Crisis migratoria

Cuba se enfrenta a la mayor crisis migratoria de su historia

Más de 140.000 cubanos han abandonado la isla entre octubre y mayo, más que durante la llamada crisis de Mariel

Cuba se enfrenta a la mayor crisis migratoria de su historia
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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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"Puedes llamarme Adrián, Carlos o lo que te parezca. Prefiero que mi nombre no se conozca. Acabamos de llegar a Ohio después de una odisea que incluyó aviones, caballos y coches, sobornos, humillaciones, hambre y frío. Ahora debemos empezar de nuevo". La voz que habla del otro lado del teléfono pertenece a un abogado con un master en filosofía que decidió abandonar Cuba con su familia. Es apenas uno más de los 25.000 cubanos que en los dos últimos dos meses atravesaron Centroamérica, se internaron en México y cruzaron a Estados Unidos con "solo una mochila a la espalda". En 1980, la llamada crisis del Mariel provocó la salida del país de 125.000 cubanos hacia La Florida. Aquel número que siempre se ha recordado como una herida social ha sido superado. Más de 140.000 personas dejaron la isla solo entre octubre y mayo, la mayor crisis migratoria de su historia.

El nuevo éxodo tiene múltiples causas: la crisis económica, agravada por la pandemia y el desatino de las autoridades. Pero, a la vez, la asfixia política agudizada desde la eclosión popular del 11 de julio de 2021. "Ya no podíamos más", dice Adrián o Carlos. Su grupo familiar, dos parejas con sus respectivos hijos, aprovechó las circunstancias que el mismo Gobierno ha propiciado para la huida: viajar a Nicaragua sin visado, aunque a un precio exorbitante. "Los boletos de avión costaron cada uno 4.200 dólares". Negocio redondo para las autoridades de ambos países. Así lo han hecho a lo largo del presente año casi 60.000 de sus compatriotas.

"Cuando aterrizamos en Managua nos estaba esperando un hombre mayor que nos llevó a una casa. Permanecimos una noche. Al otro día cabalgamos hacia Honduras. Siempre huyendo de la vista de la policía, evitando los retenes o pagándole a los guardias fronterizos". La tierra le ha ganado al mar como ruta de salida. Pero todavía hay cubanos que se atreven a atravesar el estrecho de La Florida, a riesgo de ser interceptados por la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG).

Desde que rige el acuerdo migratorio de 1994, la balsa ha dejado de ser un medio para llegar a Estados Unidos. Por eso, casi dos mil personas retornaron a la isla. Los últimos tres habían intentado cruzar la corriente del Golfo en una bicicleta acuática. Para Carlos o Adrián no tenía sentido arriesgarse a semejante aventura. Él y los suyos eligieron el viaje más largo que ofrecía mayores garantías de éxito. "Llegamos a Guatemala acompañados por las personas que trabajaban con los coyotes. Siempre estaban concatenados, cuando alguien te deja, otro viene a buscarte. Se acerca y enseña tu propia foto. Ellos negociaban ante cada situación. Fuimos en transporte público hasta el momento que cruzábamos fronteras".

Llegada a México

Así entraron a México por el municipio de Tenosique. De allí, a Cancún. "Ahí nos capturó la policía. En principio no aceptó el soborno porque, dijeron, era muy bajo. Después de unas negociaciones nos dejaron partir". Hasta que se toparon con "la migra". Tuvieron suerte porque eran toda un grupo familiar y eso los benefició ante las autoridades. Tras varios días de un desplazamiento furtivo llegaron a Tijuana. Apenas una escala. Había que llegar a Mexicali, en la baja California, y el punto de entrada a EEUU.

El Río Bravo espera con la promesa de un punto final a la azarosa travesía. "Empezamos juntos nueve. Quedamos seis. A los otros tres les atemorizó la situación y optaron por otros caminos". Las imágenes de los cubanos que lo cruzan son estremecedoras. Carlos o Adrián podía haber sido uno del grupo que filmó un periodista de la Fox. Cruzaron la orilla lentamente, como si se tratara de un grupo comando. Arizona no los recibió de la mejor manera.

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"La patrulla estadounidense nos llevó a lo que llaman la pecera. La atención de la estación Yuma fue pésima. El frío, terrible. Nos despertaban tres veces durante la madrugada, a gritos, como si fuese una prisión. Estuvimos cuatro noches. Se llevaron a mi cuñado, no sabía si lo deportaban. No te dicen nada ni dan tiempo de despedirse. Una vez que uno sale de ahí la cosa es distinta. Y salimos juntos porque podíamos invocar la reunificación familiar".

Adrián o Carlos ha comenzado a trabajar. Su "sueño americano" es pequeño en cierto sentido. "El tema de conversación de todos los que migran es cuánto debían. Hay que pagar el dinero gastado que nos ofreció un padre, un tío, un amigo, o varios, como fue mi caso. El gasto total de mi familia fue de 58.300 dólares. A eso hay que sumarle los 19.200 dólares que sacamos de Cuba donde vendimos hasta la ropa y los teléfonos. Llegamos a EEUU con esa carga y la responsabilidad de devolver los dólares. Podría haber sido peor. Hay personas a las que le pillaron todo el dinero por el camino por no pactar una protección de los coyotes. Algunos han estado al borde de la muerte. A uno que conocí, le decían el superviviente por todo lo que había pasado. Podría contarte su historia. En muchos aspectos, parecida a la nuestra. En otras, no. Algún día la escribiré”.