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"Trabajar debería servir para algo más que sobrevivir"

Archivo - Dos personas observan los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria, a 16 de abril de 2024, en Palma de Mallorca.

Archivo - Dos personas observan los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria, a 16 de abril de 2024, en Palma de Mallorca. / Tomàs Moyà - Europa Press - Archivo

Nos dijeron que tener trabajo era la puerta de entrada a una vida estable. Que estudiar, formarse y encontrar un empleo permitiría pagar un alquiler, ahorrar, comprar una casa y, con suerte, construir una vida. Pero cada vez cuesta más reconocer esa promesa en la realidad. En Mallorca, trabajar no significa necesariamente poder vivir. El alquiler se lleva una parte cada vez mayor de los salarios y comprar una vivienda parece, para muchos trabajadores, algo reservado a quienes cuentan con una ayuda económica detrás. Y mientras tanto, seguimos escuchando que hay que ser productivos, formarnos, trabajar más y adaptarnos.

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Pero hay otro coste del que hablamos menos: el de poder soportar nuestra propia vivienda. El calor también es una cuestión de clase. No se vive igual una ola de calor en una vivienda bien aislada, con aire acondicionado y espacio suficiente, que en un piso pequeño, donde abrir las ventanas apenas sirve y encender el aire durante horas implica pensar en la próxima factura de la luz.

Y esto no es solamente una cuestión de comodidad. Es descanso, salud y calidad de vida. Quizá el problema no sea únicamente que Mallorca se haya vuelto cara. Es que empieza a ser difícil sostener una vida digna trabajando en ella. Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando las personas que trabajan, pagan impuestos y sostienen los servicios de una isla ya no pueden permitirse vivir en ella?

No quiero marcharme de Mallorca. Quiero poder permitirme quedarme. Porque trabajar debería servir para algo más que sobrevivir.

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