO CARBÓ

La quema de rastrojos no derivó en incendio, sino en una simple humareda. Aunque aún no se sabe por qué se quemaron esos hierbajos. Las palabras de Marta Rovira, el martes, en las que con la simple lectura de la hjoja de ruta firmada por Junts pel Sí enmendaba la plana a lo dicho por el 'president' Carles Puigdemont 10 días antes, no ha supuesto apenas un rasguño en las relaciones entre CDC y ERC, y entre el propio jefe del Ejecutivo y su vicepresidente, Oriol Junqueras. Fuentes de ambas partes afirmaron a este diario que la "cohesión" del Govern es total; el entendimiento, pleno, y la relación entre los líderes, idílica. Por no desconfiar, los convergentes no atribuyen a los republicanos ninguna deslealtad: "No hay presión de ERC, Rovira se metió sola en un jardín", apunta una fuente. Pero más allá de eso, una constancia: el Govern o no sabe o no sabe explicar cuál es la hoja de ruta y cuáles son sus estaciones, más allá de la de destino: la independencia.

El mismo martes, ya avanzada la noche, Junqueras, en una entrevista a RNE puso sobre el tapete la expresión "declaración de intenciones" como extraño sinónimo de lo que, en principio, era una declaración unilateral de independencia (DUI). Ya en la mañana del miércoles, en la rueda de prensa posterior a la reunión entre el 'president' y la líder de la oposición, Inés Arrimadas, la 'consellera' Neus Munté ha evitado en todo momento hablar de declaración de independencia. "Declaración de intenciones se puede adjetivar de la manera que ustedes quieran", ha respondido a los periodistas cuando le han preguntado por esa expresión. Después sí ha defendido que al Govern no le da "ningún miedo reconocer que está trabajando para disponer de un Estado independiente", pero al mismo tiempo se ha cuidado mucho de hablar de conseguirlo de forma unilateral.

INDEPENDENCIA SIN FECHA

Esa "declaración de intenciones" liga con el argumento de Puigdemont de no llevar a cabo una DUI porque no hay apoyo social, pero descafeína el programa electoral de Junts pel Sí y las afirmaciones de Rovira. A la vez, incorpora otra incógnita al proceso en el hipotético caso de que llegue a culminarse: ¿en qué fecha se proclamaría la independencia? Munté no lo ha aclarado.

La portavoz del Ejecutivo catalán ha admitido que una DUI causa repelús no solo en el Estado español, sino que sería vista con muy malos ojos por parte de la comunidad internacional. "Tenemos que ser cuidadosos con el lenguaje y con las formas, pero el mensaje es el mismo", ha comentado. Por eso ni hablar de declaración unilateral, sino insistir en que la separación con España debe hacerse a través del pacto, "de la negociación y del diálogo" que ella misma ha admitido a continuación que ha sido imposible de tejer.

En el Palau de la Generalitat y en las direcciones de CDC y ERC, la consigna en esta primera controversia interna sobre la ruta soberanista ha sido clara: no alimentar la discrepancia. Fuentes del 58% del Govern (es decir, de la parte convergente) aseguran que la intención de la número dos de los republicanos este martes no era otra que la de ser fiel a la estrategia marcada por el 'expresident' Artur Mas, por el 'president' Puigdemont y por otros dirigentes de CDC, como Francesc Homs: que la independencia tiene que esperar a ser ratificada en el referendum de la Constitución catalana y siempre tras una nueva convocatoria electoral. Algo de lo que también han participado los republicanos y que han expuesto cuando se les ha preguntado si no cabía hacer un referéndum de autodeterminación auspiciado por el Estado.

SALVAR EL ESCOLLO

Así las cosas, la fórmula para sofocar el fuego de los hierbajos ha sido lo de la "declaración de intenciones" y evitar, con ello, desautorizar a Rovira o corregir el rumbo de CDC. Así se salva un escollo y se insiste, en Convergència y en Esquerra, en asegurar que no ha habido polémica, que no hay contradicciones internas y que se ha dado demasiado importancia a la cuestión.

Lo que subyace en el trasfondo de todo el episodio es que, con el 47,8% de los votos el 27-S, la hoja de ruta propuesta no sirve. Y que, de momento, no hay un recambio ni una voluntad de que lo haya, como plan a largo plazo definido. Un plan que se verá condicionado seguro por el desenlace del culebrón que vive la política española. Pero las variables son tantas, e incluyen sucesos aún por acontecer y que son insospechados (como ha pasado en estos cuatro años), que la tendencia es a mirar solo a un par de metros por delante los pies, en lugar de otear el horizonte.