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EN CLAVE EUROPEA

Ursula von der Leyen durante su discurso en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo.

JEAN-FRANÇOIS BADIAS (AP)

La nueva Comisión Europea nace débil

Eliseo Oliveras

El voto de los partidos de los gobiernos autoritarios de Hungría y Polonia permitió a Von der Leyen alcanzar la mayoría requerida

El ajustado resultado y el peaje para lograr la aprobación parlamentaria limitarán la labor del Ejecutivo comunitario

La nueva Comisión Europea nace débil tras la ajustada aprobación de su presidenta, Ursula von der Leyen, por el Parlamento Europeo esta semana. La alemana Von der Leyen obtuvo 383 votos, sólo 9 por encima de la mayoría absoluta requerida. Es el peor resultado desde que el nombramiento del presidente del Ejecutivo comunitario se somete al voto de los eurodiputados. Von der Leyen intentó vencer la hostilidad de los eurodiputados ofreciendo la dimisión anticipada del criticado secretario general de la Comisión Europea, el democristiano alemán Martin Selmayr, apodado en medios comunitarios como Voldemort o el Monstruo del Berlaymont. También ofreció al Parlamento Europeo el derecho de iniciativa legislativa encubierto, comprometiéndose a elaborar los proyectos que los eurodiputados propusieran por mayoría absoluta, y prometió consolidar de cara al futuro el sistema de candidatos principales (spitzencandidaten) para designar al presidente de la Comisión Europea, que en el caso actual no se había respetado.

Pese a que el voto fue secreto, el anuncio desde las filas euroescépticas del voto a favor de Von der Leyen de los 26 diputados del polaco Ley y Justicia (PiS) y de los 14 diputados del italiano Movimiento 5 Estrellas evidencia que obtuvo muchos menos votos de los esperados de populares, socialistas y liberales (433 escaños). Esto indica que de los partidos proeuropeos, la mitad de los socialistas no respaldó a Von der Leyen, al igual que la totalidad de los Verdes e Izquierda Unitaria, así como un sector de los liberales y los populares.

Negociaciones complicadas

El ajustado voto anticipa una complicada negociación sobre el reparto de carteras de los comisarios, un duro escrutinio de los comisarios por los eurodiputados y una nueva votación parlamentaria nada fácil para aprobar la nueva Comisión Europea en octubre. El ajustado voto augura además que en esta legislatura cada voto contará, que serán necesarios complejos pactos entre los grupos políticos para sumar mayorías parlamentarias ad hoc en cada ocasión y que las negociaciones entre el Parlamento y el Consejo de Ministros europeo sobre la nueva legislación serán aún más difíciles que ahora.  

Una realidad que trata de soslayarse y que condicionará el mandato de la nueva Comisión Europea es que Von der Leyen consiguió alcanzar la mayoría absoluta gracias a los 39 votos de los eurodiputados de los partidos de los gobiernos autoritarios de Polonia (PiS) y Hungría (Fidesz). Ambos se encuentran bajo el procedimiento del artículo 7 del Tratado de la UE por no respetar los principios democráticos, aunque la Comisión Europea sólo ha adoptado medidas contra Polonia por la independencia judicial, pero no por las restricciones a la prensa o a las libertades. Hungría aun no se ha visto afectada por ninguna medida de la Comisión Europea, pese a que desde el 2010 ha desmantelado los pilares de la democracia. El partido Fidesz del primer ministro húngaro, Viktor Orban, actúa como una fuerza ultraderechista, pero el Partido Popular Europeo se resiste a expulsarlo.

Para garantizar la aprobación de Von der Leyen tuvo que intervenir la cancillera alemana, Angela Merkel, que el 16 de junio telefoneó al primer ministro polaco, Mateusz Morawieck, y al líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, para pedirles el voto a favor de la candidata alemana. El Gobierno polaco había decidido la víspera votar contra ella después de que los principales grupos parlamentarios impidieran a la anterior primera ministra polaca, Beata Szydlo, presidir la comisión parlamentaria de empleo.

Morawieck se apresuró a destacar en televisión que los 26 votos del PiS habían sido “decisivos” para el nombramiento de Von der Leyen y que esperaba que eso se reflejara en unas relaciones más amistosas de la Comisión Europea hacia Polonia. El Gobierno húngaro también reclamó de inmediato un trato favorable para el país como contrapartida a su respaldo.

Suave con Polonia y Hungría

Esto dificultará el cumplimiento de las promesas de Von der Leyen de hacer respetar los principios democráticos en los países de la UE y de aplicar el nuevo mecanismo de supervisión anual del Estado de Derecho, adoptado esta semana por la Comisión Europea. De momento, en sus primeras declaraciones, Von der Leyen se ha mostrado suave con Polonia y Hungría y comprensiva con los países que rechazan aceptar inmigrantes y refugiados.

Las otras propuestas de Von der Leyen -acelerar la lucha contra el cambio climático, establecer un salario mínimo y crear un mecanismo europeo de reaseguro de paro- también tropiezan con la hostilidad de un amplio número de países. Hasta algo tan simple como conseguir la paridad hombre-mujer en la nueva Comisión Europea no avanza por la falta de colaboración de los gobiernos.