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Angela Fernández, psicóloga, analiza el perfil del salvador en una pareja: "Con el tiempo eso deja de ser una estrategia de adaptación y se convierte en un patrón de personalidad"

Según explica la especialista, este comportamiento puede tener su origen en experiencias vividas durante los primeros años

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Una pareja en un bosque

Una pareja en un bosque / FaustFoto / Pexels

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En una relación amorosa, muchas veces sin darse cuenta, una de las dos personas adopta el denominado perfil del salvador, centrada en cuidar, sostener y solucionar los problemas de la otra persona e intentar rescatarla. Un perfil que, alerta la psicóloga Ángela Fernández, no debería existir en una relación sana.

Según explica la especialista, este comportamiento puede tener su origen en experiencias vividas durante los primeros años. "Con frecuencia este perfil viene de experiencias muy tempranas en las que aprendimos que nuestro valor dependía de lo que hacíamos por los demás", señala.

Sentirse valioso

Fernández explica que algunas personas crecieron teniendo que asumir responsabilidades que no les correspondían. Pudieron verse obligadas a cuidar emocionalmente de otros, mediar en conflictos o incluso hacerse cargo de sus propias figuras de referencia cuando la relación debería haber funcionado precisamente al contrario.

"Solo recibías reconocimiento cuando eras útil, maduro o complaciente", resume la psicóloga. El problema aparece cuando aquello que comenzó como una forma de adaptarse termina trasladándose a las relaciones adultas. "Con el tiempo eso deja de ser una estrategia de adaptación y se convierte en un patrón de personalidad".

Es entonces cuando puede repetirse una determinada elección de pareja. Fernández señala que estas personas empiezan a sentirse atraídas por quienes necesitan ser rescatados. No necesariamente porque exista una búsqueda consciente de este tipo de relaciones, sino porque "esa dinámica a tu cerebro le resulta familiar", pasando a ser la función de esa persona en una relación "cuidar, sostener o solucionar".

"El foco siempre está fuera"

"El problema es que el foco siempre está fuera", advierte Fernández sobre esta necesidad de atender constantemente al otro. La persona puede estar tan pendiente de los problemas, intereses y emociones ajenas que termina dejando de prestar atención a sus propias necesidades. "Acabas absolutamente desconectado de las tuyas", explica.

"Mientras estás intentando salvar o rescatar a otro no tienes que enfrentarte a tus propias heridas, a tu sensación de vacío o confrontar la pregunta de quién eres cuando nadie necesita de ti", afirma la psicóloga.

Según Fernández, quienes han desarrollado este patrón pueden sentir culpa cuando establecen límites, experimentar ansiedad cuando dejan de estar permanentemente disponibles para los demás o incluso "confundir el amor con la responsabilidad de hacerse cargo del otro".

Ayudar sin convertirlo en la base de la autoestima

"El objetivo no es dejar de ser una persona generosa", aclara Fernández. La cuestión, explica, es conseguir "que ayudar deje de ser la forma en la que sostienes tu autoestima". "Una relación sana no necesita a un salvador", concluye. Lo que necesita, sostiene, son "dos personas adultas e independientes capaces de responsabilizarse de sí mismas y de elegir cuidarse mutuamente, no de necesitarse para sentirse valiosas".