27 feb 2020

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EL AÑO QUE VIENE

2020, la gran batalla JxCat-ERC

La inhabilitación de Torra desatará la pugna en las urnas por la hegemonía entre las dos almas independentistas

El futuro judicial del 'procés' pasará por Trapero y el lío de la inmunidad, pero también por el 'caso Borràs'

Jose Rico

El ’president’, Quim Torra, durante la ofrenda a Francesc Macià, el pasado 25 de diciembre en el cementerio de Montjuïc

El ’president’, Quim Torra, durante la ofrenda a Francesc Macià, el pasado 25 de diciembre en el cementerio de Montjuïc / RICARD CUGAT

"Este año que comienza debe ser el año de decirnos la verdad". La apelación de Quim Torra en su última alocución del 2019 parecía ser una declaración de intenciones de lo que le espera al independentismo en este recién nacido 2020. El año en que el 'procés' soplará ya ocho velas dirimirá la gran batalla entre los socios del Govern. Una más, cabría matizar a tenor de lo que se llevan diciendo hace tiempo. Pero pocos dudan ya de que antes de 12 meses habrá unas elecciones autonómicas que se convertirán en una lucha entre las dos almas independentistas: la frentista que blande JxCat y la neopragmática a la que se ha anclado ERC.

La primera decisión del 2020 de los republicanos podría consumar este jueves dos años y pico de viraje estratégico en el partido que en el convulso octubre del 2017 amagó con abandonar el Govern si Carles Puigdemont convocaba elecciones y renunciaba a la DUI –aquel día de las "155 monedas de plata"–. ERC ha dejado ahora el camino allanado para investir a un presidente del Gobierno español con la baza de haber obtenido a cambio un foro de diálogo bilateral cuyos frutos sean votados por los catalanes. Solo son, por ahora, palabras, pero que Esquerra puede contraponer a la exigua cosecha de Torra y JxCat con la 'vía Puigdemont'.

Árnica europea

La guerra de nervios y presiones cruzadas entre dos formaciones envalentonadas por el árnica que les ha brindado la justicia europea a sus dos líderes irá sumando octanos con cada sinuosidad política o judicial. Las habrá a no mucho tardar. El 'president' está pendiente de inhabilitación por el Tribunal Supremo en semanas o meses... salvo que la Junta Electoral Central sacuda el tablero este viernes adelantándose a los tiempos judiciales y, como réplica del seísmo, haciendo tambalear la alianza de Esquerra con el PSOE.

De ratificarse el cese de Torra, la llave del Palau de la Generalitat pasaría a manos de la persona a quien Oriol Junqueras ha ungido desde prisión como sucesor, Pere Aragonès, cuyo protagonismo tras el golpe de efecto presupuestario con los 'comuns' inquieta de tal forma a JxCat que los movimientos activados para intentar relegarle podrían hacer estallar el Consell Executiu antes incluso de la inhabilitación.

La inmunidad y el DNI

Torra podría disimular su caída convocando elecciones antes de que le aparten, pero la telaraña en la que sigue embrollada la posconvergencia desaconseja este escenario si no está asegurada la candidatura de Puigdemont, cuya inmunidad se podría extinguir antes de 365 días y afectar, así, a la petición de entrega que Bélgica resolverá el 3 de febreroel día que le caduca el DNI.

La opción de votar a otro 'president' de JxCat para seguir tirando con la achacosa relación entre socios hasta el 2021 no debe descartarse, pero suena compleja. Recaería sobre ERC la presión posconvergente de dar respiración asistida a la legislatura o ser la responsable del adelanto electoral, pero para que esta táctica cuajase faltaría que la CUP o los 'comuns' estuviesen dispuestos a ejercer de muleta, y por el momento no están por la labor.

Más frente judicial

Al lodazal político habrá que sumar un buen número de nuevos latigazos judiciales a varios tentáculos del 1-O que se sentarán en el banquillo: Josep Lluís Trapero, la Mesa del Parlament, la sindicatura electoral, la logística y el coste de la consulta y los CDR. Pero también pronto veremos a los primeros condenados salir de permiso de la cárcel. Un magma que pondrá a prueba la reacción de la tercera alma independentista, la que encendió las calles tras el fallo de octubre con disturbios inéditos en un movimiento caracterizado hasta entonces por su extremo civismo.

Y aunque nada tenga que ver con él, raro será que el 'procés' no le sirva a Laura Borràs como pretexto cuando le toque rendir cuentas con la justicia por la supuesta adjudicación a un amigo de 18 contratos por un montante de 259.863 euros. Sí, la corrupción seguirá ahí en el 2020.