"PISA i el paper de l'escola"
Sebastián Romero Vilanova del Camí
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Dos adolescentes leen libros en la biblioteca de Poblenou Manuel Arranz. / RICARD CUGAT
Màrius Folch
A veces, tengo la sensación de que, cuando se habla de educación desde fuera de las aulas se parte de una idea injusta: que los profesores todavía no hemos probado lo suficiente. Como si nadie hubiera pensado antes en hacer leer a nuestros alumnos; como si durante años no hubiéramos cambiado lecturas, preparado actividades, creado bibliotecas de aula, organizado debates o buscado historias capaces de despertar su interés.
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Y precisamente por eso sabemos que obligar a leer no significa conseguir que alguien lea y, mucho menos, que disfrute haciéndolo. Hoy en día, un alumno puede tener una novela obligatoria y presentarse al examen sin haber pasado de la primera página porque tiene resúmenes en internet, vídeos y una inteligencia artificial capaz de resumir una obra, explicarle los personajes e incluso anticipar posibles preguntas de examen.
Si la solución fuera simplemente imponer lecturas, probablemente quienes entramos cada día en un aula ya habríamos solucionado el problema. Y aquí aparece una cuestión que también merece reflexión. La trayectoria académica oficial de Esther Niubó es extensa. Sin embargo, su perfil oficial no recoge estudios de Magisterio ni el Máster de Formación del Profesorado, y la trayectoria profesional publicada por la Generalitat tampoco incluye experiencia como docente de Primaria o Secundaria.
Eso no impide dirigir una política educativa, pero sí invita a preguntarse algo: ¿hasta qué punto se escucha a quienes están dentro de las aulas antes de decidir qué necesitan esas aulas? Porque nosotros también queremos que nuestros alumnos lean. Somos los primeros que sufrimos cuando no comprenden un texto, no consiguen mantener la atención o tienen dificultades para escribir y argumentar. Y llevamos años buscando soluciones.
Quizá el debate no debería centrarse únicamente en libros obligatorios sino en cómo conseguimos que quieran abrirlos, porque mientras no entendamos esa diferencia, seguiremos confundiendo hacer leer con crear lectores.
Participaciones de loslectores
Sebastián Romero Vilanova del Camí
Hugo Modesto Izurdiaga Ciudad Madero, Buenos Aires (Argentina)
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