Gastronomía Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El ejemplo de Nandu Jubany

Durante el despiadado confinamiento, supo conectar con miles y miles de cocinitas que se preguntaban cada mediodía cuál sería su receta en Instagram

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Nandu Jubany, que celebra 20 años de Can Jubany, en la cocina.

Nandu Jubany, que celebra 20 años de Can Jubany, en la cocina. / MÒNICA TUDELA

Hace unos días acudí al PUR, restaurante del cocinero Nandu Jubany, el más arrebatador y con más oficio de este país. Presentaba 'Receptes per compartir amb família', un libro que surgió del confinamiento en el que Nandu no supo ni pudo estar parado y arrastró a toda su familia y colaboradores a emitir casi todos los días un 'directo' en Instagram, mientras él cocinaba recetas caseras que hicieron que miles de 'followers' le siguieran como apóstoles por las redes. El infatigable Nandu supo conectar con miles y miles de cocinitas que se preguntaban cada mediodía cuál sería la receta de Jubany. Hoy en día ya es difícil que un cocinero sorprenda en los medios. En televisión, cada temporada aparecen viejos y nuevos conocidos que nos cocinan mil platos. Sin embargo, fue en las redes que de repente apareció un cocinero que irradiaba buen humor, alegría y un entusiasmo que te atrapaba; se viralizó, y se puso en trescientos mil seguidores.  

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Hay gente que, en la adversidad, encuentra la mejor manera para crear, emprender un proyecto que le dé sentido a un confinamiento despiadado como el que hemos padecido. Jubany lo dice muy bien en el prólogo: “Cuando la vida se nos complica y nos lleva hacia un terreno tan desconocido como el que hemos tenido, nadie reacciona del mismo modo, hay quien no encuentra la salida, hay quien espera que alguien le diga lo que ha de hacer, y luego están los que tenemos claro que debemos reaccionar rápido y evitar caer por el precipicio”. Un ejemplo de superación que contrasta con la noticia de algunos restauradores que andan desesperados al no encontrar a nadie que quiera ser camarero para trabajar en su restaurante, ojo, en un país de más tres millones de parados. Leo que varios propietarios se quejan del poco interés que, después de la pandemia, genera esta profesión tan sacrificada. Hay quien lo atribuye a que hay pocas ganas de trabajar duro y ningún interés en aprender, y que existe mayor predilección por el erte que por aprender un oficio sacrificado, pero que hecho con dedicación puede ser muy bonito. Eso sí, sin ganas es un trabajo imposible. Nos hacen falta muchos 'Jubany' para alcanzar la excelencia para que una sociedad pueda renacer de un período que a algunos les ha sumido en la inoperancia.

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