11 ago 2020

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Alemania rompe el cordón sanitario a la ultraderecha

La CDU de Merkel y la ultraderecha de AfD votan conjuntamente a favor de un candidato del minoritario partido liberal para hacerlo primer ministro de Turingia

Andreu Jerez

Thomas Kemmerich, nuevo presidente de Turingia.

Thomas Kemmerich, nuevo presidente de Turingia. / AFP / Jens Schlueter

Golpe de efecto en la política germana y al cordón sanitario a la ultraderecha en Alemania. El Parlamento regional de Turingia eligió este miércoles por sorpresa a Thomas Kemmerich primer ministro de ese estado federado. El político de los liberal-conservadores del FDP, que obtuvo el 5% de los votos en las elecciones regionales del pasado octubre, contó con el apoyo de todos los diputados de la CDU (el partido de Angela Merkel), de la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) y de su propia formación.

Es la primera vez que los conservadores de la CDU y los ultras de AfD votan conjuntamente a favor de un candidato a presidir un estado federado, lo que supone una clara ruptura de las líneas rojas establecidas por los partidos tradicionales, o como se dice en alemán, un 'Tabubruch' (la ruptura de un tabú).

El favorito para convertirse en primer ministro de Turingia era Bodo Ramelow, líder de La Izquierda en Turingia y hasta hace tan sólo pocas horas jefe de gobierno del estado federado germanooriental. Ramelow ganó las últimas elecciones regionales con el 31% de los votos, un resultado insuficiente para gobernar en solitario. Los comicios de Turingia dejaron un Parlamento muy fragmentado (seis fracciones), lo que ha complicado muchísimo la aritmética parlamentaria para formar gobierno.

Sorpresa en la tercera votación

Pese a no contar con la mayoría suficiente, Ramelow presentó su candidatura este miércoles para mantenerse como jefe de gobierno en Turingia. Su partido incluso había firmado un pacto de coalición con los socialdemócratas del SPD y Los Verdes con la esperanza de que la CDU o el FDP se abstuviera en la votación y poder así formar un gobierno en minoría.

El líder de La Izquierda no consiguió los apoyos suficientes ni en la primera ni en la segunda votación. En la tercera, cuando se esperaba que Ramelow lo consiguiera, saltó la sorpresa: la Cámara elegía al candidato del FDP,  Thomas Kemmerich, cuyo partido alcanzó a duras penas el 5% de los votos en las últimas elecciones, la barrera electoral que permite acceder al Parlamento regional.

Kemmerich obtuvo 45 votos frente a los 44 de Bodo Ramelow. La sorpresa en el Parlamento de Turingia fue tan mayúscula que hasta el ganador de la votación parecía fuera de juego. Es la primera vez en la historia de la República Federal que un primer ministro es elegido con los votos de un partido ultraderechista como AfD, que en Turingia está encabezado además por Björn Höcke, el líder del ala más radical del partido ultra, cuyas posiciones y dialéctica rayan con el neonazismo.

Difícil gobernabilidad

Lo que hace unos meses eran tan sólo grietas en el llamado cordón sanitario –algunas voces democristianas de Turingia habían pedido explorar una coalición con la ultraderecha en contra de las directrices de la cúpula de la CDU–,  se convierte así en una seria brecha en el veto que los partidos tradicionales a AfD. Queda por ver cómo gobernará Kemmerich: su partido sólo cuenta con cinco diputados en el Parlamento regional, en el que La Izquierda, con 29 escaños, y AfD, con 22, son las dos mayores bancadas.

Teniendo en cuenta que los partidos de izquierda difícilmente apoyarán las propuestas legislativas del nuevo primer ministro regional, cuesta imaginar que Kemmerich prescinda del apoyo de la ultraderecha, tal y como aseguró en su primera comparecencia como jefe de Gobierno. “Yo soy un político anti-AfD”, dijo Kemmerich este mismo miércoles.

La Gran Coalición, de nuevo a prueba

“La elección de hoy, con los votos de AfD, no es garantía alguna para un Gobierno estable ni tampoco de centro. No puede haber ningún Gobierno con el apoyo de la CDU debido a los votos de AfD. Lo mejor para Turingia es que haya nuevas elecciones”. Esta fue la fulminante reacción de Paul Zemiak, secretario general de la CDU. La cúpula de la CDU en Berlín se distanciaba así claramente de la decisión de su federación en Turingia.

El voto de ayer, a pesar de ser política regional, tiene una clara proyección a nivel federal. Las redes sociales, y en especial Twitter, se convirtieron en un campo de batalla en el que líderes de la mayoría de los partidos criticaban abiertamente la decisión tomada por la CDU en el pequeño estado federado de algo más de dos millones de habitantes.

La reacción del SPD no se hizo esperar. “Los presidentes de la CDU y de FDP también tienen una responsabilidad en lo ocurrido”, escribía en su cuenta de Twitter Saskia Esken, copresidenta federal de los socialdemócratas. Esken, del ala izquierda socialdemócrata, advirtió a su socio de gobierno que su partido tiene “cuestiones urgentes” que aclarar dentro del Ejecutivo federal. La Gran Coalición (CDU-CSU y SPD) gobernante en Berlín se enfrenta a una nueva crisis que pondrá otra vez a prueba el último ejecutivo de la cancillera Merkel.