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La mala memoria

Cuando Aznar pasó a ocupar el despacho presidencial de Génova 13, se distribuyeron sobresueldos de hasta 60.000 euros, que algunos beneficiarios han admitido, aunque la cúpula no lo recuerde

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Declaración de José María Aznar en el juicio por la caja b del PP.

Declaración de José María Aznar en el juicio por la caja b del PP.

“Falso de toda falsedad es una expresión válida en español. Aunque constituye un pleonasmo, es una fórmula procedente de la tradición hebrea, donde se empleaban este tipo de expresiones redundantes para insistir en un determinado concepto”.

Así respondía la Real Academia Española, vía Twitter, la consulta de una ciudadana a quien el modismo le parecía una contradicción. Dudaba de si la redundancia sobre la mentira podía ser una verdad. Probablemente le confundía que algunas veces, no siempre, dos negaciones afirman. No era el caso. 

“Falso de toda falsedad” fue una de las respuestas tajantes que Mariano Rajoy dio al tribunal que el miércoles le interrogó como testigo en el juicio sobre la caja b del PP. Una situación convertida en acusación hacia su persona por parte de Luis Bárcenas, que había insistido que fue el entonces líder popular quien destruyó en la máquina trituradora de papeles de su despacho la documentación que acreditaba la doble contabilidad, mientras el extesorero se guardaba una copia comprometedora. Escena que Rajoy definió de “delirante”. Lo hacía desde su casa y sin mascarilla. 

Su predecesor en los cargos, en cambio, apareció también desde el despacho de su domicilio, pero con antifaz porque cumplía, dijo, con las recomendaciones de salud. Y así fue como quien había retado años antes a la autoridad de tráfico diciendo que nadie era quién para decirle cuántas copas de vino podía beber antes de conducir, ahora se presentaba sumiso a la normativa sanitaria a pesar de intervenir desde la soledad más estricta de su propia burbuja. 

José María Aznar contestó en el juicio por la caja b del PP desde su altivez y prepotencia habituales para negar la mayor


José María Aznar López (Madrid, 25 febrero, 1953) contestó desde su altivez y prepotencia habituales por la misma causa. “No tengo ni la más remota idea” fue su muletilla entre intentos de identificar a los abogados que le preguntaban como si fueran enemigos enmascarados. Tan combativo estuvo, que el magistrado le llamó al orden. Y todo para negar la mayor como habían hecho los exsecretarios generales de aquellos dudosos 18 años. Desde 1990 que fue cuando, casualmente, Aznar pasó a ocupar el despacho presidencial de Génova 13. Un tiempo en el que se distribuyeron sobresueldos de hasta 60.000 euros que algunos beneficiarios han admitido, aunque la cúpula de aquella época no lo recuerde porque la memoria es frágil y las cuentas de los tesoreros eran problema de los tesoreros. 

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No importa que existan dos sentencias (Audiencia Nacional 2018 y Supremo 2020) que den por hecho que había una caja b. Da lo mismo que algunos de los condenados por la causa madre de la Gürtel desfilaran con frac por el Escorial en la boda de la hija porque, según dijo después, iban de parte del novio. Es irrelevante que el expresidente faltara a la verdad sobre los atentados de Atocha y que se sumara con interés a propagar la mentira de las armas de destrucción masiva en manos de Sadam Hussein reflejada en la foto de las Azores. Archipiélago, por cierto, que sugirió él mismo como lugar de la cumbre con Blair y Bush ya que este la pretendía en las Bermudas. Paraíso inapropiado para el entonces jefe de Gobierno español porque tal nombre, aquí, “va asociado a una prenda de vestir que no era la más adecuada para la gravedad del momento”. Lo escribió en uno de sus libros. Y se quedó tan ancho.