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LA CLAVE

Carles Puigdemont y Artur Mas.

El baile de Mas y Puigdemont

Luis Mauri

Dos años después del otoño perturbado, el principal frente político del independentismo lo confronta consigo mismo

Dos años después del otoño perturbado, el primer y más perentorio frente político del nacionalismo catalán no es el combate con el Estado ni la disputa con la mitad no independentista de Catalunya. El frente principal encara al nacionalismo consigo mismo en varias partidas simultáneas. Una, la pugna entre la fascinación por el abismo y el realismo gradualista. Dos, el desafío entre Puigdemont y su partido, el PDECat. Tres, la larga guerra entre ERC y los rescoldos de Convergència por la hegemonía en el campo independentista. Esta última contienda contiene en sí misma y explica en buena parte las dos anteriores.

Las oscilaciones del sismógrafo posconvergente cobran nervio a medida que avanza la cuenta atrás de Puigdemont. 98, 97, 96… La apuesta fundamentalista del 'expresident', íntimamente ligada a su circunstancia particular, preso en la jaula de cristal de Waterloo, está tasada ya. Su valor es este: menos de la mitad de los votos que cosechó ERC en las generales de abril y apenas el 65% en las municipales de mayo. En ambos casos, en torno al medio millón de votantes. ¡Convergència, quién te vio!

Víctimas de Puigdemont

Las víctimas internas de Puigdemont, purgadas a lo largo del último año, y los críticos con el rigorismo que emana de Waterloo se organizan y ganan influencia. 96, 95, 94… Alguno de ellos coquetea con la escisión, pero esta no es la opción más probable. No cuadra con el ADN convergente, pactista hasta aquel otoño perturbado. Además, tendría un coste político mayúsculo, desleída en una sopa de siglas minoritarias de reciente cocción.

Artur Mas ha reentrado en escena. Media e intenta un arreglo entre ambos sectores. Algunos quieren ver en Mas el líder de una nueva época, pero el sucesor de Pujol carga con un lastre muy fatigoso. Él fue quien dio el volantazo independentista que condujo a la decadencia convergente. Con él al frente, quebró CiU, desapareció CDC y la presidencia de la Generalitat fue rendida a la CUP. Y todavía debe afrontar los temblores que causen los juicios del 3%. No es un currículo brillante. Pero le brinda una motivación excepcional para propiciar un arreglo bajo otro liderazgo. El acicate de Mas es intransferible, inalienable: rehabilitar su maltrecho historial. 94, 93, 92…