Reconstrucción

Una negociación sin grupo de WhatsApp: así se fraguó el pacto ERC-PSC para los presupuestos

Multimedia | Los presupuestos de la Generalitat, de un vistazo

Cuando las partes comunicaron el acuerdo por Telegram e Illa compareció, el acuerdo no estaba del todo cerrado, quedaban dos partidas de inversiones territoriales pendientes

Pere Aragonès y Salvador Illa, asi han firmado los Presupuestos de Catalunya

Pere Aragonès y Salvador Illa, asi han firmado los Presupuestos de Catalunya / FERRAN NADEU

Sara González
Xabi Barrena
Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Una negociación lenta, llena de idas y venidas por ambas partes. Así han sido las conversaciones entre el Govern monocolor de ERC y el PSC que han dado luz al pacto para los presupuestos de 2023. Sin embargo, tres pueden ser las claves sucintas de estas conversaciones. Dos bandos sentados en la mesa, sin ningún atisbo de complicidad ni confianza, comandados por tres mujeres (por primera vez en Catalunya, en una negociación de este calado) y que no se desencalló hasta que, pasados tres meses y más de veinte reuniones, los dos líderes, Pere Aragonès y Salvador Illa, limaron las últimas piedras en el camino.

Sin ir más lejos, al inicio, el PSC mostró plena disponibilidad por pactar porque el país no se podía permitir una prórroga presupuestaria. Y en la otra trinchera, ERC vetaba acuerdo con el PSC y puso la prórroga sobre la mesa. Lo de pactar con el PSC, en el Govern, antes del 7 de octubre, era cosa, solo, de Jaume Giró, que ya lo intentó en 2022.

Pero el 7 de octubre Junts dejó el Govern. Y el Executiu pasó de precisar tres votos para aprobar unas cuentas a 35. Y ahí ERC empezó a virar. “Hay dos puntos de inflexión. El primero es la reunión de octubre en la que Aragonès e Illa acuerdan abrir las negociaciones para los presupuestos”, pondera un ‘fontanero’ de Palau.

Cerrar sin estar cerrado

Incluso el movimiento de clausura fue singular. Cuando a las 9 horas del miércoles el líder del PSC compareció en el atril del Parlament para ser el primero en proclamar a bombo y platillo que Catalunya tendría presupuestos, en realidad el acuerdo con el Govern no estaba del todo cerrado. Quedaban, dos partidas de inversiones territoriales en las que aún había discrepancia. Pero el 'president' de la Generalitat y el jefe de la oposición decidieron no frenar más el anuncio dando por hecho que lograrían resolver estos dos nudos en cuestión de horas. Y así fue. 

Hasta llegar a este margen de confianza se transitó por una larga negociación llena de recelos. Tanto, que ni tan solo se ha llegado a crear a lo largo de tres meses un grupo de Whatsapp con los interlocutores. Y es que unos presupuestos no es lo mismo que un texto del Parlament. "Hacía muchos años que no hacíamos grandes pactos con ERC y eso de palpaba mucho en las primeras reuniones", explican fuentes de la negociación.

Por eso el arranque fue lento. Así, “el diálogo, con todo”, prosigue esta voz, “no se intensifica hasta enero. El PSC ha caído en varias fases de barbecho, de desaparecer temporalmente, de alargar. Tan pronto decían que no iban a negociar cuestiones extrapresupuestarias como exigían la inclusión de estas carpetas”. Entre octubre y noviembre, Aragonès, por su parte, se dedicó a construir una envolvente al PSC, algo que no sentó bien a los socialistas: el pacto con los agentes sociales y los Comuns.

Desconocidas

Las interlocutoras encargadas de explorar la alianza no se conocían mucho. Las 'conselleres' de Presidència, Laura Vilagrà, y de Economia, Natàlia Mas, pocas conversaciones previas habían mantenido con la portavoz socialista, Alícia Romero.

“Durante todo el mes de enero ha sido difícil negociar con el PSC. Parecía que no tuvieran ganas de aprobar el proyecto y esa sensación coincidía con las declaraciones públicas que Illa y Romero lanzaban", recuerda siempre la misma voz republicana. 

De la parte socialista, una voz asevera que ya en los primeros contactos se hizo evidente que los macroproyectos serían el principal escollo, por lo que dejaron para el final lo más difícil. Pero con la intención de abrir el melón más complejo, el PSC planteó el pulso del 28 de diciembre, el "todo o nada" que ha mantenido casi intacto hasta que ERC decidió ceder con la B-40. 

“Cada vez que el acuerdo parecía muy cercano, la relación se enfriaba”, explica la parte republicana como contexto a la retahíla de declaraciones del partido y de la portavoz del Govern en las que afirmaban la cercanía del alumbramiento. “No era treta negociadora de presión. Es que lo parecía”, sentencia.

Eso sí, en ese enero la negociación empezó a impregnarse de cierta confianza. Hubo un cambio de actitud y empezaron a colarse conversaciones sobre las respectivas familias y sobre cómo habían pasado la Navidad. También otras sobre resfriados y afecciones menores: el director general de coordinación interdepartamental, Marc Ramentol, médico de profesión, recomendó a Romero qué debía pedir en la farmacia para encontrarse mejor.

También hubo tensión. Como cuando el PSC se quejó de haberse enterado por la prensa del pacto con los Comuns o cuando a principios de año se publicó que ya había un principio de acuerdo entre el Govern y el PSC por valor de 5.300 millones.

Agravios comparados

Y escoció en las filas socialistas muy especialmente la amenaza de ERC de bloquear votaciones en el Congreso si el PSC no daba su 'sí' a las cuentas. "Lo que no hicimos fue callarnos, siempre hemos manifestado en privado lo que nos había molestado y creo que el diálogo que hemos tenido ha acabado siendo honesto", aseguran desde las filas del PSC, que subrayan que el hecho de que el peso negociador estuviera en manos de dirigentes mujeres también ha contribuido a una interlocución "más empática, de proximidad y pragmática". 

El segundo punto de inflexión es la votación en el Parlament de la B-40. Antes hay otra reunión entre líderes, en Arenys de Mar, la tercera entre Aragonès e Illa durante toda la negociación y donde ya se enhebra la cuestión. Es ahí donde el ‘president’ advierte a Illa que el Govern “no se iba a esperar eternamente al plácet del PSC. Los socialistas se dan una semana de tiempo, no se sabe bien por qué [podría ser por la celebración de la cumbre hispano-francesa de Barcelona] que acaba convirtiéndose, como en toda negociación, en 10 días. Y cuando ERC vota en favor de la autovía, lo primero que dice Illa es que la negociación se retomaría el lunes, cuatro días después. Nos da la sensación que el voto de ERC les descolocó”, sentencia la voz de Palau.

Para los republicanos, “esa semana”, posterior a la votación del Parlament, “el PSC la acabó como pudo, abriendo temas que ya estaban cerrados como el del aeropuerto, al que solo faltaba pulir la palabra clave (finalmente fue ‘ganar capacidad’). Y este lunes, ya todo estaba finalmente enfocado”, narra.

"Ha sido agotador, pero creo que podemos decir que los equipos negociadores hemos tejido una relación de confianza", concluyen desde el PSC. Sigue sin haber grupo de Whatsapp. Tampoco han compartido una comida en tres meses, solo algún desayuno y algún café. Quizá llegarán a partir de ahora. O, con una campaña electoral a la vuelta de la esquina, quizá no llegarán a tanto, pero la negociación de presupuestos ha supuesto un antes y un después.