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LA ENCRUCIJADA CATALANA

El 'todos contra todos' del independentismo

La batalla interna en partidos, instituciones y entidades atenaza al soberanismo

La falta de hoja de ruta y liderazgo hacen cundir el desánimo entre las bases

Fidel Masreal

El ’president’, Quim Torra, y el vicepresidente del Govern, Pere Aragonès, en una reunión del Consell Executiu en la Generalitat.

El ’president’, Quim Torra, y el vicepresidente del Govern, Pere Aragonès, en una reunión del Consell Executiu en la Generalitat. / JOAN CORTADELLAS

"El movimiento independentista está desorientado y dividido". La frase es de Poble Lliure (uno de los grupos que integran el ecosistema de la CUP, aunque dice no formar parte de ella). Es una frase... de octubre pasado, pero perfectamente vigente. Eso sí, habría que corregir y aumentar los adjetivos. "Ahora estamos ya en un 'todos contra todos'", resume uno de los conocedores del soberanismo político desde hace más años. "Vivimos en un barroquismo total, elevado a la enésima potencia, hay demasiada gente pensando y mandando y al final no manda nadie", concluye otro de los actores directamente implicados. Un independentista de base lo resume de forma más amarga: "El movimiento está dividido por culpa de los políticos, descabezado por una justicia injusta y parado por culpa de una ciudadanía que quiere la independencia pero sin coste". 

Al comentar a un excandidato local de Junts per Catalunya -que fracasó y regresó a su antigua profesión- la intención de dibujar una radiografía actual del indpendentismo, su respuesta es: "Mejor un TAC". Dividido, decrépito, decepcionado son otras de las definiciones que también definen la cuestión. Y si hubiera que dibujar el universo de entidades, partidos, sectores y movimentos del independentismo actual, el resultado sería un laberinto incomprensible sin salida. "Somos el país de los sectores críticos", afirma un edil independentista. Sectores enfrentados en el PDECat al borde de la escisión; divergencias en JxCat entre políticos, independientes y cargos institucionales; malestar interno en ERC por la abstención en la votación de investidura de Pedro Sánchez; tensión interna en la Assemblea Nacional Catalana (ANC); divergencias en la CUP sobre si participar en las elecciones españolas; los Comitès de Defensa de la República (CDR) insistiendo en pedir la dimisión del 'conseller' de Interior, Miquel Buch; la recientemente creada Crida del 'expresident' Carles Puigdemont y Jordi Sànchez llena de interrogantes; el Consell per la República creando más estructuras -los 'consells' locales-... mientras el Govern no dispone de estrategia conjunta alguna en el terreno soberanista (véase la investidura de Sánchez en Madrid como penúltimo ejemplo), incluida la respuesta a la próxima sentencia del Tribunal Supremo sobre el 1-O.

Sin duda, las redes sociales no son un termómetro riguroso, pero ver cómo un independentista de base anuncia que se da de baja de la ANC (el foro unitario por excelencia) "porque ya no aglutin,a sino que disgrega" y le llueven insultos ("Maestro. ERC, no falla. Paguita pública" o "'botifler'", entre otros) es una muestra más del 'todos contra todos'. O también la controversia de la ANC por no permitir a los políticos estar en una zona Vip en la próxima Diada. O los insultos del que era uno de los intelectual de referencia, Ramon Cotarelo. O el clásico enfrentamiento entre Esquerra y los fieles a Puigdemont, que seguirá vigente dado que el 'expresident' ya está escribiendo el libro con el que quiere consumar su venganza contra el líder de ERC, Oriol Junqueras.

El cénit de esta cacofonía tuvo lugar hace unos días cuando se produjo una manifestación contra la entidad supuestamente más unitaria y no partidista, la ANC, por parte de integrantes de la misma, a la que acusan de "seguidismo" de los partidos independentistas.

Lamerse las heridas

La paradoja es que todos los sondeos indican que el conjunto del independentismo sigue representando un grueso mayoritario del Parlament. Los actores consultados se lamen las heridas: lamentan que en un momento en el que la política española carece de rumbo gubernamental el independentismo no aproveche la oportunidad para marcar su rumbo.

Los pesimistas temen una desmovilización en la próxima Diada. Otros reclaman a gritos claridad de posiciones. Un diputado de JxCat fiel a Puigdemont y a su estrategia no duda en calificar a ERC y a su portavoz en el Congreso, Gabriel Rufián, de no independentistas, y reclama que aclaren públicamente su posición. Frente a ello, los fieles a Junqueras confían en ir imponiendo sus tesis (ampliar la base social, ejercitar el diálogo...) frente a "la expresión más visceral y nacionalista" que "ocupa puestos de mando y tiene mucha visibilidad".

El temor de varios actores políticos es que la base independentista acabe "pasando por encima" de los partidos. O que se eleve el enfrentamiento interno hasta los límites de los años ochenta, cuando el MDT y Catalunya Lliure (tan radicales como minoritarios) se peleaban en el Fossar de les Moreres durante la Diada. "La gente está muy quemada con los partidos", admitía el 'exconseller' Toni Comín en Vilaweb.

Las entidades, cuestionadas

Y en este contexto llueven las críticas hacia la acción de la ANC y Òmnium. Simplificando, se los asocia a JxCat y a ERC. Pero se trata también de ecosistemas complejos. "La ANC ya no está al margen de los partidos, sino contra los partidos", se lamenta una diputada. "Hay gente dentro que sigue consignas de partidos", apunta un exdirigente de la entidad. En este magma, la unidad se convierte en el gran mantra. "La gente quiere una hoja de ruta, aunque sea conseguir la independencia dentro de tres generaciones, ¡pero algo!", resume un parlamentario.