Nuevas visiones del cine de género

Julia Ducournau y la nueva gran armada femenina del cine de terror

Julia Ducournau, en el centro, rodeada por Jennifer Kent, Rose Glass, Amy Seimetz y Karyn Kusama

Julia Ducournau, en el centro, rodeada por Jennifer Kent, Rose Glass, Amy Seimetz y Karyn Kusama / El Periódico

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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Julia Ducornau ha hecho historia en el festival de Cannes gracias a su segunda película, 'Titane'. Por primera vez una mujer ha ganado en solitario la Palma de Oro (Jane Campion la ganó por 'El piano' exaequo junto a Chen Kaige en 1993) y lo ha hecho a golpe de poderío y radicalidad, con una película que utiliza los mecanismos del género para hablar de la ruptura de los arquetipos de la identidad y de la violencia que se ejerce sobre las mujeres, todo ello a través de una estética tan arrolladora como impactante. 

Este premio es importante por muchas razones. Durante los últimos años el cine de terror dirigido por mujeres se ha convertido en un poderoso territorio de exploración que entronca con las reivindicaciones de la nueva ola feminista surgida tras el #MeToo. Una nueva generación de directoras se ha encargado de renovar el terror contemporáneo para imponer por fin su visión del mundo por encima de la mirada heteropatriarcal que había dominado hasta el momento, para liberarse de todas las convenciones represivas y reivindicar que la mujer no está dispuesta a ser un objeto pasivo, sino un arma de subversión y renovación preparada para romper con todos los tabúes heredados. 

Así, la Palma de Oro a 'Titane' no supone la legitimación de un fenómeno ni su culminación, sino un gesto icónico sobre el que sustentar las bases del futuro. Ya no se trata de excepciones esporádicas, como ocurría en la década de los 60, con personalidades iconoclastas como las de Stephanie Rothman o Barbara Peeters, 'outsiders' al margen de la industria que contribuyeron a aportar cierta conciencia de género dentro de la 'exploitation' de la factoría Corman. Ya se ha superado esa barrera y estamos hablando de una auténtica armada invencible que abarca desde las propuestas más autorales al cine 'mainstream'. 

La falta de referentes

El camino no ha sido fácil, pues la falta de referentes hasta hace muy poco resultaba flagrante. La mayor parte de las mujeres que dirigían terror terminaban absorbidas por la industria y no volvían a dejar su impronta nunca más. Hemos asistido a varios fenómenos esporádicos, como el de Mary Harron adaptando la controvertida novela de Bret Easton Ellis 'American Psycho' (2000) y a supervivientes de largo recorrido que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, como Karyn Kusama, que en 'Jennifer's body' firmó una provocadora 'coming-of-age' en la que los clichés del cine de instituto y las hormonas revueltas adquirían una dimensión inesperada, para seguir evolucionando en parábolas sociales tan incómodas y turbadoras como 'La invitación', ganadora del Festival de Sitges en 2015.

Pero el germen de toda esta nueva hornada habría que buscarlo en las márgenes, que es donde se encuentran siempre las propuestas más libres y rompedoras, en películas como 'American Mary', de las gemelas Jen y Sylvia Soska, que aplicaron su fascinación por la subcultura de la modificación corporal para componer una sátira perversa y gore en torno a la deshumanización de la mujer como objeto sexual. O 'The love witch', de Anna Biller, una exuberante fantasía camp que reinterpreta la iconografía de la brujería desde un punto de vista feminista. También en directoras como Jovanka Vuckovik o Roxanne Benjamin. 

A partir de ahí, muchas autoras han buscado su propio espacio para hablar de muchos de los miedos asociados a la condición femenina que hasta el momento habían sido utilizados por los hombres para generar un espacio de sometimiento. Así, en 'Prevenge', Alice Lowe le daba la vuelta a la imagen de la embarazada feliz para convertirla en algo más impredecible y amenazador, convirtiendo la maternidad en una caja de resonancias de todos los males de la sociedad.

Algo parecido ocurre en 'Babadook', de Jennifer Kent, en la que el duelo, la pérdida y el miedo a no saber gestionar la relación entre madre e hijo terminarán materializándose en una criatura que se nutre de los traumas de la protagonista para intentar amenazar su estabilidad mental, otra de las cuestiones que los hombres han utilizado históricamente para desacreditar a las mujeres. En 'Relic', de Natalie Erika James se ponía de manifiesto de qué manera la herencia genética y familiar puede constituir una fuente de terror y de cómo las mujeres perpetúan el rol de cuidadoras hasta asfixiarlas y anularlas. También el matrimonio puede ser una forma de abducción, que es lo que pone de manifiesto 'Honeymoon', de Leigh Janiak, que acaba de dar el salto a Netflix a través de la trilogía 'La calle del terror'. 

Se trata de relatos que adquieren un tono más simbólico y cotidiano, como si el elemento fantástico que las sustenta se diluyera para establecer una relación más íntima y auténtica con la propia naturaleza monstruosa, dándole un nuevo y revelador sentido. Hemos asistido a nuevas reinvenciones del cine de vampiros de la mano de Ana Lily Amipour en 'Una chica vuelve a casa sola de noche', del rape & revenge en cintas como 'Revenge' de Coralie Fargeat y del canibalismo en 'Crudo', la ópera prima de Ducournau que ya ponía de manifiesto uno de los leit motivs de esta nueva corriente: el cuerpo de la mujer como prisión que se convierte en espacio para la transformación, para la liberación. 

La New French Extremity

Se ha hablado mucho de la vinculación de Ducornau con el cine de David Cronenberg, pero sus referencias también tienen mucho que ver con otros trabajos dirigidos por mujeres dentro del ámbito francés en lo que se llamó a principios de los 2000 la New French Extremity. Entre sus miembros se encontraba una nómina de auténticas francotiradoras como Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi ('Fóllame'), Catherine Breillant ('Romance X') y, sobre todo, Claire Denis con 'Trouble everyday' y Marina de Van con 'En mi piel', dos auténticos tratados sobre las necesidades primarias del cuerpo femenino que ponían de manifiesto los binomios tortura/placer, sexo/muerte desde una óptica visceral y convulsa que también está presente en el trabajo de Ducournau, solo que en este caso adaptado a las nuevas formas de expresión femenina de nuestro presente en el que las cuestiones de género también se someten a una nueva revisión teórica.

Perspectivas inéditas

La nómina de mujeres que abordan el cine de terror desde perspectivas inéditas, tanto formales como narrativas, no para de crecer. El año pasado asistimos a la revelación de Rose Glass gracias a 'Saint Maud' que utiliza la religión como mecanismo represivo para generar culpa y castigo y de Amy Seimeitz, que en 'She dies tomorrow' conectaba directamente con los terrores pandémicos a través de una historia sobre la paranoia que genera el sentimiento de alienación. 

¿Lo próximo? El estreno el próximo mes del remake de 'Candyman' que ha hecho Nia DaCosta, óperas primas procedentes de Sundance como 'Censor', de Prano Bailey-Bond y 'The Blazing World', de Carlson Young, así como lo nuevo de otra de las grandes ideólogas de la fantasía europea, Lucille Hadzihalilovic con 'Earwig', que podrá verse en el Festival de San Sebastián o la incursión en el terror de Olivia Wilde con 'Don’t Worry Darling' y un nuevo Bloomhouse con nombre de mujer, el de Shana Feste y 'Run Sweetheart Run', o cómo salir corriendo tras una terrible cita a ciegas.

Y en España... ¿por qué no?

En 2016, la directora barcelonesa Denise Castro presentaba en el Festival de Sitges su ópera prima, 'Salvación', evanecescente cuento fantástico sobre una niña enferma del corazón y un joven vampiro que le promete la inmortalidad. Un par de años después, regresaba al mito vampírico con la sarcástica Drácula de Denise Castro, falso documental que confirmaba su irresistible atracción por el cine de género. "No concibo la vida sin la fantasía", afirma Castro, rara avis de una cinematografía española en que las directoras, por una extraña tradición, apenas se han acercado a lo fantástico.

"Es una gran noticia que 'Titane' haya ganado la Palma de Oro, porque ya no es solo el hecho de que sea una mujer, sino que se haya premiado al cine de género, y en concreto una forma muy radical y transgresora de entenderlo", apunta Castro, que recuerda que la ópera prima de Ducournau, 'Crudo', ya había conquistado a la mejor dirección novel en el Festival de Sitges de 2016. "Pero esto de Cannes ya es algo muy serio. Imposible apuntar más alto", afirma. Para la directora catalana, es un hecho indiscutible que hay muy pocas mujeres en España que se hayan atrevido con el cine fantástico, salvo ella misma y Alice Waddington, que en 2019 estrenó la estilizada distopía feminista 'Paradise Hills'. "¿La razón? No ha habido tradición, es cierto. Existe el prejuicio de que las mujeres se sienten más cómodas en el drama o la comedia, que el género es más difícil de rodar. Pero por fortuna es solo un prejuicio y tengo la sensacion de que cada vez hay y habrá más miradas femeninas hacia el género", apunta Castro.

Falta de referentes

La directora Judith Colell, actual presidenta de la Acadèmia del Cinema Català, dio sus primeros pasos en el cine con la intención de hacer género. "No es algo que haya contado mucho, pero e mis inicios era muy fan de Cronenberg y, de hecho, mi primer corto, 'Clara foc', ya era de género, pero pronto vi las dificultades de seguir por ahí. Estamos hablando de hace casi 30 años y el panorama era un desierto. No había mujeres que hicieran cine de género, no había referentes, y al final piensas que las mujeres no servimos para hacer este tipo de cine y… lo abandonas", relata la autora de '53 días de invierno'. En este sentido, la Palma de Oro para 'Titane' es un hito crucial de cara al futuro: "Demuestra, por si aún no se sabía, que las mujeres podemos hacer todo tipo de cine: terror, acción, drama, comedia, thriller. Todo".

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Belén Funes, ganadora del Goya a la mejor dirección novel por 'La hija de un ladrón', apunta también a la falta de referentes para intentar entender la falta de directoras de fantástico en España. "Es que no hay modelos previos. Por eso es importante que Ducornau exista y que 'Titane' haya ganado la Palma de Oro". Para la directora de Ripollet, la rotunda victoria de Ducournau "es una inspiración para nosotras, pero también para las niñas que ahora mismo piensan en ser directoras y sueñan con acercarse al mundo a través de los ojos del cine de género".

En opinión de Júlia de Paz, que acaba de estrenar en cines su opera prima, 'Ama', la Palma de Oro de 'Titane' es fundamental para acabar, o al menos combatir, la discriminación de la mujer dentro de los viciados engranajes de la industria del cine. "Que Ducournau haya ganado en Cannes pone en manifiesto hasta qué punto debe desaparecer el estigma de que ‘las mujeres suelen hacer películas más de autor e intimistas’, porque esa es otra herramienta de discriminación por parte de la industria cinematográfica hacia nosotras". En este sentido, De Paz apunta que "el terror, el gore o el thriller proceden de los inicios del cine, con todo el clasicismo que eso conlleva en su lenguaje y su narrativa; por ejemplo, en la sexualización del cuerpo de la mujer en sus tramas. Y con su primera película, 'Crudo', Ducournau ya había demostrado que se pueden romper con estas normas y estigmas, abriendo nuevas visiones de la realidad o la ficción".