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Neurología

¿Altas capacidades o TDAH? Los psicólogos advierten de que "pueden coexistir" y el diagnóstico puede confundirse

Los expertos señalan que una de las conductas que más fácilmente pueden generar confusión es la dificultad para mantener la atención

¿Mi hijo tiene altas capacidades o solo es muy "despierto" para su edad?

La señal que muchos padres pasan por alto y que revela altas capacidades, según los psicólogos

Dos niños haciendo deberes.

Dos niños haciendo deberes. / Archivo

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Clara Dalmau Merencio

Clara Dalmau Merencio

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Distraerse con facilidad, dejar tareas a medias, aburrirse cuando una actividad deja de resultar estimulante... O, por el contrario, pasar horas completamente concentrado en aquello que despierta interés; todo obedece a comportamientos que pueden aparecer tanto en personas con altas capacidades como en quienes tienen trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), por lo que estas dos realidades pueden confundirse cuando se observan únicamente desde fuera.

Pero que una persona presente alguna de estas señales no significa necesariamente que tenga una u otra condición: detrás de comportamientos similares pueden existir causas diferentes y, en algunos casos, ambas pueden coexistir.

Así lo explica Amelia Arenas Castro, psicóloga sanitaria especializada en altas capacidades, en un vídeo en el que aborda las diferencias entre ambos perfiles y advierte de la importancia de no sacar conclusiones a partir de una única característica. "Sí, altas capacidades y TDAH pueden coexistir", señala la especialista, que recuerda que a esta combinación se la conoce como "doble excepcionalidad".

Dificultades para concentrarse

Una de las conductas que más fácilmente pueden generar confusión es la dificultad para mantener la atención. Una persona con altas capacidades puede parecer distraída o poco implicada cuando una actividad no le supone un reto suficiente. Según Arenas, puede "desconectar ante tareas repetitivas, lentas o poco retadoras", mientras que su nivel de atención puede cambiar considerablemente cuando encuentra algo que le interesa.

En estos casos, la psicóloga señala que la persona puede "atender intensamente cuando encuentra sentido" a aquello que está haciendo y reducir mucho su implicación cuando no lo encuentra. También puede cuestionar determinadas tareas, porque ya ha comprendido el contenido o porque necesita un nivel mayor de complejidad.

Esto puede hacer que, desde fuera, se interprete que existe un problema de atención cuando, en realidad, el comportamiento está relacionado con el grado de estimulación que proporciona la actividad.

Observar el patrón

La diferencia, según Arenas, está en observar el patrón completo. En el TDAH, explica, "la dificultad para regular la atención suele aparecer de forma más amplia y persistente" y no se limita únicamente a aquellas tareas que resultan poco estimulantes.

Las dificultades pueden afectar a diferentes funciones ejecutivas: iniciar una actividad, organizarla, establecer prioridades, calcular cuánto tiempo llevará realizarla o mantener un esfuerzo constante. También pueden aparecer problemas relacionados con el control de los impulsos.

Por eso, la psicóloga advierte de que no basta con preguntar si una persona es capaz de concentrarse cuando algo le interesa. "Las personas con TDAH también pueden presentar hiperfoco en temas muy estimulantes", afirma. Del mismo modo, una persona con altas capacidades "también puede tener dificultades ejecutivas reales".

Una separación poco clara

La investigación científica también apunta a la dificultad de establecer una separación sencilla entre ambos perfiles. Un estudio, publicado en 'Electronic Journal of Research in Educational Psychology', encontró diferencias en algunas funciones ejecutivas entre grupos con altas capacidades, TDAH y doble excepcionalidad, pero no un patrón que permitiera distinguirlos de forma clara, únicamente a partir del conjunto de estas funciones.

La dificultad aumenta cuando las altas capacidades y el TDAH están presentes al mismo tiempo. En estos casos, una persona puede mostrar simultáneamente un razonamiento especialmente avanzado y dificultades relacionadas con la atención y la organización.

En niños y adolescentes, Arenas menciona la posibilidad de encontrar "una gran curiosidad y un razonamiento muy avanzado" junto a olvidos, pérdida de materiales, impulsividad, dificultades para terminar tareas y un rendimiento irregular.

Doble excepcionalidad

En adultos, el contraste puede adoptar otras formas: "Una gran capacidad para resolver problemas complejos" puede convivir con desorganización cotidiana, retrasos, acumulación de proyectos o problemas para establecer prioridades.

Esta combinación se conoce como doble excepcionalidad, un concepto utilizado para describir la coexistencia de altas capacidades con una condición que puede generar dificultades, entre ellas el TDAH.

La literatura especializada señala precisamente que la identificación puede resultar compleja debido a la coincidencia de algunas características y a la posibilidad de que una condición oculte parcialmente a la otra.

Se retrasa la identificación

Uno de los principales problemas para detectar esta doble condición es, según Arenas, el "enmascaramiento mutuo". La capacidad intelectual puede ayudar a compensar algunas dificultades relacionadas con la atención y las funciones ejecutivas, haciendo que el TDAH pase desapercibido durante años.

"Entonces se retrasa la identificación", explica. La persona puede conseguir resultados aceptables, pero "a costa de un esfuerzo enorme, de trabajar a última hora o de depender de la presión".

También puede ocurrir lo contrario: las dificultades ejecutivas pueden impedir que el potencial intelectual se manifieste de forma evidente. En ese caso, la persona puede ser percibida como menos capaz de lo que realmente es, porque no entrega los trabajos a tiempo, comete errores por descuido o presenta un rendimiento irregular.

Aparente contradicción

El resultado puede ser una aparente contradicción entre lo que una persona es capaz de hacer y lo que finalmente consigue ejecutar.

Ante esta complejidad, Arenas insiste en que una evaluación no debería apoyarse exclusivamente en una prueba cognitiva ni en una lista de síntomas de TDAH. "Es importante integrar toda la historia evolutiva", explica, además de analizar si las dificultades aparecen en diferentes contextos y cuál es su impacto real en la vida cotidiana.

Para ello, considera necesario combinar entrevistas, cuestionarios y observación, además de evaluar aspectos como la atención, las funciones ejecutivas y el perfil cognitivo. También recomienda explorar otros factores que pueden producir comportamientos similares, como "los niveles de ansiedad, motivación, aprendizaje, agotamiento".

Consulta a un profesional si...

La necesidad de realizar una evaluación amplia también aparece en la investigación sobre la diferenciación entre altas capacidades y TDAH, precisamente porque las funciones ejecutivas presentan una elevada variabilidad y por sí solas no permiten identificar de manera clara a cada grupo.

Arenas apunta a varias señales que pueden justificar consultar con un profesional. Entre ellas están las dificultades persistentes para organizarse, iniciar o terminar tareas, especialmente cuando tienen "un impacto importante en diferentes áreas de la vida".

También considera relevante que exista "una gran diferencia entre la capacidad y luego lo que se ejecuta", así como sufrimiento emocional, conflictos repetidos o la sensación de que la persona "ya no sepa cómo sostenerlo más".

No son condiciones aisladas

La clave, insiste la psicóloga, "no está entre elegir si es muy capaz o tiene dificultades": una persona puede tener "un talento extraordinario y necesitar también apoyo al mismo tiempo en alguna área", afirma.

"Una característica aislada no va a confirmar ni descartar ninguna de las dos condiciones", resume Arenas. Para distinguir entre altas capacidades, TDAH o la coexistencia de ambos, es necesario "comprender el patrón completo".