23 feb 2020

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EN CLAVE EUROPEA

Merkel y Orbán, durante la rueda de prensa.

EFE EPA / SZILARD KOSZTICSAK

El reto ultra en la UE 'posbrexit'

Eliseo Oliveras

La pasividad ante el grave retroceso democrático de Hungría y Polonia alimenta las otras fuerzas de extrema derecha

Los partidos de ultraderecha que participan en gobiernos o los condicionan están dejando su huella legislativa en Europa

Uno de los retos políticos internos más importantes de la Unión Europea (UE) 'posbrexit' será evitar que la voluntad de preservar la unidad no conduzca a la tolerancia y a la consolidación de los graves retrocesos democráticos existentes en algunos de sus estados miembros. El Parlamento Europeo aprobó en enero una resolución que criticaba con dureza a la Comisión Europea y al Consejo de la UE por mostrarse muy pasivos ante la grave y persistente violación de los principios democráticos en Hungría y Polonia.

Los mayores retrocesos democráticos se han producido en Hungría y Polonia, porque los partidos gobernantes disponen de una mayoría parlamentaria para legislar a su antojo. En el caso de Fidesz, del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha sido suficiente para modificar varias veces la Constitución a su medida y reformar las leyes y los distritos electorales para bloquear una victoria de la oposición. Pese a no disponer de la mayoría parlamentaria, la extrema derecha que ha participado o condicionado los gobiernos de Italia, Austria, Dinamarca, Finlandia, Estonia, Eslovaquia y Bulgaria también ha dejado su huella en la legislación y las decisiones gubernamentales, al igual que ocurre en España en los gobiernos regionales sostenidos por Vox.

El cordón sanitario a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se ha roto en el estado de Turingia, cuando el 5 de febrero los democristianos (CDU) de la cancillera alemana, Angela Merkel, y los liberales (FDP) se aliaron con AfD para impedir un gobierno de izquierdas. Esto muestra que la predisposición de los conservadores a apoyarse en la extrema derecha para lograr el poder se ha extendido también a Alemania.   

Elecciones sin democracia

El historiador británico Timothy Garton Ash ya señaló en octubre que Hungría había dejado de ser una democracia, ni siquiera “iliberal”, y se había convertido en un régimen autoritario, del modelo de “autoritarismo competitivo”. Este término fue acuñado por los politólogos Steven Levitsky y Lucan A. Way en el 2002 para definir los regímenes con elecciones pero sin democracia en su ensayo 'El Auge del Autoritarismo Competitivo'.

Pese a ello, la asamblea del Partido Popular Europeo (PPE) acordó el 3 de febrero aplazar hasta el año que viene un eventual debate sobre la expulsión de Fidesz, limitándose a prolongar la suspensión de su participación en los órganos del PPE, lo que no impide a Fidesz seguir siendo un miembro activo dentro del grupo popular del Parlamento Europeo. Las delegaciones española, italiana, austriaca, francesa y bávara se oponen frontalmente a la expulsión de Fidesz y los democristianos alemanes de la CDU se muestran reticentes. La mayoría prefiere conservar a Fidesz dentro del grupo popular para no debilitar su menguada fuerza parlamentaria.

Al día siguiente de haber evitado su expulsión del PPE, Orbán participó en Roma en una conferencia ultraderechista internacional bajo el lema 'Conservadurismo Nacional' al lado de la líder del partido posfascista Hermanos de Italia, Georgia Meloni; de la 'delfín' de la extrema derecha francesa, Marion Maréchal-Le Pen; del líder ultra español, Santiago Abascal; de la nueva figura ascendente de la ultraderecha holandesa, Thierry Baudet, y del dirigente del partido polaco Ley y Justicia (PiS), Ryszard Legutko. Orbán expresó su deseo de que los populares admitan en el futuro a Vox y otros partidos de extrema derecha para lograr mayorías gubernamentales.

Nueva ley controvertida

La Comisión Europea abrió en el 2017 un expediente a Polonia por violar los principios democráticos por sus reformas judiciales, aunque no por otros retrocesos, como el acoso judicial y económico a la prensa crítica, detallados por un informe del Instituto Reuters. En el caso húngaro, como Orbán pertenece al mismo PPE que dirige la Comisión Europea, el expediente sólo se abrió por iniciativa del Parlamento Europeo en el 2018. Pero eso no ha frenado a Polonia, ni a Hungría. El presidente polaco, Andrzej Duda, ha firmado esta semana la controvertida nueva ley que prohíbe a los jueces cuestionar las decisiones gubernamentales. Como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sólo consiguió su nombramiento en el Parlamento Europeo gracias a los votos de PiS y de Fidesz, mantiene una actitud contemporizadora con ambos.

La impunidad de Hungría y Polonia alimenta a otras fuerzas ultraderechistas para quienes Orbán es un modelo y cuyas expectativas de voto siguen creciendo. Los sondeos auguran el 42% del voto para las dos fuerzas ultras de Italia (La Liga 31% y Hermanos de Italia 11%). Al mismo tiempo, otros miembros del PPE adoptan posiciones cada vez más ultras, como el Partido Democrático Esloveno (SDS), favorito en las elecciones anticipadas de junio.