Primer pacto con el Gobierno

La ventana de oportunidad de Casado

  • Una consulta oficiosa a diputados y dirigentes territoriales del PP retrata a un líder que ahora ha cambiado de actitud, pero no dudará en volver a una oposición "con muchos decibelios" por Vox

Pablo Casado, el pasado 15 de octubre, en una misa en Ávila.

Pablo Casado, el pasado 15 de octubre, en una misa en Ávila. / Raúl Sanchidrián / Efe

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Pilar Santos
Pilar Santos

Periodista

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Ocho días después de escenificar el acercamiento, el Gobierno y el PP anunciaron el jueves la renovación de cuatro órganos que se habían ido acumulando con el mandato caducado. El Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, el Defensor del Pueblo y la Agencia de Protección de Datos tendrán nuevos miembros a partir de mediados de noviembre, cuando se hayan completado todos los procesos y se hayan aprobado los nombramientos. A Pedro Sánchez y Pablo Casado les falta, no obstante, la institución fundamental, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que el 4 de diciembre hará tres años que debería haberse actualizado, una efeméride que se convertirá en el martillo pilón para los dos políticos en las próximas semanas.  

Un barón cree que debe hacer "cambios en la dirección" para rodearse de "más escuderos reconocibles para la ciudadanía"

De manera sorpresiva, los obstáculos que el principal partido de la oposición había ido arguyendo durante años desaparecieron. ¿Por qué ahora? La respuesta de un portavoz del líder del PP es que él “siempre ha aceptado renovar los órganos, incluido el CGPJ”. Pero esa afirmación no corresponde a lo escuchado al propio líder conservador: rechazaba negociar con el Gobierno porque era “ilegítimo”, porque Unidas Podemos formaba parte de la coalición, porque había indultado a los líderes del ‘procés’, porque algunos de sus ministros criticaban a Juan Carlos I...  

La respuesta oficiosa que dan miembros de su propio equipo para explicarlo es que Casado “necesitaba mostrar que también sabe pactar”, que no es un "antisistema" y que el PP “es un partido de Estado”. “Ha tenido una ventana de oportunidad y la ha aprovechado”, explica visualmente otro de sus colaboradores, que como el resto pide hablar sin ser citado. Y señala como motivaciones la buena evolución en las encuestas a lo largo del año (aunque más abajo se leerá que ya hay frenazo) y la superación de la convención nacional “con nota” (pese a algunos traspiés).

Un líder autonómico que no gobierna apunta un dato que considera que ha animado a su jefe a lanzarse a este acercamiento al Gobierno: Vox arrasó en febrero en Catalunya (11 escaños a 3) sin poder echarles en cara ningún pacto. Además, añade, no hay elecciones a la vista. "Al menos, todavía", avisa. Esto merece un apunte porque también es un interrogante en el calendario de Casado: Alfonso Fernández Mañueco (PP), presidente de Castilla y León, corre el riesgo de que el PSOE, a partir del 10 de marzo, le presente otra moción de censura porque habrá pasado un año de la anterior. Si quisiera evitarlo, debería disolver las Cortes antes y convocar elecciones.

Obligado a llegar a un espectro amplio

A falta de que el PP y el Ejecutivo alcancen un acuerdo para el Poder Judicial, ¿supone el pacto ya cerrado que hay un antes y un después para el liderazgo de Casado? La respuesta oficial es que él siempre es el mismo. Pero es una obviedad que el Casado moderado de la moción de Vox no tiene nada que ver con el que, por ejemplo, va a Bruselas y pone en duda la limpieza del Gobierno para gestionar los fondos europeos.

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Si se plantea la cuestión en el grupo parlamentario, las respuestas son tan variadas que llama la atención. “Lo único que ha hecho estos días, al no entrar con lo de Otegi, es ralentizar el discurso para que no contrastara tanto con el pacto. Pero Casado está atrapado por Vox y volverá a alzar la voz cuando lo vea necesario”, comenta un diputado. Otro revela que en la sede ha sonado la alarma. “Si se hace una media de los diez últimos sondeos publicados, hemos dejado de crecer porque empieza a disiparse el ‘efecto Ayuso’. Bajamos más de un punto”, explica. 

Un barón con mando en plaza pide "no hacerse ilusiones" con "el cambio" de Casado e incide en su necesidad de alcanzar a todos los votantes "a la derecha del PSOE" y combinar el "traje de hombre de Estado" con otro de "oposición con muchos decibelios". Y para seguir avanzando en su particular "travesía del desierto", opina que Casado debe hacer "cambios en la dirección del partido" para rodearse de "más escuderos reconocibles para la ciudadanía, que no sea solo el secretario general [Teodoro García Egea]".