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Opinión | BREVES INFINITOS

Mariana Sández

Casi un siglo después

De cómo la homosexualidad continúa siendo un tema tabú entre nosotros

La escritora Marguerite Yourcenar.

La escritora Marguerite Yourcenar. / EP

'Alexis o el tratado del inútil combate' fue la primera novela publicada por Marguerite Yourcenar en 1929 y, como explica en el prefacio añadido 34 años después, fue de los pocos libros suyos que decidió no reescribir. Esto -dice en 1963- se debe a que “las costumbres han cambiado demasiado poco para que la idea central de esta novela haya envejecido mucho”. Un tema polémico, o incluso prohibido en 1929, para abordar en la literatura -el de la homosexualidad- continuaba viéndose similar para la época del prólogo: “el problema de Alexis sigue siendo hoy igual de angustioso y secreto que antaño”.

Un gran acierto de 'Alexis' es, en concordancia con ello, su formulación: la carta que el chico de 24 años (misma edad que tenía la autora cuando la escribió) dirige a su exesposa, Monique, luego de que haya nacido el hijo de ambos. No tanto porque haya escogido el género epistolar como por el hecho de que la carta de principio a fin es una enorme perífrasis en la que “el problema” se rodea todo el tiempo sin mencionarse ni una sola vez.

Alexis no puede mencionarlo y solo lo hace mediante sugerencias o elipsis: habla de la enfermedad, de una inclinación o una condición, de un error, de vicios, de incomodidad sin explicitar el asunto en ningún momento. Esto es, como admite la autora, porque el tabú comienza por el lenguaje: nombrarlo causa vergüenza. Pero además lo que no se nombra no existe y todo parece ocurrir con la consistencia de los sueños.

Dice Yourcenar, “'Alexis' es el retrato de una voz”. Una que ha logrado para el personaje sin todavía haber encontrado la suya como autora, según comenta en 'Los ojos abiertos', el libro de entrevistas con Matthieu Galey. Allí especifica que el estilo del relato es “tembloroso”, hecho de una continua vacilación, una contracción, casi un balbuceo. Y es así, verdaderamente, como lo siente el lector: como una voz en estado de duermevela que habla desde una honda intimidad, en lo oscuro, en un desesperado intento por comprenderse y hacerse entender.

El temor a ser distinto y salirse de la norma trasciende al tópico de la inclinación sexual. Un gran número de frases en el libro nos ponen sobre esa pista: la única solución es abrazar lo que somos y rendirse. Resistir lo que hay de natural en cada uno es un combate que solo reporta sufrimiento.

Un tabú aún vivo

Otro detalle es el título. La propia Yourcenar señala que está tomado de la Egloga II en las 'Bucólicas' de Virgilio, en la cual un pastor se enamora de un jovencito, Alexis. Versos que hablan de un amor ideal e imposible concluyen: “es preferible evitar lo que huye”. Es lo que dice el Alexis francés a la esposa traicionada por su incapacidad de amar a una mujer: te pido perdón no por dejarte sino por haber tardado tanto en hacerlo. El subtítulo, 'tratado del inútil combate', se hace eco del 'Tratado del inútil deseo' de André Gide, aunque la autora aclara que es más en la estela de Rilke que trabajó la construcción de la novela.

Extraordinario es que un libro siga conmoviendo casi un siglo después. Muy triste y a la vez alarmante, sin embargo, es que, habiéndolo puesto en la conversación de nuestro club de lectura, muchos lectores y lectoras admitieran que el tabú sigue vivo entre nosotros. Un chico joven señaló que desearía poder tatuarse la totalidad del libro en su cuerpo porque se sintió identificado con diversas situaciones que enfrenta el personaje, en particular su aislamiento. Otra chica, también homosexual, admitió lo mismo y dijo que el libro se había vuelto de sus preferidos. Distintas mujeres mayores contaron los casos de hijos, nietos, amigos que no se atrevían a abordar el tema con naturalidad y confianza.

Ya el hecho de que alguien deba explicar o justificar su elección sexual, como se ve forzado a hacer Alexis, explica por sí solo lo injustos y absurdos que podemos ser como sistema social. Que además, en el presente, sigamos presos de esos estigmas lo vuelve todavía más insensato.